El espía que surgió de Sol Pilar Portero
‘Entre los muros de la antigua Dirección de Seguridad durante la dictadura, donde aún resuenan ecos de torturas y abusos, la enigmática presidenta de la Comunidad de Madrid, asistida por su oscuro jefe de Gabinete, planea cómo salvar el pellejo de su amante. Hay que evitar a toda costa la demostración del entramado urdido para que el gigante sanitario que más ingresa del Gobierno regional devolviera el favor a su benefactora. Ante la perspectiva de erosionar su imagen, se desata una operación para destapar una red de espías ficticia que convertiría en víctima de una conspiración de Estado a la presidenta’. Este texto bien podría figurar en la contraportada de un libro de Frederick Forsyth, Graham Greene o John Le Carre.
Esta gente sirve lo mismo para marcar el paso a los jueces que para inventar tramas que hubieran inspirado a los grandes del género. La última de de MAR y Ayuso ha sido convertir los despachos de la Casa de Correos en la Puerta del Sol en el origen de una novela de espías. Imaginación no les falta. La película la narró la presidenta en un plató de televisión esta semana. Con Ana Rosa, que sabe mucho también de tramas corruptas y de extorsiones debido a su proximidad a Villarejo, Isabel avanzó un guión digno de una serie policiaca. La noticia de que Alberto Quirón cobró 4,4 millones de euros de la empresa que le ha valido el apodo con el que le bautizó Miguel Ángel Rodríguez ha tensado los nervios de la novia.
Hay que recordar que a Pablo Casado le dieron la puntilla por otro caso de espionaje frustrado
Se la ve muy bien informada para tratarse solo de alguien con quien no tiene una “relación oficializada”, en sus propias palabras. La presidenta describe detalles reservados de esa persona que nos hemos empeñado en presentar como novio oficial, pero que ahora parece ser un entretenimiento con el que comparte pisazo gracias precisamente a los generosos pagos de Quirón. Ella está enterada de micrófonos ocultos descubiertos en despachos de la compañía: “Se ha sabido que en los despachos de Quirón ha habido micrófonos y a los abogados de mi pareja les robaron los ordenadores”. Me imagino una silueta embutida en ropa negra con pasamontañas recorriendo sigilosamente las dependencias de la empresa sanitaria a altas horas de la madrugada, colocando un dispositivo más pequeño que una pulga bajo el escritorio. Y a una avezada espía disfrazada de señora de la limpieza violando los ordenadores de los abogados de Gonzaléz Amador, aunque la presidenta no ha especificado a cuál de los tres que ha tenido o si a todos en general.
Ahí no acaba la cosa, porque los espías, que en este caso serán hackers, también han logrado penetrar en las cuentas personales y en sus datos fiscales, según su versión. Puede que hasta sean exprofesionales de la Unidad de Delincuencia Económica y Fiscal (UDEF) que ahora trabajan para una mano negra. Es muy típico de este tipo de novelas que haya expolicías de élite que se pasan al sector privado. Aunque en la Comunidad de Madrid los espías han estado a la orden del día. Esperanza Aguirre, cuando estaba instalada en la sede que ahora ocupa Ayuso, se valió de ex guardias civiles –a los que se liquidó el servicio con fondos públicos– para seguir a Manuel Cobo y Alfredo Prada, dos políticos del PP del lado de su archienemigo Rajoy. A veces no es preciso que sean expolicías, como demuestra la Kitchen, en la que altos mandos de la policía en ejercicio, siguiendo órdenes del Ministerio del Interior durante el Gobierno del PP, espiaron a Bárcenas con la intención de hacerse con documentos comprometedores.
Hay que recordar que a Pablo Casado le dieron la puntilla por otro caso de espionaje frustrado. Cuando el entonces presidente del PP denunció la comisión que se había embolsado el hermano de Ayuso tras lograr contratos de mascarillas con la comunidad que presidía su hermana, la trama giró inesperadamente contra él. El exministro Catalá se chivó a Ayuso de que Carromero, fiel escudero de Casado colocado en el Ayuntamiento de Madrid, había tratado sin éxito de contratar a detectives privados para obtener datos fiscales comprometedores de Tomás Díaz Ayuso. En el mundo real suelen ganar los malos.
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