Plaza Pública

PSOE: entre el 'sorpasso' y la 'pasokización'

Gloria Elizo

Poco va a quedar en pie tras el terremoto provocado por Felipe González al desvelar que Pedro Sánchez le prometió que se abstendría ante un Gobierno de Rajoy, que no cumplió la palabra dada, su palabra, qué palabra, tantas palabras dadas, a unos y a otros, a las bases, a los barones, a Prisa, a la CEOE, al Parlamento, a cada cual lo que quiere oír, que sí, que no, que caiga un chaparrón…

Es difícil ofrecer a unos votantes hartos de un espectáculo endogámico y sinceramente aburrido (¿de verdad alguien cree que a alguien le interesan los estatutos del PSOE?) algún tipo de explicación política de lo que está pasando, más allá de la improbable supervivencia de un secretario general al que eligieron sólo porque no le creían capaz de otra cosa que obedecer a Susana Díaz y que se ha revuelto amenazando el estatus patricio de unos dinosaurios que viven del tráfico de una cada vez más devaluada influencia en un PSOE que quizá nunca más vuelva a encabezar un Gobierno.

Quiero pensar, sin embargo, que pudiera haber una reflexión política, una alternativa estratégica en todo esto. Que, admitiendo que Sánchez miente por todos lados recabando apoyos que le permitan levantarse una mañana más como secretario general del PSOE, no sea menos cierto que desde la noche del 26J siempre tuvo un objetivo: ir a unas terceras elecciones.

Porque lo que estaría en juego aquí es que tipo de relación se pretende tener con el fenómeno Podemos, cómo sobrevivir (en suma) al fantasma del sorpasso y la pasokización.

Sánchez (como tantos) estaría revolviéndose aún en la fase de negación, repitiendo aquello de quién me ha robado mis votos, que los votos son suyos y se los tienen que devolver, que Podemos se hundirá al final (como llevan anunciando los titulares desde hace ya dos años) y volverá la alternancia bipartidista, que “no es no”, que sólo hay que aguantar una elección más para ver la recuperación del PSOE, que esta es la buena, que la gente volverá a confiar en el PSOE y Podemos se hundirá de verdad y él emergerá como el hombre de Estado que nadie le reconoce ser, el hombre de izquierdas que mantuvo su palabra, ungido para volver a hacer lo que realmente se le da bien al PSOE: traficar con los votos de izquierdas con las élites de este país y dejar a casi todos contentos: a Cebrián el silencio sobre sus cuentas en Panamá, a la CEOE su reforma laboral, a los exministros sus consejos de administración, a los dinosaurios del PSOE su pagada influencia... y la gente normal su no hay alternativa.

Pero no volverán los buenos tiempos del régimen y los barones lo saben. Cada elección es histórica, pero por sus malos resultados, un paquidérmico Partido Popular se erige sobre su propio fango como el único elemento de estabilidad que el miedo apuntala. Los barones saben bien que el miedo da muchos votos. Y no entienden por qué tienen que regalárselos todos a ese club cleptocrático en que se ha convertido el PP ¿acaso no son ellos capaces de administrar ese miedo, no son capaces de robar como como el que más, de vender influencias, fabricar dosieres, financiarse ilegalmente, manipular los medios, privatizar a comisión?

¿Por qué no dirigir los oxidados cañones del PSOE contra ese PP desgastado y corrupto, con la segura ayuda de Prisa, de Botín y de la CEOE para recuperar ese espacio de centro moderado por los préstamos bancarios, el cambio sensato para el Ibex que Albert Rivera no fue capaz de vender ni con todo el dinero del Banco de Sabadell?

Podría ser por tanto que esta batalla ideológica no fuera sólo fruto de la improvisación, que lo que Sánchez anhela en la soledad de su escaño es la improbable vuelta al bipartidismo, devolviendo a Podemos a la esquina del tablero político, obligado a pactar a cambio de unas volátiles migajas cada cierto tiempo. Podría ser por tanto que lo que los barones buscan es sobrevivir sin tener que disfrazarse, que existe la posibilidad de acabar con el PP sustituyéndolo en ese espacio menguante pero aún enorme del miedo al cambio, de la inercia moral, de la sumisión a los dictados de los medios, asaltando la reconfiguración del espacio político aprovechando la debilidad de un partido que ha decepcionado a todo el mundo, incapaz de regenerarse incluso para sus parámetros hipócritas, acosado en los medios y en los tribunales.

Y teniendo presente, siempre, que el régimen no paga traidores.

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Gloria Elizo es diputada de Podemos en el Congreso

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