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Caso Gürtel

Correa afronta el dilema de hacer una confesión 'light' o desvelar nuevos datos para lograr menos cárcel

Francisco Correa, es increpado por una persona a su llegada a la Audiencia Nacional este lunes.

La cuenta atrás para el interrogatorio de Francisco Correa ha comenzado después de que el tribunal tumbara este lunes el intento de varias defensas y del PP -que no está procesado pero ocupa la posición de presunto beneficiario económico de la trama- por suspender la celebración del primer macrojuicio de Gürtel.

Considerado el jefe de la red corrupta y en espera de que comience su interrogatorio –podría ser el jueves o el viernes, pero no está claro–, Correa afronta ahora un dilema. Y ese dilema no bascula ya entre aceptar o negar las acusaciones de la Fiscalía, opción esa última que fuentes que representan a muy distintos intereses en la causa dan  por completo descartada. Para el antiguo Don Vito que durante años organizó multitud de actos del PP y obtuvo cientos de contratos supuestamente amañados, la disyuntiva estriba ahora en lo siguiente: hacer una confesión light o, por el contrario, desvelar y documentar nuevos datos light -o, como mínimo, detallarlos de forma fiable- que ayuden al ministerio público a desbrozar caminos hasta ahora cegados.

Lo primero, entonar un mea culpa y persistir en su idea de que quiere resarcir al Estado por el daño causado aportando dos millones de los que tiene bloqueados en Suiza, de poco le serviría, aseguran las fuentes consultadas por infoLibre. Dado que el juicio durará meses, ¿puede Correa postergar su decisión de colaborar hasta saber a cuántos años le condena la justicia valenciana en el caso Fitur, otra pieza derivada de Gürtel, juicio que acabó en abril y cuya sentencia todavía no hay fecha? En teoría, sí. Pero si así lo hiciera, se arriesgaría a tirar por el desagüe toda posibilidad de trato benévolo por parte de la Fiscalía, auguran fuentes conocedoras del caso.

Si Correa quiere realmente pasar menos años en la cárcel de los que significaría una condena teórica de 125 años –los que le pide Anticorrupción–, deberá demostrar que está en disposición de contar algo de relevancia. Y de hacerlo  en esta pieza, la denominada Época I, que afecta a presuntos delitos perpetrados entre 1999 y 2005. E incluso, de hacerlo también respecto de otras piezas del caso para las que todavía no hay señalada fecha de juicio. ¿Tiene Correa papeles que no haya localizado la justicia? Algunas de las fuentes jurídicas que siguen el caso desde su estallido en 2009 creen que solo hay una respuesta: "Sin duda".

Arganda, Jerez y otros caminos por desbrozar

Entre las piezas donde la Fiscalía ha topado en algún momento con una vía en la que resultó imposible seguir avanzando se encuentran no solo la de los papeles de Bárcenas, relativa a la presunta financiación ilegal del PP, sino otras como aquella -la llamada principal o segunda parte- en la que se investiga lo sucedido en Arganda del Rey, municipio madrileño que fue escenario del mayor pelotazo protagonizado por la trama. O la de los contratos de Aena. O la de los otorgados por el Ayuntamiento de Jerez y de la que la alcaldesa del municipio gaditano, la también diputada del PP María José García Pelayo, quedó provisionalmente exonerada por el Tribunal Supremo.

Solo si Correa demuestra durante el interrogatorio que su disposición a colaborar es auténtica  –relatan las fuentes consultadas–, la Fiscalía se planteará de manera firme lo que un cualificado observador del caso define como "no hacer sangre" con el tiempo efectivo que el acusado deberá pasar en prisión. No hacer sangre, explica la fuente, se traduciría aquí en eliminar, por ejemplo, el adjetivo "continuado" en la ristra de delitos de corrupción –de soborno a asociación ilícita pasando por delito fiscal y otros– a que se enfrenta el supuesto jefe de Gürtel. "O en aplicar la atenuante de colaboración con la justicia", tercia otra fuente. Dado que, sin contar los beneficios penitenciarios, cualquier reo pasa en prisión el triple de la pena mayor solicitada, la diferencia entre delito a secas y delito continuado sería sustancial para Correa.

No se sabe aún cuándo comenzará a declarar Correa, dado que la formulación de las llamadas cuestiones previas -las solicitudes de nulidad, por ejemplo- ha demorado el inicio de la tanda de visionados de vídeos de varios acusados que, por fallecimiento o incapacidad, no comparecerán en el juicio. A eso le seguirá la tanda de interrogatorios. Y antes que Correa se someterán a las preguntas de la Fiscalía tres acusados que presumiblemente han alcanzado un acuerdo con la Fiscalía. Uno de ellos es Jacobo Gordon, exsocio de Alejandro Agag, es decir, del yerno de José María Aznar. Otro, el antiguo dueño de Constructora Hispánica, Alfonso García Pozuelo, quien en verano reconoció haber financiado ilegalmente al PP; y el tercero, Roberto Fernández, un exconcejal del PP en Pozuelo (Madrid) que tras ser localizado el primer día en el banquillo que compartía con los otros 36 acusados ha sido detenido al pesar sobre él una orden de busca y captura por presunto malos tratos, aseguran fuentes jurídicas.

Correa desvelará hoy en su declaración si colabora con la Fiscalía y reconoce los hechos

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¿Estrategias dispares o policía bueno, policía malo?

El contenido de las declaraciones de Gordon, acusado de segundo nivel -la Fiscalía pide para él dos años- pero icónico por sus relaciones con Agag, y de los otros dos acusados ya referidos anticipará la pauta. Y la de Correa marcará definitivamente el tono de diapasón. Aparentemente, Correa se ha distanciado del resto de acusados principales. Y, aparentemente, su abogado –Juan Carlos Navarro– y el de su antiguo lugarteniente Pablo Crespo -Miguel Durán-, están aplicando estrategias radicalmente distintas.

Algunos abogados creen que, en realidad, Correa y Crespo mantienen una táctica común en la que ambos se reparten los papeles: "El primero –relata la fuente– hace de policía bueno decidido a colaborar y el segundo, el policía malo cuyo abogado, como ha recordado la fiscal, no solo pide la nulidad para su cliente sino, curiosamente, también para Correa". De ser cierta esa hipótesis, el rumbo que Correa imprima a su declaración –y el resultado que de ella obtenga– puede marcar de manera decisiva lo que haga Pablo Crespo, el siguiente en el turno de interrogatorios. Otras fuentes entienden en cambio que Correa "juega sus propias cartas".

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