X

La buena información es más valiosa que nunca | Suscríbete a infoLibre por sólo 1 los primeros 15 días

Buscador de la Hemeroteca
Regístrate
INICIAR SESIÓN
¿Olvidaste tu contraseña?
infolibre Periodismo libre e independiente
Secciones
Plaza Pública

¿A quién pertenecen las revoluciones?

Publicada el 11/04/2021 a las 12:00 Actualizada el 11/04/2021 a las 19:35

La revolución es un concepto que cuenta con diversas definiciones de sentido muy diferente y variado. La idea básica y clásica es la del "cambio violento y radical en las instituciones políticas de una sociedad". Se suele poner de ejemplo la revolución francesa. Lo interesante es saber cuál es el resultado tras esa acción habitualmente cruenta. Resultado que no es el mismo en la inmediatez de la acción revolucionaria y en el devenir posterior de esta y en sus consecuencias. En ocasiones sirve para quitarse de encima un régimen caduco y anclado en la corrupción y en la desigualdad. Sucede cuando tiene su origen en el descontento y en la desesperanza y los ciudadanos no pueden más.

Otras veces, esa acción brusca, cruenta o incruenta, es en realidad un golpe de Estado, incluso desde el propio Estado –verbigracia el sorprendente caso de Turquía- que no transforma para bien el tejido social, sino que puede incluso implantar mayores restricciones y condenas generalizadas a través de un poder judicial sumiso contra quienes defendían las libertades pérdidas.

La revolución más clara, transparente y directa es la que permiten las urnas. Votar supone revolucionar lo vigente, abriendo la puerta a la realidad del cambio, el que cada cual entienda como necesario y mejor se acomode a su pensamiento. Las elecciones son el camino por el que circulan la libertad y la democracia. Escribo estas líneas desde Quito, Ecuador, donde he acudido con el Grupo de Puebla como observador internacional en la segunda vuelta de los comicios de este domingo 11 de abril, y, a pocas horas de conocer los resultados de una elección histórica, no solo para este país sino para toda la región suramericana, en la que ya empieza a respirarse el cambio profundo entre dos modelos absolutamente diferenciados, uno neoliberal y caduco y otro plurinacional y progresista. Desde este puesto privilegiado, he admirado la resolución de los ecuatorianos para revolucionar el país con su voto en un momento especialmente duro, con cifras galopantes de muertes y contagios, los hospitales bordeando el colapso, colas inmensas para obtener la vacuna, y una administración desastrosa, alejada de lo que debe ser el verdadero servicio público para los ciudadanos y las ciudadanas.

Aquí, los candidatos han dado explicaciones sobre lo que pretenden hacer por los casi 17 millones y medio de habitantes de este país, que cuenta con una intensa población indígena, auténtica piedra de toque en estos comicios por su división en cuanto a la opción política elegida. Ecuador, como he dicho, se planteaba la opción progresista en la persona de Andrés Arauz, economista, considerado hombre del expresidente Rafael Correa y que representa lo nuevo sin renunciar a los logros que, en su día, obtuvo la Revolución Ciudadana. Enfrente, el banquero y empresario Guillermo Lasso, en nombre de las corrientes más conservadoras de la derecha que han fracasado de la mano del presidente saliente Lenin Moreno quien, a lo más que aspira ya, es a obtener el reconocimiento, al final de su triste mandato, del 15% de la población. Pobre bagaje para aquel que dispuso de todos los poderes a fin de que prosperara la República y los destruyó, especialmente el judicial.

Desde arriba

Por tanto, se demuestra que según quien resulte triunfador en unos comicios se puede hacer efectiva una segunda interpretación de lo que es la revolución como "cambio brusco en el ámbito social, económico o moral de una sociedad". Cierto, porque es muy diferente abrir la puerta a que las fuerzas económicas decidan el futuro de un país en función de sus intereses, o que prime el bienestar social como política de un Gobierno. El presidente de Estados Unidos, Joe Biden, tiene esa visión de urgencia para revolucionar la vida cotidiana y esta semana anunció dos medidas. Una, para abordar el control sobre las armas de fuego, imprescindible cuando la crispación ha crecido en su país y la violencia se traduce en continuos tiroteos con resultado de muertes. La otra, un plan de dos billones de dólares -cifra inimaginable- para la construcción de infraestructuras, y la incidencia en cambios que deben revertir la desigualdad racial estructural entre otros aspectos básicos y urgentes. Es decir, la revolución viene aquí de manera positiva, desde arriba, para paliar los efectos del nefasto mandato de Donald Trump. Lo cierto es que, respecto de Suramérica, no esta nada claro que la política de tutelaje norteamericana vaya a cambiar hacia una relación de igual a igual, como pretende esta nueva visión renovadora.

