Mi mundo muy oscuro Aroa Moreno Durán
Versión palurda de lo de Lutero en Wittenberg: en la puerta de una parroquia de Sagunto, unos zagales han claveteado la única tesis para la que les da la mollera: "Chicas no". Trescientos ochenta tíos han dirimido la cuestión con sorprendente resultado: aquí las mujeres no pintan nada. Los cofrades apechugan con el revuelo: son nuestras tradiciones, bla bla blá.
El argumentito es de mis preferidos. "Siempre se ha hecho así", la falacia más tonta de la humanidad. Me pregunto si los saguntinos se alivian el dolor de cabeza con sanguijuelas y conjuros, si viajan en carreta o si el telégrafo les parece un adelanto diabólico. No es la primera vez que pasa. Antonio Burgos, a quien Dios perdone, creyó pertinente advertir al mismísimo arzobispo de Sevilla de las acechanzas del hembrismo. ¡Buuuh! Preserve, por caridad, el "tesoro inmaterial de las cofradías como toda la vida, sin señoras, sólo con señores de nazareno". Que con semejante prosa se pudiese vivir del columnismo, válgame el Señor.
No hace falta apretarse las meninges para demostrar que cualquier tradición inmemorial es de ayer por la tarde, y que todas sirven para mantener un estado de las cosas que conviene a los de siempre. No hace falta, digo, porque abundan los estudios al respecto; y si no tienen lectura para el puente háganse con el librito de Hobsbawm (La invención de la tradición, 1983), que, aunque verse sobre las costumbres de la Gran Bretaña, tanto monta, monta tanto.
Me crispa la tibieza. Empeñados en venerar el tarro de las esencias, hagámoslo sin trilerismo: recuperemos nuestras tradiciones y rompamos con la Santa Romana Iglesia. Hagámonos arrianos, carajo; como los godos, que para eso nos cristianizaron. ¿Que Cristo es Dios? ¡Desde cuándo! Al cuerno el homoousios, el concilio de Nicea, los cánones de Toledo y demás moderneces. ¿Y la misa? Ni latina ni leches: mozárabe, con denominación de origen.
En una parroquia de Sagunto, unos zagales han claveteado la única tesis para la que les da la mollera: "Chicas no". 380 tíos han dirimido la cuestión con sorprendente resultado: aquí las mujeres no pintan nada
Que las hermandades vuelvan a ser gremiales y que los pasos los saquen cargadores a jornal cocidos hasta las cejas en vino peleón. Vengan ayunos y abstinencias, indulgencias compradas a dos duros, juicios por ordalía y familiares del Santo Oficio acechando por las esquinas a los traviesos judaizantes. Digo más: ya puestos, recuperemos los cultos paganos, vistámonos con togas y bisutería del Carambolo, y cambiemos las mantillas por los redondeles de la Dama de Elche.
Quisiera que algún integrista del atavismo me aclarase en qué recuadrito del calendario empieza lo de "como toda la vida". Me imagino que los tíos se lo habrán pensado: sería muy decepcionante que tras tanta palabra solemne solo hubiese una misoginia gañana. Por cierto, y por rematar el cuento, el arzobispo de Sevilla dio nones a don Antonio, y ordenó que las cofradías con olor a Brummel permitiesen a las señoras ponerse el capirote. Hay que ser muy retrógrado para que un propio con mitra te llame carca. En el caso valenciano, según leo, está interviniendo el ministerio de Igualdad y el monseñor con mando en plaza prefiere no emitir un decretazo. La Iglesia católica respetando la autonomía ajena, qué wokismo intolerable.
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