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@cibermonfi

¡Voltaire, despierta!

Publicada 18/10/2017 a las 06:00 Actualizada 20/10/2017 a las 14:46    
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Envíalo a un amigo Imprimir Comentarios 103

Hace unos días, en una pausa del festival Granada Noir, un grupo de escritores comentamos con tristeza el hecho de que estuviéramos teniendo que bloquear en Facebook a gente que nos había solicitado amistad tiempo atrás, con lo que habíamos supuesto que compartía con nosotros unos mínimos criterios de raciocinio, tolerancia y cortesía. Éramos cinco, tres hombres y dos mujeres, y a los cinco nos estaba ocurriendo lo mismo. Personas cuya amistad en Facebook habíamos aceptado en su día nos insultaban ahora en nuestras propias páginas por defender en el conflicto catalán las ideas de diálogo, negociación, acuerdo, concesiones mutuas y solución no traumática.

Por ejemplo, si lamentabas el excesivo uso de fuerza en las cargas policiales del 1 de octubre eras un “idiota”, un “rojo trasnochado”, un “cómplice del separatismo” y, todavía peor, alguien que “odia visceralmente” a los hombres y mujeres de la Policía Nacional y la Guardia Civil. De nada servía que añadieras la intelectualmente innecesaria aclaración de que bien sabías que esos hombres y mujeres cumplían órdenes, por lo que tu reprobación se dirigía exclusivamente a quienes se las habían dado, fueran fiscales, jueces o autoridades gubernativas (si es que en este caso no vienen a ser lo mismo).

No, ese matiz se le escapaba por completo al supuesto amigo en Facebook convertido en fiera para tu sorpresa y decepción. Y también se le escapaba el que, como es mi caso, hubieras convertido en heroína de tu última novela a una capitana de la Guardia Civil, en una muestra de tu aplauso por la lucha contra la corrupción llevada a cabo por la UCO. La fiera –la llamo así porque no hablaba sino aullaba, no razonaba sino mordía– te seguía poniendo a caldo y parecía estar a punto de acusarte de “cómplice del terrorismo” cuando te veías forzado a bloquearla.

Lo viví como corresponsal en el Beirut de los años 1980 y el Sarajevo de la siguiente década: incluso gente con estudios, gente que lee, gente civilizada puede convertirse en chacal de manada cuando un conflicto se libra en términos de etnia, nación o religión. Pierde su capacidad de razonar individualmente, deja de escuchar al que no piensa igual, se deja arrastrar por la ira, el odio y, si llega el caso, incluso la violencia de la jauría. Como diría Primo Levy, ha ocurrido otras veces y puede volver a ocurrir. Está empezado a ocurrir con lo de Cataluña.

Nuestra conversación en Granada Noir estaba tintada de pena. Conté que había tenido que bloquear en Facebook a alguien que se decía socialista y me acusaba de pertenecer a la “izquierda rancia” que piensa que todos los que enarbolan la bandera rojigualda y defienden la unidad de España son unos “fachas”. Le había contestado que no pienso eso en absoluto, que, si era tan amable, me recordara dónde había dicho o escrito yo algo semejante. El supuesto socialista había respondido que quizá no lo hubiera dicho o escrito, pero que, vista mi posición en el conflicto catalán, él estaba seguro de que yo lo pensaba.

Reprimí el impulso de recordarle que ese tipo de adivinación del pensamiento del otro es más propio del proceso inquisitorial que del debate ilustrado. Respiré hondo para cargarme de paciencia y serenidad, y tecleé un mensaje en el que le decía un par de cosas.

La primera, reiterarle que no estigmatizo como “fachas” a todos los que esgrimen la bandera rojigualda. Algunos pueden serlo, otros solo son nacionalistas españoles, bastantes la tienen como la enseña de la Constitución del 78, la mayoría simplemente identifica desde su nacimiento esa bandera con España porque no ha visto otra. Añadí que ello no impide que haya un puñado de compatriotas que preferirían la también españolísima bandera tricolor republicana.

Le recordé, en segundo lugar, que siempre me he declarado partidario de la unidad de España, por lo que me dolería la independencia de Cataluña. ¿Pero es que solo hay una manera de mantener esa unidad? ¿No podría España seguir unida bajo un modelo federal, quizá más adecuado a su pluralidad? ¿Es que los Estados Unidos de América no son percibidos en la escena internacional como un único país pese a sus extraordinarias diferencias internas?  En definitiva, ¿es que unidad tiene que ser necesariamente sinónimo de uniformidad?

