Verso Libre

Explicarse, darse explicaciones

Antonio Machado era un escéptico con creencias. Por eso creó a Juan de Mairena, un personaje capaz de dudar hasta de las propias dudas. Cuando se dirigía a sus alumnos, reconocía que intentaba enseñar lo que pudiese ser más fecundo para ellos, pero confesaba que él mismo no era más que "un alma siempre en borrador, llena de tachones, de vacilaciones y de arrepentimientos".

Acostumbrado a lidiar con la duda y la angustia, comprendió pronto el peligro de confundir un escepticismo ético, dispuesto a cuestionar los dogmas, con el cinismo del que practica esa forma de complicidad con la injusticia que suele llamarse relativismo. Todo da igual, nada tiene importancia, quien defiende valores es un buenista o un ingenuo. El escéptico con creencias que era Juan de Mairena cultivaba algunas precauciones: "Los hombres que están siempre de vuelta en todas las cosas son los que no han ido nunca a ninguna parte. Porque ya es mucho ir; volver, ¡nadie ha vuelto!".

Este diálogo con la duda, que es al mismo tiempo una estrategia de defensa contra el egoísmo y un diálogo con las verdades de los demás, ha sido una voluntad muy fecunda en el ejercicio intelectual. La experiencia enseña que hasta las mayores inteligencias pueden acabar comulgando con ruedas de molino y las personas más puras están en peligro de caer en manos del mal absoluto por seguir el criterio único de su pureza firme. De ahí que sea conveniente compaginar el escepticismo con las creencias y la fe con la duda.

En su libro Sobre la educación (Taurus, 2018) Emilio Lledó recupera como columnas sustentadoras las tres preguntas que Kant formuló en la Crítica de la razón pura: qué puedo saber; que debo hacer y qué he de esperar. En efecto, son columnas decisivas en la búsqueda difícil de la verdad con la que están comprometidos todos los seres humanos en sus vidas. Una buena educación demuestra sobre todo que un poeta, un intelectual, un científico, un artesano, un profesor o un médico representan en su tarea algo que todo el mundo lleva dentro de sí. Igual que todo el mundo lleva en su equipaje la posibilidad de una locura o una canallada.Saber qué se puede esperar debe tomarse muy en serio en el mundo que vivimos, y no sólo por las razones del pesimismo o las artimañas del cínico, sino porque la realidad acelerada en la que vivimos nos está dejando sin el tiempo de la espera, ese tiempo necesario para que la tierra germine, la uva se haga vino o las personas se eduquen y consigan que la cultura forme parte de ellas. Más que nunca, merece respeto lo que cuesta tiempo. También es importante unir el qué puedo saber con el qué debo hacer, para no separar la indagación en la verdad y la exigencia ética. La palabra progreso se llena de peligro cuando la sabiduría se vuelve como una serpiente contra la dignidad humana.Si para un poeta o un filósofo es imprescindible la precaución de un escepticismo con creencias, para un político resultan obligados los principios con capacidad de poner los pies en el suelo o, porque viene a ser casi lo mismo, el realismo con capacidad de volar en dirección a unos principios. En su tarea de tomar decisiones para resolver problemas, la pregunta sobre el qué debo hacer es un diálogo continuo entre los principios y la realidad. Explicar y explicarse las complejidades de la decisión es más conveniente que dejar que las realidades se queden sin principios o que los principios se desentiendan de la realidad. Rectificar es de sabios cuando uno está equivocado. Aceptando este pensamiento, conviene añadir que en la política esa sabiduría implica otro matiz importante: reconocer que la propia verdad puede provocar en un momento determinado más problemas que remedios.Escribir poemas no es casi nunca buscar consuelos, sino asumir de lleno los conflictos, las complejidades, el reino de las dudas, las dos caras de una moneda, las antinomias, las contradicciones, como única forma honesta de hablar sobre la verdad y sus dificultades. El poema es bueno cuando uno consigue darse explicaciones, explicar por qué es decente llevarse a uno mismo la contraria en un momento determinado. El amor y la política son dos ejercicios de responsabilidad que deben alejarse de los dogmas y del cinismo.Todo menos mentir. Y tampoco vale escudarse en las medias verdades. Recordemos el proverbio de Machado: "¿Dijiste media verdad? / Dirán que mientes dos veces / si dices la otra mitad". qué puedo saber; que debo hacer y qué he de esperar.la posibilidad de una locura o una canallada.

la realidad acelerada en la que vivimos nos está dejando sin el tiempo de la esperaprogreso

para un político resultan obligados los principios con capacidad de poner los pies en el sueloRectificar es de sabios cuando uno está equivocado.

más problemas que remedios.

asumir de lleno los conflictos, las complejidades, el reino de las dudas, las dos caras de una moneda

La necesidad política de ser progresista

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