Se entiende también por revolución "el cambio radical en la manera de tratarse o hacerse algo, o cosa que supone ese cambio". En este punto, pongo por caso la capacidad de crear vacunas y su aplicación mundial como método para hacer frente a la pandemia. Sin duda, tras un año de cifras nefastas y dolor, la revolución en cada habitante del planeta se centra en la posibilidad de recibir la poción mágica que recorrerá nuestras venas haciéndonos resistentes a la enfermedad. Tan es así que les cuento lo sucedido en Ecuador: el día 8 tomo posesión el sexto ministro de Sanidad del Gobierno de Lenin Moreno, después de que su antecesor cesara con apenas 19 días en el cargo, tras el escándalo de contemplar a miles de ancianos aguantando de pie siete horas de cola en la calle a la espera de ser inmunizados. Aquí, la verdadera revolución la realizarían quienes consiguieran la liberalización de patentes de las farmacéuticas. Poder al alcance de todos, comenzando por los más vulnerables que no podrán alcanzar la inmunización, seria una acción tan revolucionaria como inalcanzable. A pesar de ello, es una lucha que merece la pena mantener.

Provocación

Da mucho más de sí la idea de revolución. Se puede interpretar además como "desorden o alboroto producido por un gran número de personas". Cierto. Hay actos que, de forma casual o plenamente intencionada, remueven situaciones para bien o para mal. O, en todo caso, se convierten en temas de conversación insistente. Leo que, en la campaña electoral decidida por la presidenta de la comunidad madrileña de forma sorpresiva, la formación política Vox decidió realizar un acto en el barrio obrero de Vallecas. Por supuesto, cualquier partido político está en su derecho de llevar a cabo su propaganda donde considere, si bien es sabido que la ultraderecha considera la provocación como el medio que transporta el mensaje.

Un conflicto vale más que mil palabras, tiene más eficacia y permite echar la culpa al de enfrente. Aunque, pensemos: ¿a qué va Vox a Vallecas? O, mejor aún: ¿Cuándo se ha preocupado Vox por Vallecas? Como el diálogo no es su fuerte, en cuanto vieron la ocasión de tener alguien enfrente, dejaron fluir los acontecimientos con alguna ayuda. Finalmente, la culpa era de Podemos, del gobierno de Sánchez, del maestro armero… En su revolución particular socavando el sistema democrático, la ultraderecha consigue más propaganda con un par de actos de este estilo beligerante, que intentando convencer de manera pacífica.

Por supuesto, el Partido Popular sigue el juego dentro del teatro de la diferenciación que practican. Demasiado se ve el plumero de un PP sometido a Vox, hijo pródigo y estrella de los objetivos de José María Aznar y su derecha más dura, en los que Miguel Ángel Rodríguez es el profeta, e Isabel Ayuso la comparsa necesaria. Ya saben la frase de la genial película Amanece que no es poco de José Luis Cuerda, que suele referir con ironía mi amigo el periodista Antonio Guerrero: "Todos somos contingentes, pero tu eres necesario". Eso es lo que en el ínterin recibe el líder de la extrema derecha Santiago Abascal, que se viste con la soberbia del gallo que controla el gallinero.

La revolución es también "el movimiento de un cuerpo que describe una trayectoria cerrada alrededor de otro cuerpo, de un centro o alrededor de su eje". Esta definición me gusta porque creo que se acopla a lo que cada uno debe llevar a cabo con su propia vida. La revolución está en suma en uno mismo, en la capacidad de renovarse dentro de lo cotidiano, aun cuando las condiciones para el cambio parezcan inasumibles. No se puede esperar de los demás que procedan a la transformación, sino que es la propia actitud a la que se suman otros, lo que hace posible la evolución y la reforma. Desde el interior de cada cual, la fuerza que emerge es la que acompañará a el esfuerzo revolucionario de cambiar las cosas en el día a día, participando, interviniendo en el curso de los acontecimientos, erradicando la indiferencia y la abulia que nos conduce a una especie de parálisis persistente y que puede desembocar en una nueva forma de involución anímica que secuestre el futuro y la esperanza.

Al final, si no se da ese salto personal ¿qué ocurre con las revoluciones? ¿Quién las reivindica? Lo resumo en esta frase de Stefan Zweig en su obra Fouché. Retrato de un hombre político: "Una revolución no pertenece nunca al primero que la empieza, sino siempre al último, al que la termina y se la queda como un botín".

Baltasar Garzón es jurista y presidente de Fibgar

 

Publicamos este artículo en abierto gracias a los socios y socias de infoLibre. Sin su apoyo, nuestro proyecto no existiría. Hazte con tu suscripción o regala una haciendo click aquí. La información y el análisis que recibes dependen de ti.
Más contenidos sobre este tema
Relacionados




8 Comentarios
  • salvafer salvafer 12/04/21 20:55

    Cada vez que abres la boca sube el pan.
    Fuiste a Ecuador y la jodiste, ¿o era a lo que ibas como cuando con LLamazares y vuestro invento contribuiste al "triunfo" de la izquierda en Madrid?

    Responder

    Denunciar comentario

    1

    1

  • FJMartínez FJMartínez 12/04/21 16:52

    Desde luego a usted no pertenece ninguna revolución.

