Residuos y medioambiente

¿Por qué una decisión de China afecta a la gestión de la basura española?

Residuos apilados en China.

Una decisión de China, aplicable a partir del 1 de enero de este año, puede hacer que la gestión de la basura en España y, en general, en el mundo occidental se tambalee. ¿Cómo es posible? ¿Qué relación tiene el gigante asiático con nuestros procesos de reciclaje? Pues porque buena parte de lo que consideramos residuos va a parar allí. Una lata de refresco o un brick de leche que, tras disfrutar de su contenido, el usuario tira a un contenedor amarillo en España, puede formar parte de los bloques de basura que, como los de la foto, van a parar a la otra punta del mundo.

Hasta el día de Año Nuevo, China era considerada el vertedero del mundo. La razón es que los chinos son unos voraces consumidores de lo que se conoce como materias primas secundarias, es decir, procedentes del reciclaje. Sobre todo, papel, cartón y plástico. Cuando depositamos en España un residuo en el contenedor azul o amarillo, país que recicla bajo un Sistema Integrado de Gestión (SIG) capitaneado por Ecoembes, viaja vía camión de la basura hasta una planta de reciclaje. Allí se separa el producto según composición, creándose paquetes de estas materias primas secundarias. Ecoembes vende esos paquetes a las llamadas empresas recicladoras, que ejercen de intermediarios entre la cadena de reciclaje y la industria que utiliza lo resultante.

El problema es que, en muchas ocasiones, la industria que compra no es autóctona, sino que es de China. Según la Federación Española de la Recuperación y el Reciclaje (FER), en 2016 se exportaron desde España al país asiático más de un millón de toneladas de materiales tirados al contenedor, de los que 819.000 toneladas fueron de papel y cartón y 138.000 de plástico. En teoría, no como basura, sino como materia prima secundaria. Las razones por las que China ha limitado severamente la importación de estos productos son dos, como explica la FER. La primera es la intención de la República Popular de virar el rumbo hacia la sostenibilidad con la campaña Beautiful China. Un país con una industria colosal está, así, empezando a realizar esfuerzos en otros ámbitos relacionados, como el del cambio climático, creando el mayor mercado de carbono del mundo.

La segunda es que a China no le sale rentable, en ocasiones, comprar a Occidente materia prima secundaria, porque lo que les llega es de tan baja calidad que supone mucho dinero utilizarlo. De hecho, las autoridades del país se han llegado a referir a lo importado como "basura extranjera", sin distinguir entre lo que utilizan para alimentar su industria y la estricta basura.  "La mayor preocupación de FER es la ambigüedad con la que se mueven las autoridades chinas y que podría generar inseguridad jurídica para nuestras empresas. Es decir, que se pongan trabas e impedimentos a la exportación de materias primas secundarias que abastecen a la industria china, en lugar de centrarse en la basura", explican las empresas recicladoras a infoLibre.

Desde FER aplauden la iniciativa del país de reducir sus niveles de contaminación con Beautiful China, pero no entienden por qué se aplica a lo reciclado, en vez de solo a los desechos. Las restricciones del país afectan al papel y al plástico, principales materiales que son exportados por España destino Oriente, y se ha reducido el porcentaje de impurezas por las cuales un producto reciclado se considera residuo.

¿Y cómo nos afecta esto? El millón de toneladas que se van a China tienen su razón de ser en que hay un excedente de materia prima secundaria: España, al igual que otros muchos países, no puede asumir todo lo que sale de la planta de reciclaje. "Antes lo vendíamos a China. Pero ahora, la materia prima secundaria que sea de especial baja calidad, acabará en un vertedero de aquí", alerta Alodia Pérez, responsable de residuos de la ONG Amigos de la Tierra. Ya se están buscando mercados alternativos, pero ningún país podrá importar lo que importaba China, por lo que se prevé un aumento considerable en el volumen de los vertederos de medio mundo, incluidos los nuestros, y una reducción en las tasas de reciclaje. "Esto evidenciará las cosas que funcionaban mal del sistema", pronostica la activista. Amigos de la Tierra, como otras muchas ONGs españolas, asegura que el SIG español, a través del reciclaje, fomenta el consumo. Por lo que no es el mejor de los caminos hacia la sostenibilidad: la solución no es reciclar el plástico y que acabe en China, o en Tailandia, o en el vertedero, sino consumir menos. Es ya parte de la conciencia colectiva que el plástico se carga la biodiversidad y permanece prácticamente inalterable en el entorno natural durante miles de años.

Las costuras del reciclaje

Los activistas alertan de que es posible que la tasa de reciclaje de España, del 32% de todos los residuos según Eurostat, disminuya debido a la decisión de China. Según Ecoembes, el 76% de los envases que se tiran al contenedor amarillo se reciclaron en 2016, según una consultoría llevada a cabo por la propia Ecoembes. "No sabemos cuántos envases se ponen a la venta en España acogidos a la gestión de Ecoembes, y no sabemos cuántos se recogen. No sabemos de dónde sacan esas cifras", denuncia Alberto Vizcaíno, ambientólogo muy crítico con la empresa y autor del blog Productor de Sostenibilidad.

Amigos de la Tierra aboga por instalar en España el Sistema de Depósito, Devolución y Retorno (SDDR), que en resumidas cuentas propone incrementar el precio de los envases y que el aumento sea devuelto al consumidor al producirse el retorno en puntos autorizados. Esto desmontaría el SIG, en el que las empresas pagan a Ecoembes para que se encargue de recoger, vía contenedores, los residuos y gestionar su reciclaje. El intento que se produjo en la Comunitat Valenciana para su implementación fue rechazado con virulencia por la empresa sin ánimo de lucro. La ONG asegura que con este sistema España tendría mayores oportunidades de llegar al objetivo de un 50% de reciclaje en 2020 que marca la Unión Europea y que a día de hoy parece inalcanzable. Muchos envases desperdigados que nunca llegan al contenedor amarillo podrían llegar a ser reciclados con el SDDR, argumenta la ONG, porque simplemente da dinero. Y Vizcaíno añade: la separación de materiales sería fácil y no nos encontraríamos con paquetes de baja calidad que acaban o en China o en el vertedero.

Sin embargo, la solución para el exceso de basura, un problema medioambiental de primer orden, no pasa solo por la eficiencia del reciclaje, también por la reducción en el consumo. El pasado martes 16 la Comisión Europea aprobó la estrategia de plásticos en el marco del Paquete de Economía Circular de la Unión Europea, que además de apostar por una mejora técnica para que los plásticos sean más fácilmente reciclables, prohibirá los microplásticos, una vez se prohibió en toda la UE la distribución gratuita de bolsas de un solo uso.

En Baleares se ha dado un gran paso en ese sentido: el anteproyecto de ley de residuos presentado por el Govern de las islas plasma su intención de prohibir bastoncillos, pajitas o cápsulas de café no degradables o reciclables. Productos de un solo uso muy prescindibles y muy contaminantes. "Lo de China es una gran oportunidad para tomar medidas reales y efectivas que reduzcan el consumo", defiende Alodia Pérez. Pero no es optimista: los países occidentales, cree, buscarán otro país vertedero en el que desembarcar lo que no podemos reciclar.

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