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Pensar la identidad

Publicada el 15/12/2019 a las 06:00
La palabra identidad nos acerca al hecho de ser y, por lo tanto, a las características que nos definen, nos identifican o nos distinguen de los demás. También alude a la conciencia que cada persona o colectividad elabora de sí misma. No es lo mismo el ser que la conciencia del ser.

Esas reflexiones no me las despierta la actualidad española o mundial tan preocupada por los debates de sesgo nacionalista, sino mis muchos años dedicado al estudio de la literatura del exilio. Son inseparables de esta cuestión humana las palabras de Rafael Alberti, María Teresa León, Francisco Ayala, María Zambrano, Luis Cernuda, Concha Méndez, Max Aub o Adolfo Sánchez Vázquez. La experiencia del exilio es inseparable de una meditación sobre la identidad.

En tiempos de crisis, toda palabra en la que merece la pena detenerse supone, más que un consuelo, una invitación al conflicto. En un memorable artículo de 1949, ¿Para quién escribimos nosotros?, Francisco Ayala acababa identificando al exiliado con la realidad global de los seres humanos en el siglo XX. Después de analizar la dolorosa realidad política del exilio, la separación de una tierra propia y las dificultades al abrirse camino en el país de acogida, concluía que un exiliado es la expresión última de una forma de vida moderna que ha diluido las raíces y las tradiciones sociales en una unificación tecnológica del mundo.

El sentido de pertenencia a una sociedad es imprescindible para un deseo de convivir de manera solidaria. La libertad real, más allá de la ley del más fuerte defendida por los neoliberales, es inseparable de la voluntad de igualdad, y esa voluntad sólo se legitima en la fraternidad que nace del sentido de pertenencia a una sociedad. Los procesos de abstracción absoluta provocan el ser indiferente. Podemos hablar del vecino del quinto que no sabe el nombre de la anciana que muere de hambre en la soledad del segundo izquierda o del paseante acostumbrado a cruzar ante el cadáver viviente de un mendigo sin techo. Esos cuerpos están tapados en las noches de invierno por algo más que una manta.

Pero podemos hablar también de la dinámica de una economía que ha sustituido la lógica del trabajo y la producción por la especulación, de la dinámica de subcontratas y deslocalizaciones o de la distancia que la dirección de las grandes empresas impone ante sus empleados para no sentir la diferencia de derechos y sueldos. Tampoco los vínculos y las amistades virtuales pueden confundirse con la experiencia de carne y hueso. El poder tocarse es un requisito del amor.

La uniformidad no genera igualdad ni fraternidad. Como reacción a la vida afantasmada de la especulación y la raspadura consumista y tecnológica del mundo, brotan identidades cerradas dispuestas a inventar versiones del pasado que justifiquen el rechazo de la diversidad. El sentido de pertenencia deriva así hacia el supremacismo y la criminalización del otro. De manera que la palabra identidad corre el peligro de caer en la abstracción absoluta o de convertirse en una cerradura que haga imposible la convivencia más allá del círculo de los elegidos. Son también enseñanzas precavidas de los testimonios literarios y del pensamiento del exilio.

Aceptar el conflicto es imprescindible para no separarse de la realidad y para buscar una identidad de voluntad abierta, un sentido de pertenencia que defienda como valores éticos la igualdad, libertad y fraternidad. Valores éticos, y no privilegios de un mundo cerrado de elegidos.

Adolfo Sánchez Vázquez escribió su experiencia ética en un artículo memorable: Fin del exilio y exilio sin fin (1997). La derrota, la expulsión, la nostalgia y el regreso imposible al mundo perdido sirven para encarnar la amplia responsabilidad humana sobre su ética. Al final, escribe el filósofo, "lo decisivo es ser fiel –acá o allá– a aquello por lo que un día se fue arrojado al exilio. Lo decisivo no es estar –acá o allá–, sino cómo se está".

Y en eso estamos en el mundo propio o ajeno, 80 años después de que se produjera el exilio republicano español.
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11 Comentarios
  • Lucas Montes Lucas Montes 22/12/19 09:55

    "Valores éticos, y no privilegios de un mundo cerrado de elegidos".
    No sé si se darán por aludidos los que andan enrocados en alejarse de España, esa izquierda (ERC) que ha dejado de aspirar a la fraternidad y los valores éticos universales por un nosotros tribal y -suponen ellos- mejor.

