Cuando la ignorancia es peligrosa Baltasar Garzón y Aitor Martínez
Sarah, Irene, Cristina, Rita
Vamos a hacer un experimento.
Es así de sencillo: vamos a escribir un comentario en tono positivo, o mostrando cariño y apoyo en cualquier publicación de redes de Sarah Santaolalla.
El efecto es casi inmediato: en menos de una hora, estos son algunos de los mensajes privados y comentarios que recibo en mis publicaciones: “Mámala fuerte que seguro que te gusta, campeón”, “maricón de mierda, muérete”, “tú vas a ser el siguiente”.
Ah, y decenas de comentarios de: “No te la vas a ligar”, porque recordemos que estamos hablando de un tipo de hombres que no ven a las mujeres como personas, solo como objetos, por lo que no entienden que se pueda interactuar con una, respetarla o incluso admirarla sin una intención secundaria detrás.
Pasa con Sarah Santaolalla, pero también ha pasado durante los últimos años con Irene Montero. O con Cristina Fallarás. O con Rita Maestre, que hace unos días denunciaba que llevaba un año soportando acoso y hombres llegando a su casa porque están distribuyendo su dirección en canales que ofrecden sexo.
Son ellas y son tantísimas otras mujeres que, día tras día, ponen el cuerpo para lanzar mensajes feministas, de inclusión, o que, sencillamente, se atreven a hablar, a narrar algunas de las violencias que sufren, y a señalar a esas personas y a ese sistema que fomentan esta y tantas otras desigualdades.
Persecución e inseguridad en las calles, pasar miedo, no poder ejercer su trabajo ni vivir su día a día con tranquilidad. El mensaje es claro: agacha la cabeza o renuncia a la poca vida que te estamos dejando tener
Esto, aparte de violencia machista, se llama violencia ejemplarizante. Y su objetivo va mucho más allá de castigar a Sarah Santaolalla, a Irene Montero, o a tantísimas otras. Su objetivo es hacer entender a todas esas personas que están mirando, especialmente a las que piensan como ellas, que estar de su lado o alzar la voz para denunciar según qué violencias, tendrá un castigo. Acoso, insultos, amenazas de muerte. Persecución e inseguridad en las calles, pasar miedo, no poder ejercer su trabajo ni vivir su día a día con tranquilidad. El mensaje es claro: agacha la cabeza o renuncia a la poca vida que te estamos dejando tener.
Y esto también a activistas antirracistas. Activistas LGTBIQ+, anticapacitistas… Pero siempre con especial agresividad hacia las mujeres. Igual que lo vemos en tendencias como la del término Charo, creado para dejar bien claro que para ellos una mujer no tiene el derecho a participar en la política ni en la vida pública y que su opinión no importa. Término, por cierto, adoptado por la derecha de este país, que tristemente ha decidido asumir que lo único que les queda después de hablar de cañas es hacer política de Forocoches.
La estrategia es clara. Castigarlas, humillarlas de forma que sea pública y visible, que todo el mundo pueda verlo. Intentar que cualquier mujer que se plantee denunciar la violencia misógina y machista que sufre sepa que eso es lo que le pasará si ella también se atreve. Que lo que tiene que hacer es agachar la cabeza, aguantar y tolerar los abusos a los que, para ellos, está destinada por ser mujer.
Esta oleada de violencia machista solo se acaba si absolutamente todos la condenamos y ponemos de nuestra parte para pararla. Si todos rechazamos a quienes la ejercen. Si no permitimos ni miramos con normalidad a quienes forman parte de ella, ya sea por una agresión, un grito en la calle o por un comentario.
Aunque haya cosas en las que podamos estar más o menos de acuerdo, esto debería ser mandatorio para cualquiera que, como mínimo, se considere persona: que nadie pueda ser violentado, enviado al ostracismo y silenciado por su forma de pensar.
Me da igual el partido al que votes, el lado en el que estés y el flanco ideológico con el que te identifiques. Si al ver la violencia que sufren no dejas las diferencias a un lado y te pones de frente, tú también formas parte del problema.
La única forma de que todos tengamos libertad es defender a quienes se la están intentando quitar. Y en eso, deberíamos estar todas a una.
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