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Operación 'Illa president': el gestor de la peor pandemia para pasar página al procés

Daniel Basteiro nueva.

Un absoluto secreto. Un selecto y reducidísimo número de personas sabían que Salvador Illa será el candidato del PSC a la Generalitat antes de que Yolanda González lo revelase en infoLibre con la exclusiva política de las Navidades. Los miembros del Gobierno, socialistas y morados, lo ignoraban por completo. Sólo unos pocos dentro del núcleo duro se enteraron y tan solo unas horas antes. Casi nadie lo sabía en el PSC. Cada detalle ha sido planeado a prueba de filtraciones durante meses y el proceso ha sido pilotado por Miquel Iceta con la ayuda de Moncloa. 

Hasta tres veces llegó a negar el aún ministro de Sanidad su propia candidatura cuando fue preguntado este mismo martes (¡este mismo martes!) en La hora de TVE. “Nuestro candidato será Miquel Iceta”.

La primera máxima fue seguir como si nada y así preservar el golpe de efecto de cara al Consell Nacional del PSC (su Comité Federal) que este miércoles da carpetazo a las listas. El propio Illa las ha diseñado como secretario de Organización y Acción Electoral, que catapultarán a este licenciado en Filosofía y ex alcalde de La Roca del Vallès como nuevo líder de facto del socialismo catalán. 

Tres puentes: Presupuestos, vacuna e Iceta

Antes de todo eso había que cruzar numerosos e importantes puentes, todos a una distancia prudencial de las elecciones del 14 de febrero. El primero de ellos era garantizar la estabilidad de la legislatura en España y, además, hacerlo sin provocar a ERC, que podría ver en Illa una amenaza de cara al electorado que no decida su voto en función de un “sí” o un “no” a la independencia. La aprobación definitiva de los Presupuestos, en vísperas de la Nochebuena, despejó ese obstáculo. 

El segundo de los puentes fue la vacuna, que en el Gobierno ven como un verdadero antes y después en la lucha contra el covid-19 que posibilita un cambio en Sanidad sin que parezca una deserción en plena pandemia. Con la vacunación en marcha (“el principio del fin” de la amenaza, en palabras de Illa), el ministro de Sanidad puede abandonar un cargo al que llegó por sorpresa (hasta para él mismo) y dejar paso a otro, u otra, seguramente de perfil más técnico. La foto de Araceli en la residencia Los Olmos de Guadalajara franqueó esa meta volante. 

El tercero y último de los puentes era el del propio Iceta. Nada podía hacerse sin él y todo debía hacerse con él. El líder del PSC, que aspiró a presidir el Senado tras las elecciones de abril de 2019, llevaba meses rumiando esta posibilidad y ha pasado de estar convencido de que debía presentarse a las elecciones por responsabilidad con su partido y con Cataluña a convencerse de que lo responsable era, en realidad, proponer a un cabeza de cartel incluso mejor que él. Por el camino, una pregunta se coló en el CIS, el PSC se hizo con sondeos internos y Moncloa con los suyos propios. Las cuentas salían. El cambio no sólo era posible sino también conveniente. 

Iceta es un político extremadamente capaz, pero lleva más de 20 años en el Parlament, casi 35 en las Ejecutivas del PSC y los últimos y abrasadores seis como líder del partido en los episodios más intensos del procés. Hace tiempo que más de una luz roja se encendía en el cuartel general de los socialistas catalanes cada vez que Meritxell Batet primero e Illa después batían a su propio líder en algunos indicadores demoscópicos clave. 

Tres claves: Cataluña, el PSC y el Gobierno central

La primera clave de este golpe de efecto, es, pues, catalana. En forma de relámpago, el PSC pretende mejorar el ascenso que ya pronostican las encuestas, que brindan al partido la lucha por la segunda plaza. El revulsivo Illa podría mejorar sus expectativas y crear una ola de cambio que aproveche el agotamiento del actual Govern (deshecho por el odio entre sus dos socios), la falta de rumbo del procés independentista, el agujero electoral de Ciudadanos y la amenaza de la irrupción de la ultraderecha en Cataluña. 

El PSC aspirará ahora a ganar las elecciones gracias a una palabra: gestión. La de los problemas reales, la de la salud, la de crisis graves, la que se ahorra pretendidas “jugadas maestras” o estridencias espectaculares. En el cuartel general de los socialistas catalanes creen que, con esos mimbres, ganar las elecciones en Cataluña es una posibilidad real. 

La segunda clave es la inmediata y, en principio, limpia y ordenada sucesión en el PSC. Illa se convertirá, como líder del partido en el Parlament, en el líder de facto del socialismo catalán cuyas riendas ya tiene bien tomadas como secretario de Organización. Iceta no tendrá escaño y, además, con él mantiene una excelente relación que le ha llevado a confiar en él candidatura y partido. Al próximo congreso Illa llegará con una posición cómoda y muchas posibilidades de batir a cualquier contrincante, si lo hay. 

Por último, está el Gobierno central. La marcha de Illa abocará al Ejecutivo de Pedro Sánchez a una crisis de gobierno, mayor o menor, que comenzará con la difícil tarea de sustituir al actual titular de Sanidad. ¿Un perfil político, como el de Illa, que contra pronóstico superó la gestión de la peor pandemia sanitaria en un siglo o un técnico que tenga una acreditada trayectoria en la epidemiología o la gestión sanitaria? Esa será la primera incógnita que Sánchez deberá despejar. Pero la remodelación podría dar para más e incluso hacer realidad las insistentes quinielas que desde que Sánchez es presidente han colocado a Iceta en el Consejo de Ministros. Su presencia en el Gobierno podría dar un nuevo impulso a la segunda parte de la legislatura, marcada por el reto de construir una España federal y reordenar la dinámica y afectos territoriales, desde el ámbito competencial al de la administración.

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