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Muros sin Fronteras

Mariano se va a la guerra

Obama

Los fantasmas de Afganistán e Irak, las mentiras que precedieron a aquellas operaciones a gran escala, están muy vivos en la mente de los ciudadanos de EEUU; así lo reflejan las encuestas. "Fui elegido presidente para acabar dos guerras, no para comenzar otra", dijo hace unos días Barack Obama. Atrapado por una frase –"el uso de armas químicas es una línea roja"–, el presidente de EEUU se encuentra ante un dilema: lanzar un ataque en repuesta a la muerte de más de 1.600 civiles sirios –gaseados con gas sarín presuntamente lanzado por el régimen de Bachar el Asad– o perder parte de su credibilidad internacional.

Si el debate fuera así de simple, el bombardeo ya se habría producido: 50 Tomahawk y se acabó la frase. Pero Siria es un asunto de enorme complejidad con imprevisibles consecuencias a medio y largo plazo. Atacar, sí, pero a quién y con qué fin.

Obama ha aceptado, de momento, la carta diplomática rusa para desarmar de química al régimen de Asad. Más que una propuesta parece un campo de minas. Si Asad cumpliese, evitaría el ataque. Pero la dictaduras no cumplen, solo juegan, ganan tiempo. Este tipo de propuestas en el último minuto recuerdan a Sadam Husein en vísperas de las dos guerras del Golfo. Los dos Bush las rechazaron tras tildarlas de maniobras. A corto plazo, la invasión de 2003 fue un éxito: derrocaron al Bagdad; a medio, un desastre.

Las idas y venidas de Obama, a quien Politico ya llama Mr. Zig Zag, no solo muestran un líder cauteloso que desea exprimir todas las alternativas, también un hombre atormentado, incapaz de tomar y asumir una decisión. Sería una pésima señal.

Las bravatas del régimen sirio, una dictadura sanguinaria que pasó de padre (Hafez) a hijo, también son parecidas a las de Sadam Husein, quien prometía calamidades globales: la madre de todas las batallas. El régimen sirio carece de capacidad de respuesta militar, más allá del terrorismo que no hace tanto patrocinó. Irán, además de la retórica encendida de consumo interno, sabe que debe tener cuidado: es la siguiente ficha de una partida que carece de plan final.

Uno de los aliados de Asad es el grupo libanés Hezbolá, la guerrilla chií que a su vez es partido político y que domina el sur de su país. Este podría ser un instrumento para esa primera respuesta.

Mariano Rajoy declaró en una rueda de prensa en el G-20 que respaldaba una solución diplomática. Horas después la Casa Blanca divulgó un documento con la firma de varios países europeos en apoyo a una respuesta firme al régimen de Damasco.

¿Qué significa firme? Cuando EEUU prepara un ataque solo significa una cosa: el apoyo a esa acción de fuerza. ¿Mintió Rajoy? ¿Desconoce el lenguaje diplomático?

Sorprende ese apoyo por escrito a una respuesta firme cuando España mantiene 600 soldados desplegados en el sur de Líbano, en territorio de Hezbolá, encuadrados en la misión de la ONU (FINUL). En el caso de un ataque de EEUU a Siria estas tropas se encontrarían en una zona de alto riesgo. ¿Lo sabe Rajoy?

Obama ha implicado al Congreso, que engloba el Senado –más partidario de una respuesta militar– y a la Cámara de Representantes –propicia a dar un revolcón al presidente aunque sea en contra de los intereses de EEUU–. El británico David Cameron acudió a Westminster, donde perdió por 15 votos. El Gobierno francés explicó ante sus diputados la razón del apoyo francés. ¿Piensa Rajoy reunir al Congreso de los Diputados para ofrecer la suya y cuál es el límite de implicación de España en la crisis siria?

Existen normas democráticas básicas: transparencia de las acciones de gobierno sea cual sea su nivel e importancia, el debate y el voto, llegado el caso. Todas ellas prestigian a aquellos que las practican. También la costumbre de dimitir del cargo (muy arraigada en Europa, EEUU y Japón) cuando falta a la confianza de los ciudadanos, independientemente de que exista delito o este haya prescrito.

Existen prácticas antidemocráticas: el silencio, la corrupción, la defensa numantina de los corruptos, la destrucción de pruebas que terminan por modelar la imagen de un país que en 1992, durante los JJOO de Barcelona, era de modernidad y energía, y hoy, en 2013, es de tardofranquismo, componenda y amiguitos del alma. El cambio ha sido reolímpico. Tras el batacazo de Madrid 2020 la reacción que nos muestra tal y como somos: muera la inteligencia, que inventen otros, la culpa es del extranjero que nos tiene manía, éramos los mejores. No existe la autocrítica.

JJOO, Siria, UE, Gibraltar, todo desde el mando de distancia de la pequeña política de andar por casa. Aquí parece que funciona ante una sociedad dormida, tal vez exhausta, pero fuera no: allá se exigen hechos, no vale la propaganda, los telediarios de TVE y Paco Marhuenda.

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