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  • Antonio LCL Antonio LCL 16/12/19 11:41

    Muchas gracias Luis. Tus palabras nos dan energía para seguir viviendo. Nos facilitan poder movernos por la sociedad con referentes que dignifican la condición humana... No dejes de escribir y pensar como lo haces. Estoy seguro que creas escuela limpia de intereses que pululan con objetivos que empobrecen. Te necesitamos.
    Un fuerte abrazo.

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  • irreligionproletaria irreligionproletaria 15/12/19 13:37

    Querido Luís, ¡vaya tarea la de hoy!

    Anoche leí tu arl pero, necesitaba el texto de don Francisco Ayala García-Duarte: 'Para quién escribimos nosotros' (1949) que refieres.

    Comparto absolutamente el comentario de M.T, enjundia y reflexión... imprescindibles.
    "¿ con qué valores de igualdad cuando los signos más evidentes que se me alcanzan a percibir desde los mandos son el anhelo de poder, el dinero, la egolatría...? ¿ dónde quedan la igualdad, la solidaridad?'

    El texto requiere de reelectura lenta; bote pronto concluyo:
    - ¿Para quien escribimos nosotros? Español en América: Idioma. ..."la que nos impone el hecho de pertenecer al ámbito cultural marcado por el uso del idioma castellano." (15)

    - (40) "al Estado, cualesquiera que sean sus orientaciones, no le interesa la cultura sino como instrumento para sus propios fines, que son por esencia fines políticos."

    - Españoles hay que, forzados a vivir fuera de España, proclaman, sin embargo, muy convencidos, la superioridad intrínseca de su triste patria. La universalidad simbolizaqda por España en la hora de la GC como sujeto de una absoluta demanda moral, proviniendo como provino de la rebusca apasionada de la 'esencia' española, presentaba una proclividad hacia el nacionalismo, es decir, hacia la mas cerril negación de lo universal.

    - (205)..."En resumidas cuentas, todo lo que no sea un resuelto partidario del gobierno atrae la sospecha de pertenecer, dentro de la nación, al partido nefando e impreciso de antipatria..."

    - (215) "Todos los escritores viven hoy en exilio, dondequiera que vivan"... Si el escritor fue desgajado de España, España fué desgajada de él por el mismo golpe del destino. De nada vale cerrar los ojos a la realidad; pirueta tan arriesgada no se puede cumplir sino a costa de eliminarse también uno mismo; equivale al suicidio..."

    Entiendo suficiente el abundamiento en la manifestación de M.T.

    Pero, queda pendiente: la identidad.

    Tu art manifiesta, LGM: 'No es lo mismo el ser que la conciencia del ser'

    ¿Podríamos lograr, anteponiendo el 'nosotros' de todos, compilando todas las 'disciplinas profesionales' y hasta las no, sentirnos parte del Estado?

    ... o, ¿necesitamos perderlo?

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    • irreligionproletaria irreligionproletaria 16/12/19 17:29

      *relectura*

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    • M.T M.T 15/12/19 14:22

      Pues será,Irreligion, que en la conciencia o sentido, tal vez sentimiento de identidad (¿patriótica, nacional o estatal...cabrían más?) confluyen diversas identidades o diversos modos de entenderlas.

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  • Tubal Tubal 15/12/19 12:48

    D.Luis: son hermosas las abstracciones a las que aspira eso que solemos llamar "el alma humana". Pero en nuestro tiempo (siglo XXI) deberíamos especular teniendo muy presentes los datos que nos facilitan las llamadas "neurociencias". Los conceptos de libertad, igualdad y fraternidad que venimos predicando (con mayor insistencia desde el siglo XVIII) son relativos y están condicionados por las circunstancias en las que se va desarrollando la evolución de nuestra especie. Bien decía Ortega, defensor de la matanza taurina y de la caza, entre otras cosas, que el hombre es él y "sus circunstancias"... que son genéticas y medioambientales. Las élites son avanzadillas, pero el camino a recorrer es muy largo y nuestros filósofos habrán de reestructurarse en función de lo que las ciencias nos van demostrando. ¿No cree?

