En Transición

Una segunda oportunidad redentora

Esta legislatura nunca debió nacer como lo hizo. Después de dos elecciones, de una convulsión interna en el PSOE tras destituir a su secretario general, una abstención para permitir gobernar al PP violando todas las leyes de la política, y la constatación de la incapacidad de la oposición para llegar a ningún acuerdo. Pero no sólo eso. Al bloqueo parlamentario le acompañaba la sospecha más que fundada –hoy ya comprobada– de que el partido que iba a gobernar se encontraba en el centro de varias tramas de corrupción institucionalizada, que había "gestionado" la crisis por la vía de la devaluación interna dando lugar a un incremento de la desigualdad como certifican hoy todos los informes –aunque el Banco de España retire el capítulo con ese título–, que no mostraba ninguna voluntad de resolver el conflicto del modelo territorial que ya despuntaba, y que empezaba a hacer gala de una enorme incapacidad para leer los desafíos del momento y darles una solución. Todos estos problemas se han ido pudriendo y el detonante de la demoledora sentencia de la Gürtel hace que ya no sea posible que no pase nada.Gürtel

El azar ha querido que apenas unas horas después de aprobarse los Presupuestos Generales del Estado la sentencia de la Gürtel haya dado una patada al tablero de ajedrez y las piezas hayan saltado por los aires. Una especie de justicia poética, si se sabe aprovechar. El PSOE ha comprendido la importancia de llevar la iniciativa y se ha situado en el centro del tablero haciendo lo único que podía hacer: presentar una moción de censura. Podemos también ha comprendido que no puede volver a negarse a un acuerdo con los socialistas para desalojar al PP. Ciudadanos anda calculando la jugada como si las encuestas le dieran la legitimidad que no le otorgaron las urnas. Y los nacionalistas van viendo cómo maniobran, conscientes de las dificultades tanto de su posición como del posible conflicto que podrían generar en el interior del PSOE.

A la hora de escribir estas líneas creo que todas las vías están abiertas: que prospere la moción de censura con los apoyos ya previstos más Ciudadanos, que lo haga con el PNV, que no prospere y profundicemos el bloqueo parlamentario mientras Rajoy sigue al frente, o que Rajoy dimita –o le hagan dimitir– sin saber si otro diputado o diputada del PP puede ser investido, metiéndonos en un escenario inédito.

En este contexto, y consciente de que todo puede cambiar en minutos, me atrevo a lanzar unas reflexiones por aquello del "interés general". En primer lugar, quiero confiar y confío en que además de dar titulares de trazo grueso cada diez minutos, unos y otros estén en algún sitio discreto negociando un acuerdo que necesitamos con urgencia. En segundo lugar, que las decisiones se tomen con la debida diligencia pero sin olvidar los procesos internos de debate y acuerdos, de forma que los compromisos que se adquieran en la mesa de negociación luego puedan ser respaldados y cumplidos por cada organización sin romperse por el camino. Y finalmente, que llegar a acuerdos sólo cuando es imprescindible y sólo con aquellos que proporcionan la mayoría está bien, pero lo que realmente define la altura política de una organización es saber llegar a acuerdos siempre, aunque no se necesiten; y que estos sean lo más amplios posible. Quien acabe gobernando este país, por unos meses o unos años, tiene que ser capaz de lidiar con la complejidad que hoy caracteriza nuestra vida política, toda una segunda transición que necesita un nuevo modelo de organización territorial, un pacto educativo, una apuesta sin fisuras por las reivindicaciones feministas, una decidida política energética que nos ayude a combatir el cambio climático, y un nuevo modelo económico y fiscal que tenga en el frontispicio la lucha contra la desigualdad.

Quizá esto sería más sencillo si cada cual viera en este momento histórico la oportunidad de redimir algunos de los pecados más recientes. El PSOE tiene la posibilidad de volver a liderar el juego político y hacerlo con visión de Estado. Podemos puede demostrar que está a la altura de las circunstancias y que no volverá a cometer el error de impedir un desalojo de la derecha. Los nacionalistas –en toda su pluralidad– tienen la oportunidad de sentarse a hablar de reforma constitucional y de modelo de organización territorial y que en el otro lado de la mesa haya un interlocutor dispuesto a escuchar, cosa que hasta ahora ha sido imposible. Ciudadanos puede decidir enmendar el error de su papel en la crisis de la Comunidad de Madrid, donde el PP –sobre el que pesan las peores de las sospechas y cada vez más confirmaciones de corrupción– gobierna gracias a su voto.

La situación es compleja, y a la vez que todos tienen mucho que ganar redimiendo errores recientes, ninguno anda sobrado de credibilidad y solvencia política, por lo cual quien falle esta vez es muy posible que agote sus oportunidades.

En definitiva, unos y otros tienen ahora una segunda ocasión para recuperar la confianza de la ciudadanía en las instituciones y en los partidos políticos, que reiteradamente aparecen en todas las encuestas como los actores con menor credibilidad. Y ojo, porque es posible que esta sea la última oportunidad. Italia no está tan lejos de España.

Todo esto puede parecer un ejercicio iluso, y en cierta medida lo es, pero esta patada al tablero que ha supuesto la sentencia de la Gürtel –y más que vendrán– resitúa todas las piezas, y acabará mejor posicionado quien supedite la táctica a la estrategia, es decir, quien tenga un modelo de estado y de sociedad y sepa cómo llevarlo a cabo.

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