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Verso Libre

La actualidad es una paradoja

La realidad española está marcada por dos evidencias: resulta claro que hace falta cambiar muchas cosas y resulta claro que hay presiones muy fuertes para que no cambie nada. Necesitamos cambiar una inercia que ha desacreditado las instituciones públicas y ha provocado una desigualdad económica incompatible con la justicia social. Al mismo tiempo, sufrimos de forma obscena el espectáculo de unas élites que rompen sus propios límites en favor de asegurar la quietud en el fango. El choque de dos energías claras no duplica las claridades, sino que provoca confusiones y paradojas en la piel de la actualidad.

Quizá siempre es así. El destino tiende a vestirse de paradoja. Los conservadores suelen ser mucho más revolucionarios que los progresistas cuando quieren salirse con la suya. La cúpula de la Iglesia católica hace muchos siglos que dejó de creer en Dios. Como nos advirtieron Shakespeare y León Felipe, a la hora de respetar a los muertos nadie es menos indicado que un sepulturero.

Esta inercia general se acentúa en épocas de crisis y llega hasta cualquier rincón de las conversaciones. Las paradojas surgen aquí y allí como las setas en los bosques lluviosos. Podemos poner algunos ejemplos que marcan el paisaje político español.

1.- Nadie está haciendo más en favor de la independencia real de Cataluña que los que se declaran defensores de la unidad de España.

2.- Felipe González, el gran personaje del PSOE, es la persona que más está haciendo para destruir al PSOE.

3.- Claman en favor de la libertad de expresión aquellos que más manipulan las informaciones y que más control ejercen sobre la opinión pública a través de actitudes irresponsables y sin escrúpulos.

4.- Se considera trasnochado y abstracto denunciar la influencia de las élites económicas sobre las decisiones políticas, cuando el lobby financiero se ha convertido en el gran protagonista de la planificación del futuro y cuando es más notable que nunca la inversión de los bancos en medios de comunicación para escribir la realidad.

5.- Se presentan a sí mismos como personas sensatas, moderadas y responsables aquellos que necesitan manipular los datos y los hechos de forma radical para argumentar sus posturas.

6.- Se intenta definir como radicales a todos los que procuran mantener una firmeza democrática basada en las viejas palabras: libertad, igualdad y fraternidad.

7.- En nombre de la política, asistimos a la liquidación de la política. El poder democrático es un bien público que se desmantela igual que la sanidad y la educación. Si la ley del seguro privado sustituye al servicio público, la exigencia del lobby se convierte en la gestora de las organizaciones políticas.

8.- La cúpula socialista somete la discusión sobre su futuro como partido político a una figura de otro partido: Mariano Rajoy.

Bajo la bruma de las paradojas, opinar significa matizar. El sí, pero no se transforma en un aliado imprescindible a la hora de elegir aquello sobre lo que se quiere opinar. Y es que hace falta elegir, no dejarse arrastrar por el vértigo de las discusiones. Con mucha frecuencia, conviene salirse de disyuntivas tramposas para fijar bien el sentido de lo que está en juego.

Hablemos, por ejemplo, de libertad de expresión. Sí, es verdad que no es bueno que unos estudiantes impidan la celebración de una conferencia en un recinto universitario. Sí, pero no…, porque ahí no está situado el verdadero debate sobre la libertad de expresión. El síntoma grave se agita en una prensa domesticada que convierte una humilde protesta estudiantil en un atentado gravísimo contra los cimientos de Occidente. Y algo más: la apatía, el silencio, la indiferencia y la burocratización de los estudiantes son más peligrosos para un saber democrático que un pequeño exceso contra la soberbia del poder.

Hablemos, por ejemplo, de Felipe González. Cuando Pablo Iglesias recordó la cal viva utilizada para enterrar a las víctimas del terrorismo de Estado, nos dio una sorpresa desagradable a todos los que deseábamos una alternativa para expulsar al PP del Gobierno. Rajoy descansó esa noche a pierna suelta. ¿Fue un error de Iglesias? No sé…, depende de lo que él quisiera conseguir. La escena se ha repetido en las conversaciones desde distintos derroteros hasta el punto de que ahora resulta necesario acudir al sí pero no. Sí, es verdad que Iglesias estaba facilitando el camino a los barones del PSOE para desembocar en la gran coalición; pero no olvidemos por eso la gravedad de unos hechos inaceptable. Bajo el Gobierno de Felipe González, se torturó y se asesinó manchando de cal viva y de sangre la democracia española.

No creo que un personaje como Felipe González sea un buen ejemplo de ética política para los estudiantes universitarios. Sus fieles lo consideran más prudente y sabio que los militantes socialistas que quieren ser socialistas. Otra paradoja. Algunas personas consideran que es un acto moderado negar la realidad, empeñarse en no ver las relaciones de Felipe González con el mundo del dinero, sus esfuerzos por conseguir una gran coalición con el PP y su manera de confundir la política con la mentira calculada y el cinismo. Disfrazan de rumor maligno cualquier evidencia. Pero ya digo, vivimos en la paradoja. Abundan las gafas oscuras, los burkas en las conciencias y las vendas en los ojos. Hay personas tan moderadas que no dudan en asumir con una disciplina radical la defensa de lo descabellado.

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