Desde la tramoya

Ligar

Supongo yo que un hombre como Pablo Iglesias, con demostradas cualidades de macho-alfa, seductor, atractivo para las masas, asertivo, resuelto y locuaz, conoce bien los requerimientos más universales del cortejo. Por eso, no puedo entender por qué hay aún tanta gente –prestigiosos analistas incluidos– que se han tragado esa representación tan eficaz en los efectos inmediatos como falaz en su esencia, según la cual Podemos quiere "ligar" con el PSOE para formar juntos un gobierno progresista.

Para ligar con alguien de buena fe le parece a uno esencial que los implicados sean los primeros en aceptar el juego, sin la participación de terceros y, con toda seguridad, sin que el mundo entero se entere de las intenciones de uno de ellos si la otra parte no ha aceptado aún. Argüir que "por respeto institucional" y "para evitar filtraciones" a quien primero le comunicas tu intención de seducir a Pedro Sánchez es al rey, es una excusa tan penosa que da vergüenza ajena. En el caso de Podemos más todavía, porque atribuye al rey una capacidad que sabemos a ciencia cierta que Podemos no concedería si no fuera por motivos estratégicos.

Se supone que entre quienes quieren entablar una relación a medio o largo plazo, como parecería que Podemos desea hacer con el PSOE, debe haber una confianza mutua mínima. Está por eso muy feo tender la mano a tu pareja para luego decir, literalmente que "no nos fiamos de las buenas palabras", o que "no tenemos una gran confianza en los aparatos del Partido Socialista". Sólo un descerebrado le diría a una pareja en potencia, "mira, perdona, pero prefiero ir directo al grano: no me fío de tus buenas palabras". Menos aún le exigiría la entrega inmediata del teléfono móvil y la tarjeta bancaria, que es lo que Pablo Iglesias hace cuando exige directamente un mínimo de cinco ministerios (la Vicepresidencia, Economía, Asuntos Sociales, Defensa e Interior), para asegurar que no "se dice una cosa y después se hace la contraria".

Obviamente, no es buena idea tampoco empezar a seducir al otro perdonándole la vida: "Mira guapa, el hecho de que yo esté aquí contigo ahora es 'una sonrisa del destino que siempre tendrás que agradecer".” O… "Anda, querido, te voy a dar 'la oportunidad de que rectifiques' viniéndote conmigo". Esas cosas se pueden pensar en la intimidad, pero no se dicen en público.

Si la otra persona no te hace caso por el motivo que sea, o prefiere dejarte esperando porque te has comportado como un torpe en tu primer acercamiento, no la castigas anunciando a los cuatro vientos que tú sigues erre erre que erre. Por supuesto, tampoco fijas públicamente un día y una hora y un lugar –como ha anunciado Iglesias que podría hacer– para un primer encuentro.

No es buena idea faltarle el respeto a tu pareja llamándola "irresponsable" así para empezar, o yendo tú de moderno y adalid del cambio mientras la acusas a ella de estar metida en un búnker o ser demasiado tradicional.

Tampoco conviene poner una webcam en el dormitorio para que todo el mundo vea si allí se practica el sexo y en qué postura. Hay cosas que es mejor hacer a puerta cerrada. SI pretendes seducir a alguien diciendo que todo lo que le digas va a ser "transmitido por los medios de comunicación", probablemente lo que haga ese alguien es mandarte a la mierda.

Y lo último que debes hacer, creo yo, es tratar de mantener una relación honrada con tu pareja mientras la enajenas de sus hijos. Lo más feo que Pablo Iglesias, nuestro pretendido galán, está tratando de hacer estos días, es sugerir constantemente que hay una fractura entre sus bases y votantes, a los que halaga sin sonrojo (porque son su electorado potencial) y los cuadros y líderes del PSOE (que son en realidad su competencia más directa en el juego político: el búnker, la casta, los partidos tradicionales).

En fin, como yo supongo que Pablo Iglesias es, en efecto, un portentoso seductor desde que era un crío, sospecho que de haber querido ligar con el PSOE habría hecho las cosas de otra manera. Por eso no me he creído ni un minuto el numerito de su pretendida buena voluntad, de su declarada lealtad institucional o de su impostada visión de Estado. Yo he visto más bien al revoltoso, oportunista y cínico que siempre sospeché que era. Y tras él, en esa rueda de prensa de la semana pasada, no veía a unos ministros en potencia con ganas de dirigir un Gobierno de coalición progresista para España, sino a un grupo de respetables políticos con la intención evidente de follarse al PSOE, en el peor sentido del término. Con perdón.

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