De Aragón al purgatorio: algunos mensajes claros a derecha e izquierda

Dos notas previas:

  1. Desde el verano, Feijóo y Abascal han mantenido encuentros presenciales y han intercambiado mensajes a menudo. Con Aznar de por medio. Ninguna de las partes lo niega. ¿Sobre qué? No informan, pero no parece arriesgado deducir que la cronología electoral autonómica diseñada en cuatro estaciones (Extremadura, Aragón, Castilla y León y Andalucía), que busca marcar un calvario de desgaste de Pedro Sánchez a lomos del atizado odio antisanchista, ha sido acordada o consentida entre PP y Vox, con una clave ya indisimulada: Feijóo asume que su llegada a La Moncloa será del brazo de Abascal… o no será (ver aquí).
  2. Pocos días antes de este domingo de elecciones en Aragón, resultaba impactante –y muy triste– recorrer algunas de las principales avenidas de Zaragoza y ver en cada farola un cartel con sendas fotografías de Jorge Azcón y Pilar Alegría bajo un eslogan: ¡Que no te estafen! Ese era el eje de la campaña de Vox: insistir en que PP y PSOE forman “una misma mafia estafadora”. Un segundo cartel colgado del otro lado de la farola pedía el voto a Vox con las fotos de Santiago Abascal y Alejandro Nolasco. El postureo no tiene límites, ni siquiera cuando roza la línea del Código Penal. Vox actúa con el PP como un maltratador con su víctima: la insulta y la denigra convencido de que no se atreverá a denunciarle ni a alejarse de él. 

Los resultados de Aragón (ver aquí) difieren muy poco de los pronósticos de las principales encuestas: el PP gana pero fracasa en su intento de instalar un relato de crecimiento galopante. Como en Extremadura, Feijóo vuelve hacer un pan como unas hostias (ver aquí). La excusa de estos adelantos electorales procedía –supuestamente– de la imposibilidad de entenderse con Vox y de la necesidad de reforzar sus posiciones en los parlamentos para depender menos de la extrema derecha. Jugada redonda: Vox vuelve a duplicar su resultado, así que Azcón necesita a Nolasco aún más que antes de su –aparente– ruptura, lo mismo que en Extremadura Guardiola depende todavía más de su íntimo enemigo. 

Los de Abascal reciben apoyos desde el PP, desde la abstención e incluso desde la izquierda. El patadón antisistema (¡todos a la mierda!) triunfa, y con más intensidad entre los nuevos votantes, jóvenes que identifican la rebeldía natural de su condición con una opción que receta soluciones imposibles y simplonas para problemas muy complejos, espoleada además por un ecosistema mediático que constantemente compra y replica los marcos de debate basados en medias verdades o falsedades completas, cuando no directamente infamias y bulos.

El castañazo del PSOE es el previsto, algo menor que el más temido en los últimos días. Pilar Alegría pierde sin caer por debajo del mínimo de 18 escaños que obtuvo el difunto Lambán en 2015. No es consuelo, ni evita la extensión en las filas socialistas de la honda preocupación en comunidades y alcaldías ante ese calvario diseñado por las derechas en el que van cayendo piezas una tras otra mientras Sánchez resiste vaya usted a saber hasta cuándo. Esa personalización de los fracasos electorales en el presidente del Gobierno no puede sorprender cuando cada campaña vuelve a abordarse en clave abrumadoramente nacional. No solo porque Sánchez lo provoque, sino porque las derechas lo proclaman (el propio Azcón lo pregonó en mitad de la campaña aragonesa: “Hay que sacar a Sánchez de La Moncloa”. Por lo que sea… volverán pronto las golondrinas de la rumorología: ¿debería Sánchez adelantar elecciones generales cuanto antes, por ejemplo a junio –coincidiendo con las andaluzas– para frenar la “sangría” territorial? ¿No sería más lógico hacerlas coincidir, ya en 2027, con las municipales y autonómicas restantes, puesto que esta situación excede incluso el ámbito netamente electoral y parece conducir a una batalla política final y decisiva que no es ya entre izquierda y derecha sino entre demócratas y autoritarios? Si alguien duda acerca de los riesgos democráticos que afectan al sistema, puede repasar la sentencia que ha condenado a todo un fiscal general sin que asome en la misma una sola prueba indubitable, sino más bien al contrario (ver aquí).

