Cobarde con causa

Una bandera de jamón ibérico

Juan Herrera

Los ricos no se privan de nada. Según un estudio reciente elaborado por la Academia de Ciencias de California y publicado en Biology Letters, en las zonas residenciales hay más variedades de insectos que en los suburbios. Es el llamado "efecto lujo", según el cual hay más especies de vegetales, aves, lagartos y murciélagos en las zonas ricas que en las pobres.

Tras estudiar distintos casos, los investigadores americanos llegaron a la conclusión de que, en una casa donde el ingreso anual es de 33.000 dólares, existen en torno a 74 familias de artrópodos, mientras que en los hogares con ingresos mayores a 176.000 suele haber más de 105 especies.

Y es que la riqueza de un territorio tiene consecuencias insospechadas. Siempre se dijo que ser rico era tener dinero, mucho dinero. Nunca se había dicho que ser rico fuera tener muchos artrópodos.

Tampoco se ha dicho que ser rico fuera una consecuencia de Google Maps, y sin embargo, así lo parece. En casi todos los países el norte es rico y el sur no. Los habitantes del sur son alegres, vitales y según el tópico acuñado por los del norte, vagos y ladrones. Seguramente por eso, como castigo, en el sur tienen terremotos, ciclones y volcanes.

Los del norte por el contrario, son serios, ordenados, trabajadores y por lo tanto, ricos, aunque con crisis bancarias. Y las consecuencias son deducibles, los ricos para seguir siéndolo, quieren separarse de los pobres. No es frecuente que una región pobre quiera independizarse de una región rica. El nacionalismo es como los artrópodos, se da más donde hay más dinero. En las olimpiadas vemos que hay atletas negros nacidos en las regiones más pobres del mundo que defienden con orgullo la bandera de sus naciones de acogida del norte.

Debe ser que los etíopes, kenianos o sudaneses tienen hambre y por lo tanto son escasamente nacionalistas. En sentido contrario, no es frecuente ver a nadadores o gimnastas alemanes, franceses, o eslovacos, de segundo nivel, participar en una cita olímpica bajo las banderas de Senegal, Jamaica o Isla Mauricio. Prefieren no ir jamás a una olimpiada en vez de acudir representando a un país pobre. Ni dopados se les pasa por la cabeza.

En España cada vez que en una competición deportiva sale nuestra bandera tenemos el “efecto ensaimada”. A vueltas con su destino, los movimientos centrífugos de Cataluña y el País Vasco les colocan ante una paradoja. Al ser regiones del norte, se consideran regiones ricas. El problema es que estas regiones ricas de nuestro norte, para las regiones ricas del norte de Europa, son regiones del sur. En consecuencia, tantas ganas tienen nuestras regiones de separarse de nuestros sureños, como las regiones ricas del norte de los suyos. ¿Qué hacer entonces?

Según las últimas estadísticas, cuatro de cada diez españoles son partidarios de nuestra unión con Portugal. En Portugal, según acaba de publicar el Instituto Elcano en su último barómetro, el 68% de los portugueses estarían de acuerdo en que España y Portugal alcanzaran alguna forma de unión política ibérica.

Si nos aplicamos la máxima de José Mota, “las gallinas que entran por las que salen”, dejemos a nuestras regiones ricas, si esa es su voluntad, pasar a ser pobres al lado de las regiones ricas de Europa. Unámonos a Portugal, hagamos con jamón del bueno una gran bandera ibérica y esperemos a que las poblaciones de artrópodos, lagartos y murciélagos vuelvan a repoblar nuestras macetas.

Un grillo llamado 'Puigdemón'

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