Nuestro año occidental se para por primera vez en la Semana Santa. Ahora no parece tiempo de mirar hacia atrás, y nos vamos si podemos, a asomarse al mar o a la montaña, porque son tres días la vida y la frenada. Qué otra cosa podemos hacer. Pero cómo hemos llegado hasta aquí. Arrancó el año y en la madrugada del día tercero, Donald Trump atacó Venezuela. Se capturó a Maduro. Murieron decenas de militares y civiles. Cambió el régimen. Hace tanto de eso y no hace nada. Es la invasión del ayer. El día 28 de febrero de este mismo año, Estados Unidos e Israel atacaron Irán, se abrió el conflicto en Oriente Medio, miles de muertos y desplazados. Continúa. No termina la violencia sobre el pueblo palestino. Centenares de personas han muerto desde el alto el fuego. Más de setenta mil personas desde el inicio del genocidio. Cuántos son niños y niñas. Y aquí estamos, haciendo un recuento alejado y midiendo de qué forma las consecuencias pueden tocarnos en los días de libranza. Es que la gasolina está por las nubes.
Una nueva verborrea soltó entonces, era mediados de marzo: “Toda mi vida he oído hablar sobre EEUU y Cuba. ¿Cuándo dará el paso Estados Unidos? Realmente creo que tendré el honor, sí, el honor, de tomar Cuba. Eso sería algo bueno. Creo que puedo hacer lo que quiera con ella”. Puede hacer lo que quiera. La palabrería fanfarrona y simplona no es inocua, si vemos que cada mes de este año se prende fuego a un nuevo conflicto.
Fue entonces, el día 20 de marzo, cuando la banda sonora de la revolución para los que no hemos participado ni después padecido revolución ninguna, el cantautor Silvio Rodríguez escribió un post en su blog del que contó después que no esperaba las consecuencias que tuvo: “Exijo mi AKM, si se lanzan. Y conste que lo digo muy serio”. Y el kalashnikov le fue concedido de forma inmediata en el Día Nacional de la Defensa. Se lo entregó el ministro de las Fuerzas Armadas de Cuba delante del presidente de la nación, Miguel Díaz-Canel. Y Silvio, el autor de El necio, el que canta que lo arrastrarán por sobre rocas cuando la revolución se venga abajo, que ronda los ochenta años, quizá dejó de pensar que “la guitarra del joven soldado” era su mejor fusil para agarrar el arma de asalto soviética y hacerse una fotografía que dio la vuelta al mundo en medio de la crisis entre La Habana y Washington. A mí me cuesta pensarlo más allá del símbolo, porque aquella revolución ya no puede ser más esta, se ha venido abajo para la gente. Pero cuál es. Hace unos días, Cuba indultó a dos mil presos.
Cuesta romper con lo heredado, sean los días que vertebran nuestras fiestas o sea una revolución ya lejana, y hoy fallida
Es sábado previo al domingo de resurrección, no se sabe a veces ya de quién, pero aquí estamos, organizando nuestras vacaciones en torno a las fechas de los cristianos. Cuesta romper con lo heredado, sean los días que vertebran nuestras fiestas o sea una revolución ya lejana, y hoy fallida. Qué difícil es desnudarse y exponer las contradicciones en un espejo. Ayer salió una procesión en San Sebastián, desde donde escribo, después de cincuenta años sin sacar ningún paso por la ciudad. No tiene nada que ver, pero también cuesta el encaje del presente. Si has llegado hasta esta línea, nos hemos detenido, hemos mirado algo hacia atrás, la incertidumbre que nos deja este primer cuarto del año. Y quizá seamos conscientes de que no lo hemos hecho de forma global y total. Porque solo miramos donde nos dejan mirar. Y a veces, aun así, tampoco vemos.
Nuestro año occidental se para por primera vez en la Semana Santa. Ahora no parece tiempo de mirar hacia atrás, y nos vamos si podemos, a asomarse al mar o a la montaña, porque son tres días la vida y la frenada. Qué otra cosa podemos hacer. Pero cómo hemos llegado hasta aquí. Arrancó el año y en la madrugada del día tercero, Donald Trump atacó Venezuela. Se capturó a Maduro. Murieron decenas de militares y civiles. Cambió el régimen. Hace tanto de eso y no hace nada. Es la invasión del ayer. El día 28 de febrero de este mismo año, Estados Unidos e Israel atacaron Irán, se abrió el conflicto en Oriente Medio, miles de muertos y desplazados. Continúa. No termina la violencia sobre el pueblo palestino. Centenares de personas han muerto desde el alto el fuego. Más de setenta mil personas desde el inicio del genocidio. Cuántos son niños y niñas. Y aquí estamos, haciendo un recuento alejado y midiendo de qué forma las consecuencias pueden tocarnos en los días de libranza. Es que la gasolina está por las nubes.