Una tarde fría de domingo de enero. Y en la oscuridad del campo andaluz se desataba la tragedia. A la altura de Adamuz (Córdoba) se producía el segundo mayor accidente de la historia de la alta velocidad española. El impacto de un tren Iryo y de un Alvia acababa con la vida de 45 personas. El país entero enmudecía y el dolor se adueñaba de millones de personas. España, de luto.
El brutal accidente se ha convertido en el mayor reto de gestión técnica y política de Óscar Puente. Una situación que se ha visto agravada con el accidente de un tren de Rodalies que costó la vida esta semana a un maquinista en prácticas que viajaba en la cabina. El ministro de Transportes es, por tanto, la pieza principal del Gobierno en un momento de máxima sensibilidad social y con el objetivo primordial de conocer la causa que provocó el descarrilamiento del tren.
Desde la noche del domingo, Puente ha dejado a un lado su parte más polémica y bronca de confrontación política para sacar su perfil de gestor, curtido durante sus dos mandatos al frente del Ayuntamiento de Valladolid, y de comunicador directo y accesible. El ministro concede al día varías entrevistas y ha protagonizado ruedas de prensa, como las del miércoles y el viernes, de horas de duración y sin límite de preguntas. Un ejercicio muy poco habitual entre los políticos patrios.
Puente, que es un experimentado político y uno de los pesos pesados del socialismo actual, es plenamente consciente del alcance y trascendencia de este accidente, tanto por su dimensión humana como por su impacto económico (la alta velocidad es una de las puntas de lanza de la imagen internacional de España) y político (la oposición habla del caos en la gestión de España en un momento muy complicado para Pedro Sánchez).
La investigación aún no ha concluido de manera definitiva la causa exacta que provocó el mortal accidente, pero los primeros resultados apuntan a un problema en la vía, que es competencia de la Administración central. Y la búsqueda de responsabilidades políticas, si se confirma ese supuesto, se dirigirá al corazón del Ministerio de Transportes. Un departamento, además, que arrastra en estos momentos la pesada sombra de José Luis Ábalos, que estuvo al frente de él hasta el verano de 2021.
Un político experimentado que baja a la confrontación
Puente no llegaría al complejo de Nuevos Ministerios hasta noviembre de 2023, después de que Sánchez retuviera de manera inesperada la Presidencia del Gobierno en las elecciones del 23J. El propio jefe del Ejecutivo le había pedido en alguna ocasión incorporarse al Gobierno, pero el vallisoletano no quería abandonar su ciudad. Pero en las municipales del 28M, a pesar de ganar en votos, el PP lo desalojó de la Alcaldía gracias a un pacto con Vox. Y eso lo llevaría a dar el salto a la lista al Congreso y salir como diputado. El PSOE lo eligió para dar la réplica a Alberto Núñez Feijóo en su investidura fallida: “De ganador… a ganador”. Este momento supuso su vuelta a la primera línea política y mediática.
Las máximas de Puente para gestionar esta crisis sin precedentes para la alta velocidad han sido la cooperación con todas las instituciones (existe interlocución directa con el presidente andaluz, Juanma Moreno), dar información con la máxima transparencia (siempre apelando a las investigaciones técnicas) y tratar de frenar los bulos y noticias fake que siempre aparecen en estos momentos complicados.
Pero no ha logrado, por ejemplo, conectar con los sindicatos de maquinistas, que han llamado a la huelga por los accidentes de Adamuz y de Rodalies en Gelida (Barcelona). El titular de Transportes ha dicho que este sector se encuentra en un “suflé emocional”, una expresión que ha provocado un fuerte malestar entre estos trabajadores.
No piensa dimitir
Los días de luto oficial han traído una pequeña tregua política en España, pero Puente está en el punto de mira de la oposición. El Partido Popular no ha pedido explícitamente todavía su dimisión, aunque el líder de los populares, Alberto Núñez Feijóo, señaló en una comparecencia en la calle Génova este viernes que “jamás” lo habría nombrado como titular de Transportes. Para la dirección popular, primero se tiene que esclarecer lo que ocurrió y luego tendrán que llegar las responsabilidades políticas.
Ante la pregunta de si se siente capacitado para gestionar esta crisis o si se ha planteado dimitir, Puente respondió así el viernes: “¿Si me siento capacitado? Absolutamente. Que esto haya sucedido no creo que me reste ninguna capacidad para seguir en el cargo. ¿Si dimitiría? Ya he dicho públicamente que, desde mi punto de vista, los parámetros de responsabilidad en un asunto de este calado se basan fundamentalmente en quien resulte afectado por la responsabilidad y haya contribuido por acción u omisión a la causación del daño o a su agravamiento. Si estuviera en esas circunstancias, asumiría mis responsabilidades. Sinceramente creo que no estoy”.
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“Respecto a si temo que el presidente del Gobierno me pida la dimisión, no lo temo. Pero también digo que soy una persona nombrada por el presidente y, por tanto, mi puesto está a su disposición siempre. Él puede tomar la decisión de cesarme o pedirme el cargo cuando quiera. Pero sinceramente no estoy preocupado”, remachó.
Vox y Junts han solicitado ya la comparecencia de Puente en el Congreso, algo que él mismo ha pedido también. El socialista se ha convertido en uno de los políticos a vencer por la oposición y sus enfrentamientos son constantes tanto en el Parlamento como en las redes sociales. El ministro encadena polémicas en la red social X (antes Twitter) tanto con dirigentes políticos como con periodistas y su tono ha sido en múltiples ocasiones criticado.
En cambio, en el aspecto interno, Puente es uno de los principales referentes que tiene ahora mismo el PSOE y se ha convertido en uno de los políticos más queridos por la militancia, como se puede comprobar en mítines y actos del partido. Su nombre siempre suena en todas las quinielas para jugar un papel importante dentro de la formación el día que Sánchez deje el liderazgo, pero él siempre se ha desligado de la sucesión. Asimismo, se ha convertido en el principal defensor del presidente y del partido, bajando al barro contra medios de la fachosfera o con figuras como Isabel Díaz Ayuso.
Una tarde fría de domingo de enero. Y en la oscuridad del campo andaluz se desataba la tragedia. A la altura de Adamuz (Córdoba) se producía el segundo mayor accidente de la historia de la alta velocidad española. El impacto de un tren Iryo y de un Alvia acababa con la vida de 45 personas. El país entero enmudecía y el dolor se adueñaba de millones de personas. España, de luto.