Caníbales

Sobre el dolor

Los lunes siempre duelen.

Me atormenta la resaca del finde y no la vuelta al trabajo. La maternidad es un agujero negro, un pozo sin fondo: te lo piden todo y nunca das suficiente. Mi última súplica es un horario mínimo de descanso. Diario.

 

  • ¿Una hora? ¿Media? A partir de las 22:30…
  • ¿Para qué?
  • Para leer, para trabajar, para no hacer nada…
  • Eso, mamá, lo tienes que hacer fuera de casa.

Rezongo, que es un verbo de madre.

Este lunes, además, nos toca recorrer urgencias médicas. Acabamos exhaustas y humilladas, no nos gusta que nos hurguen. La cachorrita no se atreve a dormir: tiene miedo del dolor. Le ataca de repente y sale huyendo, con el rabo entre las piernas, sin saber que lo lleva dentro. Es la primera vez que su sufrimiento no tiene una causa externa, visible, diagnosticable... Curable.

  ***

La cachorrita gime. No se puede sentar, no se puede tumbar, no aguanta de pie. Estuvo días hospitalizada y sigue siendo pura herida. Herida interna.

Cuando se despista, la cargo y me la llevo a la cama. Apoya la cabeza en mi tripa y leemos juntas “Clavícula”, de Marta Sanz. Es nuestro espejo: el crudísimo relato de una enfermedad que la paciente sufre y los médicos ignoran (ignoran, desconocen, infravaloran).

  ***

Una ginecóloga amiga anima a Marta: “Y cuando tengas un cáncer, no pasará nada. Sólo te morirás. Es ley de vida”.

La cachorrita me mira. “Te mueres”, me pide doliente, “cuando no te necesitemos”. Y yo miento: “Claro, tranquila…”.

  ***

La cachorrita sufre y yo siento su dolor y mi impotencia.

“Mi dolor es una letra que se escribe cuando tengo miedo de no poder pagar las facturas o subvencionarme una vejez sin olor a vieja. Creo que esta confesión es absolutamente impúdica pero fundamental”.

También es impúdico ese egoísmo de todos: “Me gusta ver cómo (mi marido) se entristece y se desmorona conmigo. Cómo se duele en mi dolor”.

La cachorrita me necesita sufriendo con ella y se ofende con Nietzsche: “No existe dolor más intenso que el referido por una señorita burguesa bien alimentada y bien educada. Cultita”.

  ***

– Es muy nerviosa– le decían a mi madre los médicos desde que tengo uso de una razón que me negaban. Traducido: “Que es niña, coño, señora”. Tres ‘eñes’ que significan ‘no moleste’. Me hizo falta encontrar a Gonzalo para diagnosticar la celiaquía.

“Voy a las consultas y me sonrío pensando en lo caras que les salimos las locas a la Seguridad Social”.

El dolor te puede volver loca. Que nadie lo reconozca como enfermedad te puede matar. La perra lee: “Soy una mujer de éxito llena de tristeza”, se/me/nos define Marta Sanz.

  ***

La cachorrita y yo acabamos el libro abrazadas.

El martes no mejora. El veterinario llama todo el rato. Reconociendo su dolor, acompañándolo. Un veterinario para siempre.

El miércoles parece que se mueve. Vemos juntas el partido. Hoy que por fin se animaba… “El Atleti es muy grande”, me sonríe triste. Llueve. “Madrid llora este resultado”, le digo. “No seas cursi”, me regaña.

La otra cachorrita, la humana, jura que con este partido será del Atleti al menos otros diez años.

Suficiente. ***

El jueves la cachorrita empieza a andar. Despacio, con miedo y mucha cautela. Por la noche me pide otro libro. Empezamos con Leïla Slimani y su “Canción dulce”. La cachorrita me interrumpe: “¿Tú crees que has dejado claro que el libro de Marta Sanz es extraordinario?”.

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