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  • Segedano Segedano 15/12/19 12:32

    Una reflexión muy oportuna. ¿Cómo sería posible cualquier ejercicio de solidaridad sin el sentido de pertenencia a una sociedad local, regional, nacional, universal? Pero, al mismo tiempo, ¿qué conflicto social de cierta trascendencia no empieza o acaba por o en una guerra de identidad?

    Aunque Montero prefiere trascender la miserabilidad y cutrez (los adjetivos son míos) de los debates de sesgo nacionalista, parece inevitable sacarlos a la palestra, precisamente para ponerlos en solfa aprovechando sus reflexiones.

    Dice Montero que “no es lo mismo el ser que la conciencia del ser”, y tiene toda la razón. Por eso, la gran paradoja del nacionalismo recalcitrante (españolista, catalán, vasco o sardo, conviene señalar), es que sus ultramontanos tienen conciencia de ser de lo que, en realidad, nunca han sido. De ahí la necesidad de inventarse versiones del pasado que, en cada caso, mejor vengan a cuento. Unos se remontan a don Pelayo y otros a Wifredo el Velloso. Por eso, nuevamente, como decía El Roto (http://ow.ly/vDtrd), “qué importa si la historia es falsa, si el sentimiento que provoca es verdadero”.

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  • Pepe Luis Pepe Luis 15/12/19 12:08

    Buenos dias, gracias por el artículo muy humano , focalizando ,el bien común ,justicia y libertad , saludos .

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  • elpontondelaoliva elpontondelaoliva 15/12/19 11:33

    EL DESVÁN DE LA MEMORIA
    *
    Nadie estará de acuerdo en el olvido
    la saga de lo infortunio despeja
    las sencillas reglas del maestro
    inquieto en el trecho de la historia.

    La flor de la justicia se marchita
    trascendiendo del firme compromiso
    mientras la estirpe atesora olvidos
    y el viento remando siempre a su favor.

    Ahuyentar fantasmas en el desván
    es dejar el volante al enemigo
    que busca espectros en el recorrido
    en el abrevadero del rebaño.

    La humedad deja moho en el camino
    las mariposas descienden al fango
    que buscan acomodo en los columpios
    por el atajo de la insolidaridad.

    Es el reflejo de una inacabada
    melodía que dura excesivos años
    ante la perplejidad del sistema y
    ser incapaz de afrontar la tragedia.

    En este incombustible contubernio
    donde se ocultan los socavones
    emana el desierto de sombras negras
    que trafican con la miseria humana.

    El vertedero tapona pobreza
    la pobreza produce desasosiego
    el desasosiego invita levantar
    y el levantarse tendrá solución.
    *

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  • @tierry_precioso @tierry_precioso 15/12/19 10:38

    La situación del exiliado es desgarradora y puede que muchos de sus problemas no tienen ya solución porque no solamente quiere volver a su tierra si no que también quiere reencontrar su tiempo pasado, y este ya no está. En algún sitio he leído que cuando Max Aub pisó otra vez España en los sesenta supongo, quedó muy decepcionado: no era "su" España que había dejado.
    El exiliado es un emigrado que a menudo tenía unas condiciones socioeconómicas mucho mâs favorables que las de los emigrados "económicos" pero no debe dejar de ser solidario con todos los emigrados en sentido general.
    Los hijos de los exiliados heredan cierto sentido del exilio, tanto es asî que puede representar buena parte de su identidad. Viviendo en cualquier parte yo no querría, de todo modo no podría, perder cierto sentimiento ya placentero del exilio, un abandono a la confianza.

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  • M.T M.T 15/12/19 07:17

    Artículo de enjundia, D. Luis, que particularmente en esta sociedad nuestra tan dispar y convulsa, al parecer tan movida por intereses del momento, me lleva a pensar: a qué tipo de sociedad pertenecemos y con qué nos identificamos? ¿ con qué valores de igualdad cuando los signos más evidentes que se me alcanzan a percibir desde los mandos son el anhelo de poder, el dinero, la egolatría...? ¿ dónde quedan la igualdad, la solidaridad?
    Posiblemente en mi cortedad de miras y cierto pesimismo no se me alcanzan.
    Alguien habló de Tiempos recios: así los veo actualmente.
    Gracias por su artículo. Cordiales saludos.

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