Odio y amor, todo en el mismo día

Santa paciencia la que tiene que tener la gente que trabaja junto a Trump. No me refiero a su núcleo duro, a esa comitiva de palmeros que lleva siempre con él, sino a los funcionarios de carrera, los administrativos, la gente preparada que lleva años trabajando en la función pública y que no sabe a qué atenerse con este señor.

Nosotros lo “sufrimos” a ratitos, según el día y según la hora. Lo hemos comprobado en Ankara: por la mañana nos odiaba y por la noche nos amaba. Y así no hay quien se aclare. El departamento de Comercio de la Casa Blanca, nada más escuchar la retahíla de insultos y amenazas que nos lanzó Trump antes de empezar la cumbre de la OTAN, se puso a preparar, por si acaso, el listado de productos españoles que había que dejar en cuarentena. Papel mojado, esperemos, después de escucharle en el avión de vuelta a Estados Unidos, cuando dijo aquello de que habíamos sido muy generosos.

Sus bandazos empiezan a ser su forma de manejarse en todo. En sus odios, en sus filias, en sus obsesiones, en sus guerras… Siento mucha lástima y me solidarizo con quienes tengan que trabajar cerca de él, como esos funcionarios del departamento de Comercio que se pusieron a toda prisa a elaborar un listado que, horas después, podía pasar por la trituradora de la oficina, porque ya no había de qué preocuparse.

Siento mucha lástima y me solidarizo con quienes tengan que trabajar cerca de él

Gobernar así, decir "sí" un día y "no" al siguiente, no es un cambio de opinión. Y no es serio. Ya sabemos que Trump es capaz de desmentirse a sí mismo incluso en la misma frase, pero lo de Ankara ha rozado lo surrealista. Pensé en hablar de bipolaridad, pero sé que resulta ofensivo y políticamente incorrecto. Injusto incluso. Y, quizás, la mejor frase para explicar cómo es Trump es que vive en los límites de su propia contradicción.

La pregunta es cómo ha sabido hacer dinero así. Cómo se ha manejado en los negocios hasta ahora. ¿Sembrando el miedo en su equipo? Porque eso es lo que hace cada vez que anuncia un acuerdo o lanza una amenaza: hablar de la ira que va a desplegar, tratar como sus enemigos a todos, también a sus aliados, y luego recular.

Ya hemos hablado aquí de esa estrategia errática, el TACO, Trump Always Chickens Out; traducido, Trump siempre se acobarda.

En este caso, hay muchas familias españolas que respiran y aplauden que Trump se haya marcado otro TACO con nosotros. Productores de vino, de aceite, de maquinaria pesada, son algunos de los productos que más vendemos a Estados Unidos y que se echaron a temblar cuando el miércoles Trump se levantó locuaz y lo dio todo en su arsenal de amenazas contra España.

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