Me salió con exabruptos contra Puigdemont, Colau y Pablo Iglesias –a los que yo no había citado– y me instó a irme a Venezuela puesto que odiaba a España. Eso ya no pude soportarlo. Me recordó mucho la cantinela que escuchaba diariamente en mis primeros veintiún años de vida, los que pasé bajo el régimen franquista, aquello de “si no te gusta España, vete a Rusia”. Lo bloqueé.

Ni me atraía lo más mínimo la Rusia soviética ni me atrae un carajo la Venezuela de Maduro. No escogí nacer en España, pero amo sus tierras, sus gentes y sus culturas del mismo modo que amé a los padres y el hermano que no escogí. Solo quiero que España sea más limpia, justa y democrática. Solo quiero que Cataluña se sienta cómoda en su seno. Me gustaría incluso que nos federáramos con Portugal.

Mal andamos si pensar así te convierte en tan “antiespañol” como lo fueron los sefardíes, los moriscos, los luteranos, los ilustrados, los liberales y los republicanos que tuvieron que huir de su tierra por no acomodarse al dogma. ¿Es que solo hay un modo de ser español?

¡Voltaire, despierta! Se han vuelto locos otra vez.
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13 Comentarios
  • Pulitzer Pulitzer 21/10/17 15:26

    Bien artículo. Bien razonado y respetuoso.

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  • Huichilobos Huichilobos 20/10/17 21:21

    Excelente artículo, de acuerdo en todo. ¿Veremos (o verán) algún día la República Federal Española, o mejor, Ibérica? ¿Por qué casi nadie habla de ella? ¿Por qué no hay algún político de altura que la reclame? Tendría que ser un clamor, hagamos que lo sea. (Recuerdo inevitable: aquello del optimismo de la voluntad contra el pesimismo de la inteligencia, que dijo Gramsci.)

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  • Harlock Harlock 20/10/17 17:19

    Creo que si no me he dado de baja de infolibre es en gran medida por los artículos del Sr. Valenzuela. Es triste comprobar, para mí también, el grado de nacionalismo autoritario y desinformación que está saliendo a la luz en muchos conocidos y amigos. Vivo en Cataluña, y no soy catalán, pero entiendo el sentimiento de abandono. Soy uno de los que hace años, aceptando el derecho de autodeterminación, hubiera argumentado contra la independencia, y de hecho, en discusiones (amistosas) normalmente era muy crítico con la Generalitat. Pero llegados a este punto yo también votaría que sí a la independencia. No sé si se podrán revertir tantos años de bilis mediática contra los catalanes, y en definitiva, la sociedad civil catalana es más acorde a mis valores que el conjunto de la española.

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  • radama radama 20/10/17 12:59

    Habiendo leído el artículo y, nombrado los EEUU como modelo federal, voy a atreverme a proponer lo que tal vez sea una utopía: Una UE como un solo estado, con una sola bandera, un solo himno y una sola constitución.Entiendo que esto resolvería el problema de la independencia, que algunos políticos piden arrastrando a la ciudadania a un devenir incierto y, los cuales no se han enterado que estamos en el siglo21, y hay que superar hechos históricos ocurridos en el devenir de los pueblos.

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  • Lorne Lorne 20/10/17 11:25

    Estoy completamente de acuerdo contigo, los nacionalismos, todos, acostumbran a provocar esas situaciones, todo lo que sea diferenciar al otro, por la razón que sea pienso que es negativo para la convivencia y enciende los sentimientos mas que la razón.

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  • ROSA TARRAGONA ROSA TARRAGONA 20/10/17 00:36

    Me alegra y me reconforta leer tu artículo. Ser catalán y sentirse español son, han sido, y serán sentimientos compatibles. A pesar de lo que digan o hagan los extremistas nacionalistas de uno u otro lado. A pesar de que nos quieran enfrentar siempre habrá personas que quieran y que sientan que deben fomentar la concordia entre los pueblos sean estos iguales o diferentes.

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  • Michael Collins Michael Collins 19/10/17 13:26

    Gran artículo y seria advertencia. No conocía al periodista pero de lo mejor que he leído en semanas. Muchas gracias.

