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Los cursillos anti-Trump de 'The good fight'

  • En un ambiente político surrealista, los creadores de la serie y sus personajes reflexionan sobre qué tácticas son legítimas para frenar a la extrema derecha
  • En verano, infoLibre recupera algunas de las mejores ficciones televisivas de la temporada que quizás hayan quedado sepultadas en la avalancha de estrenos 

Publicada el 27/07/2019 a las 06:00
Imagen promocional de la tercera temporada de 'The good fight'.

Imagen promocional de la tercera temporada de 'The good fight'.

CBS
No le suele ir muy bien en las nominaciones a los premios Emmy o los Globos de Oro –ni siquiera la actriz Christine Baranski ha conseguido una estatuilla por su fantástica Diane Lockhart—, pero The good fight probablemente sea la serie de ficción que más y mejor esté hablando de las consecuencias políticas, humanas y morales de la presidencia de Donald Trump. A veces con más acierto que otras, pero siempre de manera valiente, urgente y elegante. Y todo eso lo premian los espectadores, y también su renovación para una cuarta temporada, a pesar del reciente desencuentro entre los creadores de la ficción, el matrimonio formado por Robert y Michelle King, y la cadena que la emite, la CBS.

En esta tercera entrega, estrenada en marzo y disponible en Movistar+, los personajes han empezado a asumir una nueva victoria de Trump en las presidenciales del 2020; propuesto una argumentación jurídica para el (esperado para muchos)  impeachment, fantaseado con la veracidad de un vídeo sexual del mandatario y un grupo de prostitutas grabado en Moscú y con la voluntad de Melania Trump de divorciarse; además de plantear la legitimidad de pegar a un nazi. Esto último, lo hizo el personaje de Jay Dipersia (encarnado por Nyambi Nyambi) mirando a cámara, dirigiéndose directamente a los espectadores: "Me enseñaron que nunca hay que dar el primer golpe, que nunca hay que incitarlo. Defiéndete, pero no ataques. Pero, entonces, vi el vídeo del nacionalista blanco Richard Spencer siendo golpeado durante una entrevista. Me di cuenta de que Spencer llevaba un traje planchado y una corbata, y estaba siendo entrevistado como si su opinión importase, como si debiese ser considerado parte de la conversación, como si los neonazis fueran solo un punto de vista político. [...] Algunos discursos necesitan una respuesta más visceral. Es hora de pegar a unos pocos nazis". La escena se hizo viral y acabó siendo atacada por la web de noticias falsas Infowars. 
 
Si no le gustan mis principios, tengo otros... en China

Sin embargo, la gran paradoja de la tercera temporada fue el cartel con la leyenda "CBS ha censurado este contenido" que se pudo ver durante ocho segundos. Muchos espectadores pensaron que había sido otro giro cómico más de la serie. Pero nada que ver. Según contó la crítica de televisión Emily Nussbaum en The New Yorker, fue una solución "creativa" al veto, por parte de CBS, de los habituales sketches animados que explican algunos contenidos de la trama (como por ejemplo, el impeachment o cómo funcionan las granjas de trolls). Robert y Michelle King amenazaron con dejar de hacer la serie y el cartel fue el acuerdo de mínimos entre ambas partes. ¿El contenido censurado? Una crítica contra la hipocresía de las compañías estadounidense que, seducidas por el mercado chino, aplican las mismas censuras que su Gobierno mientras en Estados Unidos ejercen como adalides de esas mismas libertades.

Lo más curioso es que la predecesora de The good fight, The good wife, fue censurada por el Gobierno chino en 2014, probablemente, apunta Nussbaum, en represalia por un episodio en el que la empresa ChumHum (un buscador como Google) es demandada por un disidente chino, encarcelado y torturado después de que fuese revelada su dirección IP.

Con todo este batiburrillo de tramas y una guerra abierta contra la alt-right, esta tercera temporada de The good fight ha sido, con mucho, la más atrevida de toda la producción, además de una de las ficciones más destacadas de lo que llevamos de año. Si se ponen a un lado el hiperbólico personaje de Blum y la paranoia pro-Trump y anti-Trump –"No solo es hacer sátira a partir de Trump, sino también satirizar la reacción de la izquierda frente a Trump", explicaba Robert King en El País—, las mejores derivas narrativas de la serie han sido las menos macropolíticas, es decir, aquellas que hablan del presente (las agresiones sexuales, el racismo, el dilema de cómo enfrentarse diariamente en la calle a los discursos de odio) sin envoltorios metafóricos ni una necesidad forzada de quedar bien.
 
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