Telepolítica

Felipe VI, su padre y la monarquía en esta Nochebuena

José Miguel Contreras nueva.

El tradicional discurso en televisión de Felipe VI en Nochebuena tiene este año un interés especial. Posiblemente, se convierta en uno de los más vistos de los últimos años. Dos factores pueden ser determinantes. Por un lado, las restricciones derivadas de la pandemia es posible que hagan aumentar las audiencias televisivas. A falta de fiestas ruidosas y con numerosos asistentes, tendremos grupos más pequeños y apacibles frente al televisor. Por otro lado, la expectación sobre el contenido de lo que pueda decir el rey es absoluta.

El secretismo sobre el contenido de la intervención del monarca es total. Sin embargo, no parece muy aventurado imaginar lo que va a decir. Felipe VI no suele practicar el género del suspense en sus declaraciones oficiales y rara vez introduce alguna sorpresa inesperada en sus apariciones públicas. Lo lógico es que las alusiones a los temas más delicados, si es que se producen, sean indirectas y no necesariamente fáciles de descifrar. El discurso real habrá que analizarlo bajo dos criterios: tan importante es lo que diga, como lo que no diga.

El problema de las dobles lecturas

Para los responsables de la redacción del texto ha debido ser un quebradero de cabeza. Hablar de los valores navideños siempre ha sido un socorrido recurso que en esta ocasión no sirve en todas sus declinaciones. Tópicos clásicos para estas fechas pueden tener delicadas dobles lecturas que tendrán que esquivar. Inevitablemente, cualquier referencia a la importancia de estrechar los lazos familiares en estas fechas tan señaladas nos llevaría a pensar en Juan Carlos, escondido en Abu Dabi. Así que también será complicado citar a los seres queridos con los que estos días no podremos encontrarnos debido al coronavirus.

El tema central cabe suponer que será la lucha de todo el país para mitigar el impacto del covid-19. Sin embargo, también tendrá problemas Felipe VI para hacer referencia a nuestros mayores y al sufrimiento que nos ha hecho pasar su delicada situación durante la pandemia. A ver cómo alude a la cuestión sin que traduzcamos lo de “delicada situación” aplicado al emérito. No menos problemática sería la posibilidad de incluir en el atrezo del escenario alguna foto en la que aparezca algún otro miembro de la familia real que no sean la reina Letizia y las infantas.

Ejemplaridad, justicia y corrupción

En los últimos años, se ha incluido casi siempre algún apartado en el discurso dedicado a reforzar el compromiso de la Corona con la ejemplaridad en el desempeño de los cargos públicos, en la exigencia de todos frente a la corrupción y en la garantía del funcionamiento de una justicia eficaz que castigue el delito sea quien sea el que lo comete. Ha debido ser complicado decidir cómo se aborda esta cuestión en las circunstancias actuales. Cualquier alusión será interpretada como una referencia al caso de su padre. Peor podría ser que este año no mencionara el asunto. No cabría otra valoración más que el intento de eludir el tema por pura incomodidad.

Esta será la clave permanente de toda la intervención. Cuestiones que en otras ocasiones podía decidir evitar en su discurso, este año se echarán de menos. Una de las principales virtudes de un monarca es la de poder estar por encima de los conflictos políticos y sociales para aportar un punto de vista equilibrado y constructivo. Sin embargo, la crisis desencadenada por los escándalos económicos de su padre convierte a Felipe VI en un ciudadano más, directamente implicado en problemas que no es admisible que le afecten. La monarquía se sostiene desde el acuerdo general de que exista una autoridad capaz de representar, dentro y fuera del país, los valores esenciales de una nación, no sus lacras o sus comportamientos delictivos.

El peligro de sesgar la institución monárquica

Bajo esta concepción básica, Felipe VI tiene esta noche otro importante frente. Se trata de reivindicar su papel alejado de todo partidismo o ideología política. La Constitución le otorga importantes responsabilidades en nombre de todos los españoles, seamos o no monárquicos. Todo el mundo es consciente de que no es posible en la actualidad un cambio de nuestro sistema político que emana de la Constitución. Eso no impide que haya quien quiera proclamar libremente su opinión contraria. Para que los republicanos pudieran conseguir su respetable aspiración necesitan el acuerdo de buena parte de los monárquicos. Hoy no cabe esa circunstancia.

Esta Nochebuena, el rey se enfrenta en su discurso a problemas que no puede ni le corresponde resolver. Son los referidos al comportamiento de su padre. A cambio, sí que tiene la posibilidad de trabajar para declarar la firme exigencia de que ningún partido o ideología pretenda apropiarse de su figura constitucional frente a otros. Su oportunidad coincide en este caso con su obligación: reforzar un espíritu colectivo común frente a quienes extienden la confrontación, el odio y la división como respuesta a su derrota democrática en las urnas.

Felipe VI despacha los escándalos de su padre con una alusión a que los “principios morales y éticos” obligan a todos “sin excepciones”

Más sobre este tema
stats