En Transición

He visto cosas que no creeríais

Cristina Monge nueva.

Llevamos décadas cultivando la distopía y dejando para tiempos mejores la noble tarea de imaginar futuros deseables. Craso error. Lo primero para conseguir cualquier cosa es imaginarla, ya que aunque después corra el riesgo de verse pervertida o desvirtuada por esos "detalles" que comporta la ardua aplicación a la realidad, al menos sabremos lo que queremos.

Acabamos de comprobar cómo el todopoderoso G7, el club de las economías más potentes, ha acordado impulsar un impuesto de sociedades global a las multinacionales de, al menos, el 15%, algo que hasta ahora estaba en el listado de deseos de los economistas más a la izquierda, y asumido por todos que se quedaría allí, en mera ilusión.

Al mismo tiempo llegan noticias de cómo la administración Biden reinventa el keynesianismo con iniciativas que enseguida hacen volver la mirada a los tiempos de Roosevelt –no son pocos, de hecho, los libros que se están publicando que ayudan a entender lo que aquello fue y es. Entre otros, Historia del New Deal: conflicto y reforma durante la gran depresión de Andreu Espasa (Catarata) y El precio de la paz: dinero, democracia y la vida de Keynes, de Zachary D. Carter (Paidós)-, algo impensable hace apenas una década.

Sea consecuencia de la necesidad de contar con estructuras sólidas para hacer frente a China, de la imperiosa urgencia de recobrar la confianza de la ciudadanía en la democracia mediante servicios públicos y políticas económicas que generen cohesión y protección social, o por ambas cosas a la vez, la vuelta a un Estado fuerte se consolida en Occidente.

Movimientos tectónicos profundos están haciendo mover pilares del sistema, probablemente porque éste ha entendido sus debilidades y es el primer interesado en renovarse para seguir vivo. De ahí que la transición ecológica y la vuelta a un Estado activo -y cada vez más "emprendedor" en palabras de Mazzucato- se estén situando en el centro de muchas políticas y debates.

Confieso que si yo hubiera visitado este momento y regresado después al mayo de 2011, podría decir aquello de "he visto cosas que no creeríais", pero en este caso, en el extremo opuesto a la agónica Blade Runner.

Ante estos estímulos que acuden al rescate del catastrofismo insertado en buena parte de la sociedad conviene prestar atención, al menos, a dos asuntos: las reacciones de miedo e inseguridad que pueden generar en los sectores más reacios a los cambios, y la forma en que se implementan.

Incertidumbre, inseguridad y hombres fuertes

El panorama actual -del que los elementos aquí descritos son solo una parte-, genera en no pocos sectores de la sociedad sentimientos de inseguridad, zozobra y mayor incertidumbre –si cabe-. No porque se lance un impuesto de sociedades global o porque se inyecte dinero público para dinamizar la economía, sino porque estas medidas van acompañadas de otras de calado que tienen que ver con la renovación del pacto social que ha acompañado a Occidente en las últimas décadas. Los viejos actores que son el Estado, las empresas y la sociedad civil, se ven obligados a repensar su rol, y a la vez, a incorporar nuevos elementos, que tienen que formar parte necesariamente de ese gran acuerdo. Entre otros, el conocimiento, una mirada global inclusiva, y el futuro (si le interesa el tema, puede profundizar en él en el anuario de Demospaz, pinchando aquí).

Tal marco de cambios remite a un contexto que pone nervioso a más de uno, en especial, a personas que tienen problemas con la complejidad y las voces discordantes, como nos recuerda Anne Applebaum en su brillante El ocaso de la democracia (Debate). En efecto, aquellos que prometen orden, un mundo ordenado, se aprovecharán, mediante la simplificación, de los miedos de quienes no soportan la incertidumbre. Deberíamos empezar ya a pensar cómo educar para la complejidad, cómo ser capaces de entender que la duda es el motor de avance y progreso, y la incertidumbre un territorio que permite explorar.

El diablo está en los detalles

La semana pasada, una querida y admirada amiga, al hilo de mi columna, me recordó esta fábula:

Un gusano vivía en un estanque del bosque, su vida era muy difícil ya que cada vez que trataba de salir del estanque un halcón, que volaba sobre él, se precipitaba a capturarlo, solo podía salir de noche.Se dirigió al búho, reconocido como el más sabio y disponible del bosque, para solicitar un consejo.El búho le dijo: Si te transformas en tortuga el halcón no podrá hacerte daño.Gusano: ¿Cómo podría transformarme en tortuga?Búho: Querido mío, yo me ocupo de la estrategia, los detalles son cosa tuya.

 

Ocuparse de los detalles es conseguir transformar un objetivo, una idea genial, en un resultado.

En tiempos de cambios profundos como los que estamos viviendo, la tarea es múltiple: atrever a imaginar la utopía con la mirada en el largo plazo y atender a las reacciones que se puedan generar en su implementación en el corto. Como en la canción de Silvio Rodríguez: "Y caminó, vereda adentro, el que más. Ojo en camino y ojo en lo por venir".

La derecha contra sí misma

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