    Responder

    Denunciar comentario

    0

    2

  • ArktosUrsus ArktosUrsus 12/04/21 15:23

    Señoría, en esta ocasión me veo en la necesidad de mostrar mi desacuerdo con su interpretación. En un caso, juego con ventaja. Hoy sabemos que ese cambio profundo que usted afirma que empieza a percibirse, no se ha producido en Ecuador. Ha ganado el neoliberalismo. Quizá sea porque la "izquierda" del correismo se parece demasiado a esa "izquierda" tan de moda en estos días que apuesta por las reglas del mercado (más o menos matizadas) para regir la sociedad. Y Lenín Moreno lo ha demostrado con sus políticas.

    Pero en el resto entra mi opinión (no el hecho como en el caso anterior). Una "revolución" institucional es siempre una contrarrevolución. Nos hemos acostumbrado a endulzar los términos, pero en Turquía se produjo una involución, una contrarrevolución. El resto de situaciones que usted reseña son más de consumo interno que realmente de cambio social. Es impensable una revolución a través de la urnas. Se puede, cómo no, reformar, pero no transformar. Un cuchillo mellado corta de forma irregular. Y las urnas son cuchillos mellados, porque el respeto del marco en que se produce la votación no varía, siendo justamente el marco el que hay que variar. No importa quien mande, lo que importa es lo que mande. Tras un sistema hay una superestructura de poder que no juega en la urnas. En nuestras sociedades, es el capital. Un sistema que permite la acumulación de bienes que pueden ser disfrutados no por quien los obtuvo sino por sus descendientes sine die, no puede ser bueno. Porque la economía nos enseña que los bienes son escasos. Si se acumulan en unas manos, quiere decir que otras no tienen acceso a los mismos. La humanidad no ha sido capaz de conseguir que tras la violencia de la revolución se instale la paz de la equidad. Desgraciadamente quien usó la violencia para acceder al poder, tiende a seguir utilizándola para perpetuarse y convertirse de ese modo en la nueva superestructura de poder. No tengo la solución para esa realidad terrible que ha seguido a las revoluciones humanas que han sido. Pero sé que el voto no va a revolucionar una sociedad. Podrá reformarla pero nunca transformarla. Y necesitamos otro paradigma para acceder a la justicia y a la equidad.

    Responder

    Denunciar comentario

    0

    3

  • hayundi hayundi 12/04/21 10:17

    Muy de acuerdo en lo del salto personal. La resolución de los problemas no se consigue yendo a votar cada cuatro años pensando que los políticos nos van a solucionar los problemas. Cada una es responsable de llevar a cabo su revolución, en los personal y en su entorno.

    Responder

    Denunciar comentario

    0

    4

  • Alberto Sánchez Otero Alberto Sánchez Otero 12/04/21 08:18

    Señores Maraña, Rico & Co.:

    ¿No se les hace contradictorio clamar por una prensa libre, y por otra parte, dar voz a un exfigurón de la judicatura entre cuyas hazañas se encuentran el haber ordenado infundadamente el cierre de algún medio y el encarcelamiento del director de una editorial?

    Responder

    Denunciar comentario

    4

    2

  • Otoño Otoño 11/04/21 20:26

    Todavía no termino de asimilar el cambio " revolucionario" que se ha producido en el ideario , o mejor dicho, la apropiación. indebida por parte de partidos neoliberales y de ultraderecha , los cuales no han condenado en el Parlamento democrático al fascismo , o bien, al régimen totalitario sanguinario y cruel del franquismo, objetivos, ideas o conceptos ,consignas, etc.que históricamente son consecuencia de las REVOLUCIONES Y CONQUISTAS atribuidas a la clase trabajadora y a los partidos , organizaciones , sindicatos de clase ... clandestinos durante la dictadura,
    Homenaje a estas personas , quienes recuperaron y pagaron con la VIDA para qué pudiéramos vivir la LIBERTAD que otorga la declaración universal de los derechos humanos una palabra que hoy está mancillando IDA al nombrarla , apenas sin conocer lo qué significa.
    Es indispensable VOTAR el dia 4M, y tratar de ganarle a ese 30% que representa caos, desigualdad, corrupción y miedo.
    La ultraderecha es la" carcoma" de la DEMOCRACIA:
    No debe haber fisuras en los llamados partidos de la Izquierda.

    Responder

    Denunciar comentario

    1

    11

  • Antonio LCL Antonio LCL 11/04/21 16:12

    Las revoluciones siempre han aportado humanidad al entorno vital, objetividad, limpieza y verdad frente al abuso de unos pocos, aunque sus fines no siempre han jugado a favor de sus principios. Recuperar sus orígenes de siempre es sano. Por esta vez me quedo con esta aportación de Baltasar: 'La revolución está en suma en uno mismo, en la capacidad de renovarse dentro de lo cotidiano'. Gracias admirado juez.

    Responder

    Denunciar comentario

    1

    5

  • mrosa mrosa 11/04/21 14:47

    Así es

    Responder

    Denunciar comentario

    0

    1

 
Opinión