Todo empieza ahora: sumar con más fuerza
Con la entrada de la extrema derecha en el gobierno de Andalucía, uno de cada cuatro españoles vive hoy bajo gobiernos que han hecho del racismo institucional y del desmontaje del Estado social su "prioridad nacional". No se trata de un accidente coyuntural, estamos ante un ensayo general, una etapa más del camino que Feijóo y Abascal han querido recorrer juntos hacia La Moncloa.
El problema de fondo no es la aritmética parlamentaria, ni el juego de mayorías y minorías. Es algo mucho más profundo: el supuesto cordón sanitario español frente a la ultraderecha ha saltado definitivamente por los aires. Hoy, bajo la tutela ideológica de Aznar y su "mayoría nacional", la derecha extrema y la extrema derecha caminan de la mano, a través de una meticulosa y estratégica coordinación electoral, hacia una fusión fría de programas cuyo propósito resuena en nuestra memoria: volver a trazar la frontera entre buenos y malos españoles. Su horizonte no se agota en ganar las próximas elecciones. Aspiran a algo más ambicioso: desarticular por completo el campo progresista y construir una hegemonía —cultural, política, institucional— que les permita, con los artificios electorales necesarios (a la manera de Orbán), refundar el régimen democrático español con vocación de permanencia. Una revolución pasiva en toda regla, que blinde el centralismo frente a cualquier demanda plurinacional y que revierta, pieza a pieza, las conquistas sociales, democráticas, feministas y LGTBIAQ+ de las últimas décadas.
Ha llegado el momento de decirlo todo: ningún o ninguna progresista puede fiar la defensa de esas conquistas al marco constitucional de 1978. No es suficiente y puede que no haya barreras. Como en 1936, con todos los matices que se quieran poner, hoy también se ven con fuerzas para ir a por todo.
No escribimos esto para alimentar el desaliento. Lo escribimos porque, aunque la reacción avanza, no es imparable. Avanza por nuestra propia debilidad política y organizativa. Y eso sí depende de nosotros y nosotras. En este país sigue existiendo una mayoría social que espera un proyecto que le hable de su vida: del alquiler imposible, de los salarios que no llegan, de una sanidad pública que se deteriora, de la Educación Pública como único baluarte real de futuro para nuestros hijos e hijas. Para ganarla hay que abandonar de una vez la cómoda superioridad moral de la izquierda y bajar a disputar la realidad social a la ultraderecha.
Pero para disputar no basta con legislar. La acción institucional en los Ministerios o en el Congreso es imprescindible, claro que sí, pero ante una ofensiva de tan largo recorrido se queda corta. Hace falta un movimiento social y político con anclaje territorial, con militancia, capaz de plantar cara cada día en el cuerpo a cuerpo.
Hace falta un movimiento social y político con anclaje territorial, con militancia, capaz de plantar cara cada día en el cuerpo a cuerpo
Es lo que nos toca construir: una alternativa de disputa. Precisamente por ello, Movimiento Sumar llega a su Asamblea Estatal del 11 de julio con una candidatura de unidad que incorpora valiosos cuadros anclados en el territorio, junto a otros compañeros y compañeras que repiten y que han demostrado una inmensa capacidad política, empezando por las personas que encabezan la candidatura Sumar para Gobernar. Y esto es relevante por muchos motivos.
En primer lugar, porque reivindicamos el papel de la militancia, tal y como recogen los textos. Esa militancia que se parte la cara por los proyectos políticos en luchas más cotidianas y menos mediáticas, pero indispensables para hacer de Movimiento Sumar una organización mucho más capilar.
En segundo lugar, porque no queremos una organización pequeña y controlada, sino grande y popular. De hecho, hemos puesto las bases para crecer, y para hacerlo desde los territorios.
Y, en tercer lugar, porque se establece un nuevo método de diálogo interno, en el que las decisiones estratégicas son acordadas y, por ello, adquieren más fuerza. Esto, nada más y nada menos, es aplicar el federalismo plurinacional también hacia dentro. Es retomar las grandes ideas del Proyecto de País. No hablamos de un matiz técnico, sino de una evolución de nuestra cultura política, producto del proceso de maduración que hemos vivido como organización, fruto también del contexto y de las circunstancias.
La acción institucional debe acompañarse de más barrio, más pueblos y más comunidad política. Significa asumir que, al mismo tiempo que gobernamos, organizamos la lucha diaria y formamos a la militancia para que la izquierda siga ganando elecciones. Significa generar vínculos y crear conciencia compartida para actuar. Que organización e iniciativa política vayan de la mano.
En esta Asamblea de Movimiento Sumar se demuestran prioridades claras. Les da protagonismo real a las bases, a los territorios, dotando a las federaciones de capacidad efectiva para fijar prioridades y orientar la acción política, porque ningún proyecto transformador y con vocación de permanencia se construye obviando esta realidad.
También la juventud tendrá un inmenso protagonismo, el terreno donde nos jugamos el futuro: la extrema derecha conecta con jóvenes golpeados por la precariedad y la falta de expectativas mientras nosotros (la izquierda, en general) hemos abandonado los espacios donde se forman hoy las identidades políticas —las redes, los institutos, las universidades, los nuevos espacios culturales—. Vamos a volver a estar ahí. Nosotras y lo que representamos. El 15-M ha politizado en los valores de izquierda a una generación. No estamos dispuestas a consentir que la Generación Z y la Generación Alfa se socialicen en valores reaccionarios. Y serán nuestras propias jóvenes, las de Movimiento Sumar, las que liderarán esta ofensiva.
El horizonte es 2027, el ciclo electoral más importante de la década. Municipales, autonómicas y generales que decidirán no sólo la continuidad de un gobierno progresista, sino si España consolida una nueva cultura democrática para el siglo XXI o retrocede hacia los periodos más oscuros de nuestra historia. No prometemos certezas, en política no existen. La victoria no está garantizada; pero tampoco la derrota. A lo que sí podemos comprometernos es a trabajar por articular una organización más fuerte, más grande, más democrática, más joven y arraigada, capaz de disputar cada barrio, cada instituto y cada institución. Porque para volver a gobernar España hay que dejar a un lado la melancolía y poner sobre la mesa un plan de trabajo. Un terreno de disputa. Un horizonte. Una expectativa. Una ilusión. Una esperanza.
En julio de 2026, la derecha y la ultraderecha han ratificado en Sevilla su hoja de ruta hacia 2027. Este mismo julio de 2026, nosotras empezamos a escribir la nuestra. Todo empieza ahora. Y lo que queremos es sumar con más fuerza.
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Óscar Urralburu Arza es profesor de Historia de Secundaria, asociado a la Universidad de Murcia. Miembro del GC de Movimiento Sumar
Paulo Carlos López es profesor Titular de Ciencia Política de la USC y Secretario Xeral de Movemento Sumar Galicia
Esperanza Gómez Corona es diputada de Por Andalucía en el Parlamento de Andalucía y Co-coordinadora de Movimiento Sumar Andalucía.