@cibermonfi

Ayudo a mi Señor

“Ni quito ni pongo rey pero ayudo a mi Señor”. ¿No les parece que esta frase, atribuida al pérfido Du Guesclin y su intervención en una querella dinástica castellana del siglo XIV, bien podría ser el lema de Albert Rivera? ¿Para qué otra cosa que servir a su Señor fue lanzado Ciudadanos al mercado político español el pasado año? ¿Qué esperan de ese grupo sus padrinos sino que apuntale el statu quostatu quo donde, cuando y como sea menester?

Lo hizo ayer votando a la candidata del PP, Ana Pastor, a la presidencia del Congreso, a cambio de dos poltronas en la mesa de ese organismo. Y volverá a hacerlo este mismo verano facilitando de uno u otro modo que Mariano Rajoy no tenga que mudarse de La Moncloa. Las dos cosas en aras de la gobernabilidad, la razón de Estado, la sagrada unidad de España, la tranquilidad de los mercados financieros y todas esas cosas que preocupan a su Señor.

Que conste que a mí no me parece mal que exista en España un centroderecha aseadito, un nuevo grupo que quiebre el monopolio de todas las derechas españolistas, desde la extrema a la moderada, que ha ejercido el PP en los últimos lustros. Lo que me parece fatal es que me tomen por tonto e intenten vendérmelo como regeneración, cambio, progreso y modernidad indiscutibles. Es lo que hizo Pedro Sánchez en la pasada y breve legislatura con tal de no girar a la izquierda y entenderse con Podemos. Permítanme los amigos del PSOE insistir en que la zafiedad era gruesa.

Josep Oliu, presidente del Banco Sabadell, lo dijo alto y claro en junio de 2014. Los grandes empresarios y financieros necesitaban lanzar al mercado “una especie de Podemos de derechas”, un grupo que defendiera sus intereses pero que pudiera ser presentado como una novedad. Con dirigentes jóvenes, guapitos y, de ser posible, no embadurnados de corrupción.

La palabrería huera ensayada por Rivera en el ámbito catalán bien podía extenderse al español: en el centro está la virtud, si todos remamos unidos llegaremos más lejos, hay que hacer retoques sin derribar el edificio, los empresarios son los que crean empleo, Adolfo Suárez era buenísimo y la Transición resultó ejemplar, si no te gusta España vete a Venezuela… Con un tono naranja, siempre alegre y veraniego, y una buena campaña de propaganda en las teles, los dinosaurios impresos y las empresas de sondeos, la cosa podía funcionar.

Funcionó, aunque peor que lo que preveía el Señor. Ciudadanos rascó menos que lo soñado por Metroscopia en las municipales y autonómicas y en las generales de 2015. En los dos casos Podemos le pasó por delante. El “viaje al centro del oportunismo” con el que titulaba tintaLibre su edición de noviembre, empezaba a ser demasiado evidente. Ciudadanos servía de muleta allí donde el sistema lo necesitaba: igual afianzaba al PSOE de Susana Díaz en Andalucía que al PP de Cristina Cifuentes en Madrid. Luego, ya en este año, su matrimonio en Las Vegas con Sánchez desilusionó a bastantes de sus votantes conservadores de toda la vida, que regresaron al PP.

Tiene razón Benjamín Prado cuando pone a Ciudadanos como ejemplo de tacticismo, ese neologismo que suena a “una mezcla de táctica y cinismo”. Rivera, recuerda Prado, se pasa por el forro sus propias “líneas rojas”, y, en menos que se tarda en contarlo, “sustituye un veto a Rajoy por un todo por la patria”. Pues sí, querido Benjamín; estoy seguro de que a ti tampoco te sorprende.

El desenfadado Rivera sólo tiene una verdadera “línea roja”, aquella para cuya defensa fue promovido a bombo y platillo: que no avancen los que proponen una auténtica reforma a fondo del edificio. La monarquía, la Constitución del 78, la unidad de España tal y como está regulada ahora, el beneficio privado, los intereses del Ibex 35, la buena opinión de Bruselas, Berlín y Wall Street, todo eso es intocable, a ver si acabáis por entenderlo. El resto, por supuesto, es negociable. Dos poltronas, por ejemplo, pueden servir para iniciar una gran amistad.

Granada, 2 de enero

Más sobre este tema
stats