La melenita de Aznar

Cada vez que Aznar da un golpe de melena, sube el pan. Lo que dice no tiene nunca desperdicio, sienta cátedra, como buen ex presidente entrado en años. Su pelazo es tan fascinante como sus palabras. Si en el equipo de los Sorayos había apuestas sobre si Rajoy se teñía o no la cabellera, aquí también hay dudas. Será natural ese tono tirando a azabache que luce como si fuese de la pandilla de cachorros millonarios de su hijo Alonso, con los que tiene en común una melena con movimiento que es síntoma inequívoco de pedigrí. Son todos muy reconocibles por cómo les cae el flequillo largo sobre el ojo derecho y el savoir faire con que lo apartan.

Pues esta semana ha tocado atusarse el pelo en público. José María ha llamado a derribar el muro de Sánchez logrando una “amplía mayoría centrada porque nos jugamos un cambio de sistema”. Qué manera de dar en el clavo. En caso de que PP y Vox gobiernen se avecina un cambio de sistema, como sabe todo demócrata asustado con su posible llegada al poder nacional. El viaje al centro que algunos han interpretado que pide, y al que según su lógica deben sumarse para lograrlo también las izquierdas, tiene escasa credibilidad, ahora que el alma de extrema derecha latente en el PP se luce como una medalla en la solapa.

Los ataques de la derecha para revertir el marco constitucional son constantes desde que Sánchez llegó al poder. Jamás aceptaron el resultado electoral. Y desde entonces andan buscando cómo deslegitimar el poder ejecutivo y también el legislativo que emana del parlamento, que es donde se aprueban leyes siempre que exista una mayoría. Parece una obviedad, pero han conseguido instalar la peligrosa idea en gente de izquierdas que presume de pureza virginal de que el presidente del Gobierno es un okupa ilegal de la Moncloa. No las tienen todas consigo, es evidente. Las encuestas les hacen dudar de si serán capaces de gobernar con un candidato tan poco querido. Feijóo, que no ha logrado ni hacerse un hueco en los corazoncitos de sus votantes, cómo va a pretender tocar a los demás.

Aznar no es el mesías, algunos le consideran su dios y al Supremo sus apóstoles

La naturalidad con que han asumido la prioridad nacional que Vox ha copiado a Jean-Marie Le Pen, de dudoso encaje en la Constitución porque choca con el principio de igualdad, es solo un ejemplo de la incapacidad actual del PP para situarse en el centro. Los ataques contra la regularización de inmigrantes en marcha o con la ley de Nietos aprobada en el 2022 por el Congreso, comparten un enfoque coincidente entre ambos partidos, que demuestra su sintonía e impide distinguir el discurso de uno y de otro. Por eso Aznar ha hecho uso de su hairografía. Él, que en su día regularizó a más de medio millón de inmigrantes, quiere marcar ahora el ritmo con su cabellera. Cuando era presidente y lo hacía tenía un sentido patriótico incuestionable. Si es iniciativa de Sánchez, en cambio, el objetivo es engordar el censo electoral con potenciales votantes socialistas.

Como si los inmigrantes no eligieran las papeletas de Vox o del PP. Solo hay que observar al electorado latino en Estados Unidos, que ha sido clave en la elección de Trump, quien obtuvo el mayor porcentaje de voto proveniente de este colectivo a un republicano en 2024. A qué pitonisa habrán consultado para presuponer que los descendientes de quienes huyeron de España en la posguerra, no sólo por sus ideas políticas sino también por la necesidad de dar de comer a sus familias, votarán a la izquierda. No hace falta irse tan lejos para conocer a hijos de padres progresistas simpatizantes de Vox. Lo que buscan con sus proclamas es sembrar dudas sobre el sistema democrático, desestabilizar, seguir construyendo esa realidad paralela en la que nuestro país está al borde del colapso y a un paso de convertirse en una dictadura. Aznar no es el mesías, algunos le consideran su dios y al Supremo sus apóstoles.

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