Da cierta tristeza, e incluso a veces vergüenza ajena, observar la trayectoria del supuesto líder de la oposición en su caminar por la política de nuestro país.
Traído en andas desde su Galicia, para en teoría solventar un problema en el partido, en el que un “rebelde” Casado se atrevió a plantar cara a la lideresa, apoyada por lo más rancio y granado del partido (Esperanza, Aznar, FAES…), fue presentado como un moderado que iba a centrar el partido para robar votos al centrista con tintes de socialdemócrata PSOE.
Pero pronto se dio cuenta de que en esa dirección nada le salía bien y con lo que se encontró fue con que por donde se estaba desbarajustando todo en su partido era por su derecha, con su partido hermano de sangre VOX robándole votos descontroladamente.
Llamado a capítulo por los que cortan el bacalao en el PP, aceptó y decidió dar un golpe de timón que le llevó a adoptar la apariencia de un Abascal venido a menos. Difícil le fue el cambio de look en los mítines, con palabras tomadas de los discursos de sus hermanos y gestos de patrioterismo rancio que no engañaba a nadie.
Desde entonces, sus apariciones públicas con mirada perdida, voz atiplada y que se le trunca al hablar, trata de ofrecer una imagen de derechoso aguerrido con apariencia de líder de la ultraderecha pero que no cuela ni engaña a nadie, si se le compara con el auténtico y original.
Porque, importante, ahí seguía el hada madrina en su sombra, pisándole los talones y apareciendo en los momentos más insospechados para robarle el protagonismo.
Y Feijóo tiembla cuando la ve y no se atreve a decirle cosas que lleva muy dentro, pero que se come. Y todos sabemos que cuando uno no suelta lo que lleva dentro, se provocan nudos que, llegado el momento, ni el mejor psicoanalista sería capaz de romper.
¿Y qué piensa Feijóo cuando ve a la lideresa hablar del accidente de los AVE pidiendo responsabilidades al Gobierno? "¿No tendría que haber dicho yo esto en nombre de mi partido?", se pregunta el que a muchos da cierta pena contemplar en esas situaciones
Y de ahí nace su gran desvarío y sufrimiento. Sufrimiento que uno le nota en sus discursos, en los que quiere dar la imagen de seguro, poderoso y controlador de la verdad y de la situación, pero al que se le ve ese labio tembloroso y esa mirada perdida que en definitiva está añorando su reposo en Galicia.
Porque a él le gustaría decirle muchas cosas a doña Isabel:
¿Por qué has ido a la campaña de nuestro candidato en Extremadura? ¿No debería ser yo el único que tendría que estar allí representando al partido? ¿Y en Aragón? ¿No te das cuenta de que eres la única que lo hace? ¿No estás queriendo quitar el protagonismo al líder del partido, que soy yo?
Es sintomático que, en todos los grandes problemas y polémicas de Estado, las primeras declaraciones de oposición a Pedro Sánchez vienen de la lideresa. Mi duda es si sus declaraciones llegan dictadas por su MAR o ya a este le vienen dadas de sus “mayores” (Aznar y Cia). El caso es que en la fábrica de “ideas” de la derecha-ultraderecha, la máquina de forjar ataques, acusaciones e incluso bulos se pone a funcionar inmediatamente al servicio de “ella”.
¿En cuántas ocasiones habla la lideresa de SU Comunidad y en cuántas de los asuntos de Estado? Ya se va haciendo normal, frecuente y es esperado que, ante cualquier tema, por muy lejano que sea de Madrid, doña Isabel lance sus diatribas al enemigo número uno de la Comunidad (¿?), el señor Sanchez. Pero el caso es que no vienen por afrentas a su Comunidad, sino a la globalidad del país al que ella quiere dar la imagen de representar
¿Y qué piensa Feijóo cuando ve a la lideresa hablar del accidente de los AVE pidiendo responsabilidades al Gobierno? "¿No tendría que haber dicho yo esto en nombre de mi partido?", se pregunta el que a muchos da cierta pena contemplar en esas situaciones.
¿Y qué siente cuando ve a esa mujer visitando países en representación de nadie sabe si de su Comunidad o de la oposición del Estado?
Y así es que el melifluo Feijóo, antes que llamar la atención a esa mujer –porque claramente se siente incapaz y tal vez acabaría como su antecesor en el cargo–, lo que hace es lanzar discursos más “aguerridos” de lucha contra un Pedro Sánchez que se debe morir de risa al contemplar tamaña situación. Y así esto se convierte en algo así como un combate de feria en donde se dilucida quién pega más fuerte y se lleva la muñeca del premio.
Señores del Partido Popular, decídanse de una vez y muestren a los españoles quién es el/la que realmente controla el partido, quién es el/la líder de la oposición, porque si de lo que se trataba era de tener dos versiones, la moderada y la dura, para satisfacer a unos y otros dentro del partido, en estos momentos lo que estamos viendo los ajenos es un partido con una cabeza muy claramente definida hacia la ultraderecha y un desnortado Feijóo que se mueve de un lado para otro como pollo sin cabeza y con el susto metido en el cuerpo cada vez que en España ocurre algo.
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Ángel Viviente Core es miembro de la Sociedad de Amigos de infoLibre.
Da cierta tristeza, e incluso a veces vergüenza ajena, observar la trayectoria del supuesto líder de la oposición en su caminar por la política de nuestro país.