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Cinema Paradiso | 'Luna de papel'

La niña que encandiló a Hollywood

  • La audacia de Luna de papel está en hacer que la tozuda de Addie Loggins logre ganarse el respeto de un tipo duro gracias a su inteligencia y su valor
  • En verano, la revista Insertos rastrea seis grandes películas que cuentan, cada una a su manera, historias infantiles dentro de un universo de adultos

Anaís Berdié (Insertos)
Publicada el 05/08/2018 a las 06:00 Actualizada el 04/08/2018 a las 16:58
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Tatum y Ryan  O'Neal en un fotograma de 'Luna de papel', dirigida por Peter Bogdanovich.

Tatum y Ryan O'Neal en un fotograma de 'Luna de papel', dirigida por Peter Bogdanovich.

Con esta serie de seis artículos, los redactores de la revista Insertos rastrearán este verano el camino iniciado por Los niños nos miran y comentarán películas que cuentan, cada una a su manera, historias sobre niños dentro de un universo de mayores.
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El rostro de una niña de nueve años ocupa el centro del plano. Detrás, casi todo es cielo. La pequeña está sola, mirando ligeramente hacia abajo, seria y, en cierta manera, como si fuera adulta. Lleva el cabello corto, con el flequillo algo desigual; bien mirado, también podría tratarse de un niño (pronto descubriremos que esta confusión será una de las amargas quejas de la protagonista de la cinta). En cualquier caso, es un primer plano peculiar. Peter Bogdanovich, el director de Luna de papel (1973), decidió cambiar el guion original, que empezaba con la niña viendo una película, para arrancar con ese preciso plano. El rostro serio de la pequeña perdida en sus pensamientos. Era su manera de dejar claro de qué iba la película.


En el siguiente plano descubrimos por qué Addie Loggins miraba hacia abajo. Un ataúd otorga significado a su gesto sombrío. Son los años treinta en los Estados Unidos de la Gran Depresión y, con su madre muerta y una sola pariente, una tía, viviendo en otro estado, el futuro de Addie pinta tan mal como el del país. Pero la aparición en el desierto funeral de un hombre que podría (o no) ser su padre, que casualmente viaja en dirección a la ciudad donde vive la tía y que se dedica a hacer estafas de poca monta cambia la suerte de la niña y de la película. Porque la genialidad de Luna de papel estriba en crear, a partir de una situación dramática, una historia luminosa y tierna, alejada del melodrama y con un personaje infantil que rebosa carisma y profundidad con una asombrosa economía interpretativa.


Tatum O'Neal se convirtió, gracias a su trabajo en esta película, en la actriz más joven en ganar un premio Oscar, el de mejor actriz de reparto. Sobra decir que su papel es de protagonista (no en vano fue también la actriz de reparto oscarizada que más minutos salía en pantalla), pero se dice que no la nominaron a mejor actriz por miedo a que los académicos no se atreviesen a votar por alguien tan joven. Sea como fuere, la inexperta hija de Ryan O'Neal, con quien comparte el protagonismo de la cinta (él es el estafador que acabará aceptando llevarla hasta donde vive su tía), sorprendió a la industria con una primera interpretación para la gran pantalla cargada de autenticidad.



Luna de papel es una historia ligera sobre dos timadores que se sirven de su ingenio para sobrevivir en un mundo en crisis. Una road movie en la que el viaje que de verdad importa es el de la relación entre un hombre acostumbrado a la vida fácil y una niña que ha tenido que crecer demasiado deprisa. Es innegable la química entre padre e hija delante de las cámaras, todo un acierto de casting que permite aprovechar su relación real para imprimir veracidad al vínculo entre ambos, con el reto añadido de que sus personajes empiezan siendo dos desconocidos. Y hay varios planos secuencia con largos e intensos diálogos que demuestran el don innato de Tatum para la interpretación (aunque Bogdanovich contase que para conseguir alguna de esas exigentes tomas tardaron dos jornadas enteras).

Si uno conoce la azarosa existencia de los O’Neal, habituales de la prensa amarilla por su agitada vida sentimental y sus problemas con las drogas, no puede evitar elucubrar sobre cuánto habría de realidad tras la mirada demasiado adulta de esa niña de nueve años que interpretaba a Addie Loggins. Como ella, Tatum también creció antes de tiempo. Pero en Luna de papel, ya lo hemos dicho, no hay lugar para el melodrama. La niña huérfana del primer plano solo genera compasión unos instantes. Muy al contrario, pronto encandila tanto al espectador como al personaje de Ryan O’Neal gracias a su ingenio, su descaro y su gusto por la camaradería. Características atípicas para un personaje infantil y más todavía para uno femenino.

  La relación adulto-niña se sitúa así como el eje de una historia sencilla, en la que el retrato social queda en un inteligente segundo plano. Retratada con solo unas pocas pinceladas, la crisis económica que sufría el país durante la Gran Depresión dota de trasfondo a las desventuras de los dos estafadores, aportando una cierta justificación moral a un modo de vida que, en cualquier caso, el espectador va a aceptar e incluso disfrutar. En cierta manera, ya estaba preparado para ello. En un escenario similar habían hecho de las suyas, pocos años antes, Bonnie y Clyde (Arthur Penn, 1967), inaugurando una nueva época en la que el cine ya podía permitirse hacer protagonistas a dos delincuentes y convertirlos en los héroes de la historia.

Fue precisamente Bonnie y Clyde una de las obras que dieron el pistoletazo de salida para el movimiento del Nuevo Hollywood, del que Bogdanovich fue también impulsor, junto con nombres como Coppola, Friedkin o Polanski. Erudito cinematográfico y apasionado de la Edad de Oro de Hollywood (la comprendida entre los años diez y los sesenta), el director firma una cinta, como su anterior La última película (1971), que destila nostalgia y modos clásicos, resaltados ambos componentes por un elegante blanco y negro que encaja a la perfección con las carreteras infinitas y la aridez del paisaje del Medio Oeste americano.

Veinte años después, encontraremos ecos de esta cinta en la emotiva Un mundo perfecto (Clint Eastwood, 1993), la historia de un preso huido que se ve obligado a secuestrar a un niño de seis años con el que acaba entablando una amistad. Otra historia de infancia modelada por el mundo de los adultos. Pero el prisma bajo el que se enfocan ambas es bien distinto. Y la audacia de Luna de papel está en hacer que la tozuda de Addie Loggins no solo cale en un tipo duro por su capacidad de recordarle lo que de verdad importa, sino que logre ganarse su respeto gracias a su inteligencia y su valor. Que consiga que la vea como a un igual y la quiera por lo que ella es y no por lo que le hace ser a él a su lado. Y todo en una película concebida para el más puro entretenimiento.
 
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