Por qué Trump podría haber perdido la guerra en Irán Alejandro López Canorea
Lamine Yamal nació en Esplugues de Llobregat, de padre marroquí y madre de Guinea Ecuatorial, es negro y profesa el islam. Apenas cumplida la mayoría de edad, acumula los récords de precocidad del fútbol europeo y es el referente más visible de la selección española. Durante el amistoso España-Egipto en Cornellá, miles de aficionados en una zona reservada a grupos con invitación corearon consignas islamófobas. Visiblemente molesto en el campo, el jugador respondió en Instagram: "Sé que iba por el equipo rival y no era algo personal contra mí, pero no deja de ser una falta de respeto y algo intolerable". Lo que el episodio revela no es una anécdota ni un hecho aislado. Es la exteriorización de la denominada inclusión condicional. El delantero puede representar a España mientras haga goles, pero su fe es inadmisible en cuanto trasciende en público.
¿Habrían resonado los mismos cánticos si el rival hubiera sido Alemania, Brasil o Japón? El alarido "musulmán el que no bote" presupone un adversario percibido como religiosamente otro y ante Egipto, país árabe y africano cuya mayoría profesa esa misma fe, la frontera identitaria se activa con una especificidad que no operaría frente a otro equipo. El partido no engendró la islamofobia, pero sí proporcionó un objetivo reconocible y la cobertura de un espacio de masas donde la Real Federación Española de Fútbol no activó el protocolo antirracismo pese a la magnitud de lo ocurrido. Que de ese mismo círculo también emanaran consignas contra el presidente del Gobierno no es baladí. Es la prueba de que el islamófobo y el antisanchista comparten un mismo proyecto de construcción del enemigo.
El poso de intolerancia llega ahora a los recintos deportivos y halla en la desinhibición colectiva un amplificador que hace aflorar la hostilidad que en otros contextos subsiste latente
El Observatorio Español del Racismo y la Xenofobia constata una persistente alza de casos en el conjunto del Estado. En Cataluña, las denuncias por odio islamófobo pasaron de 22 en 2022 a 72 en el pasado ejercicio, un incremento del 220%. El informe INFRA-D de Accem documenta que la población magrebí concentra el 36% de los incidentes de discriminación racial, aunque el fenómeno afecta también a otras comunidades islámicas, desde la argelina hasta la pakistaní. En España residen alrededor de un millón de marroquíes, que son blanco recurrente del odio antiislámico. Para ellos, lo sobrevenido en Cornellá no es novedoso. El poso de intolerancia llega ahora a los recintos deportivos y halla en la desinhibición colectiva un amplificador que hace aflorar la hostilidad que en otros contextos subsiste latente.
Lo ocurrido arroja luz sobre el proyecto político de la ultraderecha. Ignacio Garriga, secretario general de Vox, no condenó los hechos. Al contrario, bajo su blindaje racial arremetió contra supuestas secuelas de la inmigración, desde el aumento de las violaciones hasta la presencia yihadista en Europa, aserciones que los datos no sustentan. No se acredita relación causal entre el fenómeno migratorio y la delincuencia, pero tal narrativa funciona como marco de sentido para establecer una separación entre quienes pertenecen a la tribu y quienes sobran. El PP, que ha condenado lo sucedido, defiende no obstante una "inmigración culturalmente próxima", que excluye implícitamente a colectivos de religiones no cristianas, y acaba de votar favorablemente en las Cortes Valencianas una proposición que vincula inmigración y criminalidad. Feijóo ha vinculado además el proceso de regularización en curso con el riesgo terrorista derivado del conflicto en Oriente Medio.
El año pasado se editó en español la obra de referencia de Francisco Bethencourt, Racismos, donde repasa las evoluciones del fenómeno desde la Edad Media hasta el siglo XX. El historiador portugués, profesor en el King's College, demuestra que el racismo no es un fenómeno natural sino una construcción política que combina prejuicio étnico o religioso con acción discriminatoria que responde a proyectos de dominación. Su tesis apunta que la racialización de las minorías desvía la tensión social hacia grupos vulnerables en lugar de abordar las causas estructurales de la desigualdad, movilizando a las clases populares contra el distinto antes que contra quienes concentran recursos y poder. Es la misma estrategia empleada en los años veinte y treinta contra judíos, comunidades gitanas y otros grupos humanos en los imperios coloniales, y que hoy opera a través de renovadas plataformas.
El mecanismo de activación de la animadversión no es espontáneo y no puede entenderse sin el aparato ideológico que lo sustenta. Las consignas en el estadio partieron de un grupo organizado en una zona estratégica de la grada y se propagaron a miles de espectadores. Según la psicología social, en espacios de alta intensidad emocional una parte significativa de la multitud secunda comportamientos iniciados con suficiente energía por conformidad antes que por convicción, cuando el anonimato disuelve cualquier responsabilidad individual. Vox participará el próximo 30 de mayo en Oporto en una cumbre para evitar "el suicidio étnico de la Europa blanca" por la presencia de comunidades musulmanas. La diputada ultra Rocío de Meer resume la posición del partido en tres palabras: "remigración o desaparición". El terreno está deliberadamente abonado. El estadio solo cosechó los frutos.
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David Alvarado es doctor en Ciencia Política, profesor universitario, periodista y consultor.
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