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Aquí me cierro otra puerta

La lista

Quique Peinado nueva.

Un viejo amigo mío, viejo porque somos amigos desde hace 20 años y porque tiene mi edad, está en la UCI. Covid-19, sí. Mis años, un poco de menos cuidado con su dieta que yo, una vida como la mía. Lo pilló y acabó boca abajo con un tubo dentro de su garganta. Ya está boca arriba, dando pasos lentos pero parece que esperanzadores para recuperarse. O no, supongo, pero todos los que lo conocemos y lo queremos, que es acojonante cuántos somos, estamos en vilo. Literalmente con el alma encogida. Esperando cada día un mensaje. El de la lista.

Uno de sus cientos de amigos, una de las personas que lo quiere como se merece, porque mi amigo es una de esa gente a la que todo el mundo adora y con razón, ha hecho una lista de distribución en la que cada día manda un mensaje con las novedades sobre su estado. Ahora son positivos, la verdad, y cada vez que los leo se me destensa un poco el nudo en el alma. Pero es duro estar en esta lista, tener a alguien a quien quieres luchando por vivir y no poderte siquiera acercarte a verlo o a decirle a su madre que si necesita algo. Es duro porque quien más, quien menos, todos y todas nos hemos visto en una situación parecida a esta este año. Porque cansa.

Cuando quien lo está pasando es alguien que, literalmente, podrías ser tú, la vida se empieza a ver de otra manera. Primero, porque el sufrimiento es un revulsivo tremendo para todo. Te revuelve. Y el miedo, también: tengo muchísimo miedo de que un día el mensaje que llegue no sea bueno. Y segundo, porque, por muy egoísta que sea (que lo es), uno se tienta la ropa. La pandemia es un drama tremendo. He vivido casos cerca que me han hecho pasarlo realmente mal. Pero es el primero que podría ser yo. Y es horroroso.

Creo que es bastante racional pensar que mi amigo se va a recuperar. Lo creo y quiero creerlo, que no siempre es una dualidad compatible con la realidad. Quiero que se recupere para que dejemos de aplazar la cena que tenemos pendiente y nos veamos. Para decirle que le quiero, para contarle (aunque ya lo harán antes que yo) la cantidad de gente que se ha preocupado por él, los que necesitaban estar en la lista, los que esperaban el mensaje de cada día diciéndonos que todo iba a salir bien. Quiero que pueda leer esta columna. Quiero volver a escribir sobre él sin que me suba la ansiedad por el pecho.

Y también quiero dejar de estar en la lista. Que deje de haber listas. Que este mundo tan tremendo que hemos reconstruido por la pandemia, de preocupaciones, miedos, angustia y falta de contacto humano, se acabe. Que todo vueva a ser medio normal. O, al menos, que deje de ser así.

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