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¡A la escucha!

Mismo guion

Helena Resano nueva.

Ellos llevan días cumpliendo un guion que, como decía Mikel Ayestarán, corresponsal en la zona, se conocen muy bien. Israel provoca, Hamás contesta y, de nuevo, Israel amenaza y masacra. Y así llevan días, cruzándose órdagos, ultimátum, y muchos cohetes y bombas que sólo dejan muertos y muchísimo dolor. Los muertos duelen todos igual, la del hijo pequeño y la del padre, los de un lado y los del otro. Y sólo viéndolo, escuchándolo, podemos entender desde aquí cómo ese conflicto tan viejo como la ciudad de Jerusalén sigue dejando vidas destrozadas y mucho odio en cada enganchada de unos y otros.

En el primer bombardeo de Israel tras los primeros cohetes lanzados desde la franja de Gaza murieron 9 niños. La foto de los cadáveres de dos de ellos, en la morgue, junto a sus padres, rotos de dolor, se coló en varios periódicos al día siguiente. Dos niños que seguramente no entendían qué estaba pasando, ni siquiera sabían por qué había empezado esa escalada de violencia. La foto era extremadamente dura, extremadamente real: el rictus de los dos niños era de espanto, uno de ellos mantenía todavía los ojos abiertos.

Al día siguiente, nos llegaba otra de esas imágenes que te destroza: en el entierro de una de las víctimas palestinas, se veía cómo el cortejo iba recorriendo las calles. La cámara seguía a un niño, de no más de 8 años, correr entre la gente, intentando colarse entre el tumulto. Algunos hombres le sujetaban, le bloqueaban el paso, pero él lograba zafarse hasta llegar a los pies de quienes portaban el féretro: el que había muerto era su padre, y el crío, sollozando, desconsolado, sólo quería despedirse de él.

Sin Photoshop, gracias

Sin Photoshop, gracias

Ni ese niño ni los que han muerto estos días por este guion aprendido de Hamás e Israel, saben por qué empezó toda esta espiral de dolor y de muerte. Les queda muy lejos el origen, absurdo y desproporcionado de todo esto. 4 casas, 4 inmuebles del centro de Jerusalén que las autoridades decidieron expropiar a familias palestinas para dárselas a familias israelíes. Una ley ampara este tipo de acciones, incomprensibles. Y que desataron una ola de protestas que fue creciendo y creciendo hasta llevarnos a donde estamos ahora.

Una decisión política que genera de nuevo un odio muy difícil de revertir entre vecinos. Las imágenes de enfrentamientos en las ciudades en las que unos y otros comparten vida, calles, su día a día, es lo peor de esta situación: árabes contra judíos y judíos contra árabes, contra gente con la que comparten parada de bus, cola de supermercado…La convivencia ha saltado por los aires. Linchamientos, apuñalamientos… Se ha resucitado un odio aplacado en los últimos años a duras penas. El mayor error, el fracaso de todo esto es que ese odio se ha vuelto a sembrar en el corazón de ese niño que corría tras el féretro de su padre o de ese pequeño que lleva días y días sin poder dormir, escuchando las sirenas antiaéreas o los bombardeos en su barrio.

Unos y otros saben cómo termina este guion ensayado muchas veces y llevado a la práctica otras tantas. Saben cómo pararlo y saben cómo no empezarlo. Insistir en sembrar el miedo, el rechazo y el odio del que está en frente es sumamente irresponsable y peligroso. A ver si este capítulo lo acaban incluyendo en ese guion que se empeñan en repetir una y otra vez.

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