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Medio ambiente

Más de 600 empresas registran su "huella ambiental"

  • Se trata de un método que analiza los impactos ambientales que se pueden generan directa o indirectamente a lo largo del ciclo de vida de un producto

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Publicada el 23/01/2019 a las 15:49 Actualizada el 23/01/2019 a las 19:11
La terminal 4 del aeropuerto de Barajas, en una imagen de archivo.

La terminal 4 del aeropuerto de Barajas, en una imagen de archivo.

EP
Más de 600 empresas han registrado ya su “huella ambiental” en el Ministerio para la Transición Ecológica. La huella ambiental es un método que analiza los impactos ambientales que se pueden generan directa o indirectamente a lo largo del ciclo de vida de un producto. Para ello, se centra en conceptos que definen si el comportamiento de una entidad es sostenible o no.

El informe ‘Planeta Vivo 2018’, de WWF, confirma que actualmente consumimos más recursos y producimos más residuos que la capacidad de la Tierra para asimilarlos. Hoy, la humanidad está consumiendo una cantidad de recursos naturales equivalente a 1,6 planetas. De seguir así, en 2020 se necesitarían 1,75 planetas, y 2,5 en 2050.

El blog Thedailyprosper.com, publicado desde el año pasado por Banco Santander,  destaca cómo cada vez existe una mayor conciencia y preocupación sobre cómo frenar el cambio climático y fomentar el cuidado medioambiental desde gobiernos y empresas.

Todas las empresas generan un impacto ambiental en los entornos en los que actúan. Son las consecuencias que produce en el entorno natural el desarrollo de una actividad, el rastro de contaminación que deja en su proceso productivo: la huella ambiental. Indicios que se pueden medir y que permiten conocer cuántos recursos se utilizan y la cantidad de desechos que se generan y, lo esencial, reconocer si ese espacio es capaz de soportarlos sin provocar daños al medio ambiente.

Empresas grandes y pequeñas han puesto en marcha iniciativas que buscan la reducción del impacto ambiental de sus actividades. La Compañía Vinícola del Norte de España (CVNE), una bodega familiar que se fundó en 1879 en la localidad de Haro, fue en 2013 la primera del sector vinícola en conocer una doble huella ambiental tras calcular la huella de carbono y la hídrica que generaba al elaborar su Cune Crianza. Tras diseñar el proyecto Ecofriendly, el primer paso fue medir la cantidad de CO2 que emitía la compañía para producir su vino crianza y la herramienta adecuada para controlarlo fue la huella de carbono. Del estudio se concluyó que la fase con mayor impacto medioambiental era la de envasado y preparación, por la producción de vidrio y la elaboración y transporte de barricas.

En el caso de la huella hídrica, controlaron el volumen de agua dulce usada para producir el producto, medido a lo largo de la cadena de suministro. Concluyeron que con la mitad de uso de agua que la media nacional eran capaces de producir la uva necesaria para la elaboración del vino gracias a la gestión eficiente de las prácticas agronómicas.

Banco Santander mide desde 2009 su impacto ambiental en todas sus oficinas para controlar y reducir el mismo. En 2012 puso en marcha su primer plan de eficiencia energética, denominado 20-20-15, para reducir el 20% del consumo eléctrico y de las emisiones de CO2 en tres años. En este tiempo, redujo casi el 18% el consumo de agua por empleado y en un 16,3% el uso de papel.

Entre las medidas implementadas para la reducción del consumo eléctrico y de las emisiones de CO2 destacan la automatización y monitorización energética en sucursales, la instalación de detectores de presencia y regulación de la iluminación y la puesta en marcha de programas para eliminar el papel en la actividad de banca comercial en países como España, Polonia, México, Brasil y Reino Unido. En Brasil, el banco ofrece una herramienta online abierta y gratuita para que cualquier empresa pueda medir su huella ambiental.

El aeropuerto Adolfo Suárez en Madrid es otra entidad con “conciencia medioambiental”, ya que ha reducido en 586,1 toneladas sus emisiones de CO2 mediante la optimización energética en el transporte de equipajes, entre otros.

Apple, por su parte, presume de que el origen del 100% de la energía en todas sus instalaciones proceda de fuentes renovables.

Un reciente informe de la Fundación Alternativas, Comunicación para la sostenibilidad: el cambio climático en los medios, puso de manifiesto cómo los medios de comunicación, especialmente la televisión, otorgan poca importancia a las informaciones sobre el cambio climático. Además, presentan el fenómeno como algo lejano y catastrófico, resaltando su impacto físico pero dejando de lado la dimensión humana del problema y sus consecuencias sobre la salud y la seguridad. Y obvian cuestiones esenciales como el suministro y consumo de energía, las políticas aplicadas por los gobiernos nacionales y extranjeros, y el efecto o la contribución de las empresas ante el asunto.

¿Cómo se mide el impacto ambiental?

El Análisis del Ciclo de Vida (ACV) es uno de los métodos que se utilizan para medir el impacto ambiental completo de un producto, de principio a fin. Se recogen datos en todas las fases de elaboración, desde la fabricación de la materia prima y su transporte, a las factorías y centros de distribución.

Es un complejo conjunto de datos que se analiza de acuerdo a la normativa ISO 14040 y es certificado por terceros, que califican el tipo de acción que se desarrolla, intensidad, carácter del impacto (gases invernadero, por ejemplo), extensión, duración, magnitud, reversibilidad y riesgo.

Las nuevas tecnologías han permitido desarrollar softwares que evalúan y miden el impacto ambiental de las empresas optimizando su gestión y cuantifican los daños que puede provocar en el medioambiente. Son plataformas que, además de realizar un seguimiento en tiempo real de la actividad, optimizan la gestión de residuos y reportan la huella ambiental de procesos o productos.

Para conocer la huella ambiental hay que cuantificar una serie de indicadores que hacen referencia al cambio climático y la destrucción de la capa de ozono, así como los impactos sobre la salud humana, la toxicidad de los productos, con y sin efectos cancerígenos, las partículas que se emiten y que afectan al sistema respiratorio, o la radiación ionizante.

El estudio se completa con un análisis de la alteración de la composición química y la pérdida de la capacidad neutralizante del suelo y del agua, conocida como acidificación; o la autrofización, cuando se acumulan residuos orgánicos en el litoral marino o en un lago. También la ecotoxicología, que investiga el efecto que producen los compuestos químicos tóxicos sobre los seres vivos y el consumo de recursos hídricos, minerales y fósiles.
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