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    • pepelleo pepelleo 20/10/17 10:41

      Leí un libro del periodista , el partido de Dios, en 1989, en que vaticinaba todo lo que posteriormente iba a ocurrir en el siguiente siglo, con la guerra santa de los musulmanes mas radicales.Y que sigue ocurriendo, desgraciadamente hasta el otro dia en las ramblas de Barcelona.Y este libro lo escribió en 1989.Y me da la impresión, visto lo visto, que nadie le hizo ni puñetero caso.Si es que algún político de ese tiempo leia algún libro.Ahora , no creo.Con eso le quiero dar una idea de quien estamos hablando.

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  • Argaru Argaru 19/10/17 03:35

    Umberto Eco decía que Faseboock era un gran espacio para que se manifestaran los idiotas y, si a esto le unimos nuestro carácter “pendular” (estas conmigo o contra mí), tenemos el medio de comunicación ideal para huir de èl. Emplear el sentido común y mantener con coherencia los argumentarios a lo largo de la vida, contra viento y marea, caracteriza a las personas HONRADAS y HONESTAS intelectualmente hablando, como es el caso del señor Valenzuela. De todo esto se puede sacar una clara conclusión: una persona puede ser independentista de izquierdas, de derechas, de centro; o ser españolista de izquierdas, de derechas o de centro; o simplemente de izquierdas, de derechas o de centro; rico, pobre o medio pensionista, empresario, trabajador o artista y, si además de todo eso, tiene el GEN de la IDIOTEZ será, sobre todo, UN IDIOTA. Por cierto, ¿qué demonios es el centro? Si alguien lo sabe, por favor, se manifieste.

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  • Queso Tierno Queso Tierno 19/10/17 02:32

    Cuando los conflictos se radicalizan, hacen que volvamos al arbol del bien y del mal y se acaban los términos medios y las equidistancias. Ysi no estás con el bién, estás con el mal. A esto le uno la impotencia de saber que no hay nada que puedas hacer para inclinar la balanza hacia el lado que crees justo y eso produce mucha frustración. Cuando hay impotencia y frustración se ataca al eslabon más debil de la cadena, porque el fuerte esta demasiado lejos y el ataque no le hace ni cosquillas. Asi. una y otra vez matamos al mensajero, porque no podemos hacerlo con el responsable del mensaje. Quizas esto nos pase a muchos y parezcamos o se nos vea como intransigentes. déspotas e intolerantes con los demas. Para mi, lo peor de todo, lo que más me frustra y me saca de quicio es ver en manos que quienes está la solución. y me pregunto con rabia, como es que todo eso ha sucedido justo bajo el reinado de estos soberbios incompententes y descapacitados y como es que hemos quedado todos impotentes y a su merced. Y como no quiero pelear con mis amigo, maldigo y disparo a la casualidad o casualidades que nos traido hasta aquí y a otras irrelevancias de segundo orden y las convierto en victimas de mi furia.

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    • RueDelPercebe RueDelPercebe 21/10/17 06:56

      Las casualidades no existen.
      Pero me ha gustado mucho tu reflexión.

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      • Queso Tierno Queso Tierno 22/10/17 23:52

        No, no existen. Pero sea lo que sea que existe, se disfraza de casualidad con auténtica brillantez ¿NO crees? Un abrazo.

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  • luzin luzin 18/10/17 22:02

    Sólo quiero ser ciudadano, sin más adjetivos. Si la República se llama España, Portugal, Cataluña o Iberia me da absolutamente igual, me da igual su bandera. Quiero una República de ciudadanos, donde podamos elegir y revocar a nuestros diputados por circunscripciones con un sistema mayoritario a doble vuelta. Quiero participar en la elección del Presidente del Gobierno, a doble vuelta. Quiero participar en la elección del Fiscal general. Quiero que los poderes estén completamente separados y enfrentados constitucionalmente ... quiero poder dormir tranquilo sin que ningún iluminado pueda liar un enfrentamiento bestial ... quiero educación pública e igual para todos ... quiero sanidad y pensiones públicas ... quiero una ley de dependencia real.  No creo en los pueblos ni me gustan las banderas ni los himnos. Si creo en el derecho a decidir, pero como derecho individual: mi religión, mi sexo, mis ideas, mis amigos, ... ¿Tan difícil es?

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