Si ustedes son fans de las películas clásicas de ciencia ficción, recordarán la escena de la película de 1954 en la que sale un ciudadano japonés con los ojos muy abiertos a modo de dibujo anime señalando al monstruo y pronunciando su nombre. Pues esta semana los meteorólogos de la NASA están repitiendo este proceso con el Fenómeno del Niño que se está desatando, y que por convenciones de nominación lleva el nombre de Godzilla.
El fenómeno del Niño es cíclico y ocurre frente a las costas de Perú, pero tiene implicaciones en el clima mundial. Cada siete años, más o menos, las aguas del Pacífico sur sufren un calentamiento anómalo que altera las corrientes de circulación atmosférica, provocando a la vez sequías en unas partes del globo y precipitaciones extremas en otros. Esto conlleva grandes desastres naturales, perdida de cosechas y, en algunas zonas, pérdida de vidas humanas. Es algo que se puede prever y actuar en consecuencia. Las agencias meteorológicas vigilan cuándo surge un aumento de la temperatura del mar frente a las costas de Perú, y ponen en marcha planes de adaptación. Pero los primeros síntomas de este año anticipan que el fenómeno del Niño va a ser uno de los mayores hasta la fecha, de carácter monstruoso, como Godzilla.
No pretendo jugar a ser meteorólogo, sino traducir una serie de artículos científicos y advertir sobre la necesidad de planificar para lo que viene en los próximos meses. Hasta el Banco de España, que no es sospechoso de ser un grupo de ecologistas trasnochados, en un informe sobre el impacto de la Dana dice que estos fenómenos extremos no son solo una desgracia humana, son un hachazo a la productividad del país: provocan cuellos de botella inmediatos en la oferta, paralizan la cadena de suministro y hunden la afiliación a la Seguridad Social en las zonas afectadas.
Pero miremos el mapa de la NASA, que pese a los intentos de censura de Trump, la Agencia de Observación de la Tierra Americana (NOAA) sigue produciendo estos mapas tan coloridos. Es un mapa de la temperatura del océano centrado en América, que explica las desviaciones sobre la media (anomalías), pero si se fijan hay dos cosas que llaman la atención poderosamente. Una es el fenómeno del Niño que se está formando demasiado pronto y que tiene anomalías por encima de los 4º. Y la segunda, si se fijan en la parte derecha del mapa y buscan nuestra casa, entre las Islas Baleares y la Península, verán que el Mediterráneo occidental está 5º por encima de lo normal. Es una sopa burbujeante.
El Niño no es un fenómeno provocado directamente por el cambio climático, pero la temperatura del Mediterráneo sí. Y la combinación de un mar hirviendo con un patrón atmosférico alterado no es un problema de ecologismo de pancarta; es un explosivo riesgo sistémico.
Me gustaría asimismo hacer una advertencia a modo de disclaimer, como en las películas, y es que la meteorología es una ciencia basada en tendencias y probabilidades, y de ninguna manera estoy afirmando que se acerca otra Dana ni nada parecido. Sino que se dan las condiciones para que se produzcan fenómenos meteorológicos intensos.
Estos fenómenos extremos no son solo una desgracia humana, son un hachazo a la productividad del país: provocan cuellos de botella inmediatos en la oferta
Pero volvamos a conectar puntos en el mundo, porque el clima es global, y si tenemos un Niño desatado en el Pacífico, en Europa nos podemos preparar para un invierno intenso. Una vez más, sin caer en alarmismos sino por hacer una llamada a la prevención y a trabajar juntos. Es mejor tener planes preparados y no utilizarlos que no tenerlos.
El fenómeno del Niño producirá, probablemente, una alteración de las masas cálidas que suben desde África, produciendo olas de calor más continuadas, y una sequía durante la primera parte del invierno y, a partir de ahí, los efectos del Niño van a ser todavía peores. Las plantas, como he dicho en otras ocasiones, no tienen cerebro, cuentan días de calor. Si les damos un invierno cálido, brotan antes. Si luego les quitamos la lluvia fina que recarga los acuíferos y, en su lugar, les mandamos una lluvia torrencial de otoño alimentada por un Mediterráneo hipercalentado, el agua no cala, arrasa, y de paso se lleva por delante infraestructuras.
La España del futuro será más cálida y árida, las sequías afectarán a un 70% más de nuestro territorio y 27 millones de personas vivirán en zonas con escasez de agua
En España, la naturaleza nos lleva avisando mucho tiempo. La Estrategia Nacional a 2050 ya asume, negro sobre blanco, que, si no tomamos medidas contundentes, la España del futuro será más cálida y árida, las sequías afectarán a un 70% más de nuestro territorio y 27 millones de personas vivirán en zonas con escasez de agua. La agencia estatal de meteorología publicó la semana pasada su predicción para los próximos tres meses y, de momento, respalda este patrón con un verano con temperaturas por encima de lo normal.
Y aquí viene otra vez la prédica en el desierto: el cambio climático está aquí y no nos lo vamos a quitar ignorándolo, pero cuando vienen fenómenos complementarios debemos estar preparados para afrontarlos. Dejo a los políticos la planificación de los planes más inmediatos, pero es necesaria la concienciación de la ciudadanía de lo que nos viene encima.
Como en la película de 1954, podemos quedarnos señalando al monstruo con los ojos muy abiertos mientras Godzilla avanza hacia la costa. O podemos entender que la meteorología ya no es una anécdota del telediario, sino el mayor factor de riesgo para nuestra economía y seguridad. La sopa burbujeante del Mediterráneo nos está avisando: el tiempo de las 'predicciones' se ha acabado, ha llegado el tiempo de la adaptación forzosa. Más nos vale que cuando Godzilla toque tierra, no nos pille discutiendo sobre el color del paraguas.
____________________
Isaac Pozo es director de Proyectos de la Fundación Alternativas.
Si ustedes son fans de las películas clásicas de ciencia ficción, recordarán la escena de la película de 1954 en la que sale un ciudadano japonés con los ojos muy abiertos a modo de dibujo anime señalando al monstruo y pronunciando su nombre. Pues esta semana los meteorólogos de la NASA están repitiendo este proceso con el Fenómeno del Niño que se está desatando, y que por convenciones de nominación lleva el nombre de Godzilla.