Vox actúa con el PP como un maltratador con su víctima: la insulta y la denigra convencido de que no se atreverá a denunciarle ni a alejarse de él

Los resultados de Aragón, leídos en clave nacional, también contienen algún mensaje nítido: duplica su resultado la Chunta Aragonesista, que es el otro triunfador de este domingo. Recuerda –salvando las distancias y las identidades de ambas comunidades– lo ocurrido en Galicia con el ascenso del BNG: crecen las formaciones pegadas al territorio, percibidas como más ocupadas y preocupadas por los problemas reales que quienes se confunden en el griterío del Parlamento estatal o en los debates televisados que reproducen –y amplifican– ese puro ruido. La Chunta –lo confirmarán los estudios postelectorales– ha arañado apoyos en el espacio del PSOE y del resto de la izquierda. Mantiene presencia también Aragón Existe aunque pierda un escaño. Y mantiene un escaño IU-Sumar, mientras Podemos se queda sin representación. Estaba cantado que la división a la izquierda pasaría factura, por mucha confianza que algunos tuvieran en esa barrera del 3% de voto, menos exigente que en Extremadura (ver aquí).

Esta última clave tiene todo que ver con el futuro de la citada madre de todas las batallas (electorales) a escala nacional. Por más que el PSOE resistiera en un suelo digno frente a sus propios errores y las campañas de odio contra el “sanchismo”, no habrá opción alguna a repetir un Gobierno de coalición progresista si no se impulsa cuanto antes el espacio a su izquierda, con o sin un Podemos cuya fuerza principal parece en cada hito más concentrada en Madrid. Y ese urgente reseteo pasa por tener en cuenta la realidad plurinacional de este país y la necesidad de un proyecto y un liderazgo que congreguen el apoyo de fuerzas de ámbito territorial pero decididas a enfrentar la evidencia de que la extrema derecha empuja a un PP sumiso y desorientado hasta el poder, sin descartar la ambición de un sorpaso. Y una vez allí, ¿qué diferencias reales hay entre ambos en derechos y en políticas económicas y sociales? Ni en Extremadura ni en Aragón ni en ninguna parte se produce una discusión entre PP y Vox acerca de su común catecismo neoliberal. Ese que interesa a los tecnojetas que esta misma semana se han lanzado también al cuello de Sánchez por anunciar medidas reguladoras que frenen su insaciable voracidad antidemocrática (ver aquí). 

Vivimos un cambio de época absolutamente decisivo en el mundo y en España. Y no es ninguna exageración advertir que nos jugamos el futuro de varias generaciones y de la propia forma de convivencia. No es momento de sectarismos ni de envolverse en la melancolía o el derrotismo. Las fuerzas de progreso deben llenar de contenido su compromiso democrático para dar soluciones a temas capitales como la vivienda o la desigualdad y para no aceptar esa bobada de que “no se pueden poner puertas al campo”. En tiempos de capitalismo salvaje y global, ya vamos tarde a la hora de poner pie en pared ante quienes utilizan la oscuridad tecnológica para dominar gobiernos y parlamentos. Hay quienes van haciendo llamamientos para recomponer esa izquierda a la izquierda del PSOE (ver aquí) sin la que no es que sea imposible la supervivencia de Sánchez, sino la de cualquier opción de gobierno progresista que atienda a una idea de España plural y diversa. Seguro que surgirán más ante la certeza de que ese calvario diseñado no tiene por qué aceptarse como un sacrificio inevitable. 

Y si no, una vez más, nos queda Portugal (ver aquí).

Dos notas previas:

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