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La crisis del coronavirus

Los defensores de un gobierno de concentración tratan sin éxito de alentar al PSOE a romper con Iglesias

Operarios municipales descargan 12 toneladas de material sanitario recibidas por el Ayuntamiento de Barcelona procedente de Shangái (China).

La pretensión de que el PSOE rompa con Unidas Podemos en plena crisis sanitaria y económica y apenas tres meses después de que el Congreso de los Diputados invistiese presidente a Pedro Sánchez con el mandato expreso de formar un Gobierno de coalición y poner en marcha un programa de izquierdas, no ha encontrado, al menos de momento, ningún eco en las filas del PSOE. Ni siquiera entre aquellos más incómodos con la decisión de compartir tareas ejecutivas con la formación morada, la mayoría de ellos militantes de la vieja guardia y representantes del ala más centrista de partido.

La ofensiva de sectores de la derecha política, económica y mediática para alentar la ruptura de la coalición no es nueva, como tampoco lo fue la que meses atrás intentó evitar que fraguase el gobierno compartido. Pero ahora, al calor de la grave situación provocada por la pandemia, ha tomado nuevo impulso. El objetivo sigue siendo el mismo: sacar a Unidas Podemos del Gobierno, si bien cambia el instrumento propuesto: una “gran coalición” entre el PSOE y el PP (con la ayuda no imprescindible de Cs), un ejecutivo supuestamente de “concentración” que incluya también a Vox además de a Ciudadanos o un gran acuerdo político y económico que evoque la trascendencia que los pactos de la Moncloa tuvieron en su día para salvar la supervivencia de la democracia española en los primeros años de la transición.

El primer partido en plantear abiertamente esta posibilidad ha sido Vox. La formación ultra lleva varios días pidiendo dimisiones y ceses y exigiendo un cambio de rumbo político, económico y sanitario a lomos de la gravedad de la situación creada por el coronavirus. Es una idea que gusta mucho a la derecha —Cayetana Álvarez de Toledo, la portavoz del PP en el Congreso, ya pidió un gobierno de concentración PSOE-PP-Cs después de las últimas elecciones para cerrar la puerta del Gobierno a Unidas Podemos— y que, según los medios más conservadores, gustaría mucho a las grandes empresas y a la banca, dos sectores que supuestamente estarían muy preocupados por la batería de medidas sociales que el Gobierno ha puesto en marcha con el fin de limitar, siquiera parcialmente, los efectos de la paralización económica. La patronal representada por la CEOE tampoco ha encajado bien la decisión del Gobierno de hibernar la actividad no esencial durante ocho días laborables —los que van del 30 de marzo al 8 de abril—.

Varios medios aseguran desde ese fin de semana en sus editoriales que el PSOE se ha “doblegado” ante Unidas Podemos tomando medidas que, en su opinión, atentan contra la propiedad privada, violan las leyes y conducen el país a una catástrofe económica. El expresidente de Prisa, Juan Luis Cebrián, defendió hace poco días en las páginas de El País que “el Gobierno es prisionero en sus decisiones de los pactos con sus socios de Podemos y los independentistas catalanes y vascos”. Poco después, el exdirector del mismo diario, Antonio Caño, reclamó a PSOE, PP y Cs que “ignoren de una vez los cálculos políticos que puedan favorecer más a unos o a otros ante próximas contiendas electorales y sumen fuerzas para sacar al país adelante. No valen más excusas. La nación requiere un empuje unitario que solo es posible si las principales fuerzas defensoras del sistema se empeñan de forma conjunta en esa misión”. El diario El Mundo exigió esta misma semana que Sánchez “se abra de una vez a negociar medidas de concentración nacional con la oposición”. Y el director de Elespañol.com, Pedro J, Ramírez, siguió la misma tesis.

Sin eco en el PSOE

El llamamiento de la derecha, sin embargo, no está teniendo eco en el PSOE. Todas las fuentes consultadas por infoLibre consideraron inviable la hipótesis de un gobierno de concentración. Ni siquiera el expresidente Felipe González, piedra angular de la vieja guardia socialista, ha criticado la labor del Ejecutivo. Más bien todo lo contrario: España está respondiendo “razonablemente bien” a la crisis generada por la pandemia del coronavirus, declaró esta semana.

“No tiene ni pies ni cabeza” y es “un disparate”, señaló en conversación con este diario un exalto cargo socialista que maneja buena información acerca de los debates internos del PSOE. Entre otras cosas porque no es posible llegar a acuerdos con la derecha de Pablo Casado, cuya voluntad real de pactar todo el mundo en Ferraz pone en entredicho. Romper la coalición con Unidas Podemos no tiene sentido por muchas razones, señala otro dirigente socialista. ¿Se imaginan la oposición que estaría haciendo Pablo Iglesias, e incluso los sindicatos, si formar parte del Gobierno no le hiciese copartícipe de la responsabilidad de tomar decisiones?, se pregunta la misma fuente. No hay alternativa a mantener el rumbo, porque “el PP no va a dar tregua”.

Otra cosa, aseguran algunos de los consultados, es que se haya acertado a la hora de buscar la complicidad de la oposición y especialmente de los presidentes autonómicos, aunque sea al Gobierno a quien corresponda tomar las decisiones.

Otro motivo por el que pactar el escenario económico que viene con la derecha no es viable tiene que ver, según otro dirigente del PSOE, con la dificultad del PP para asumir la principal lección de esta crisis: la necesidad de defender el valor de lo público, de la sanidad en particular y del Estado de bienestar en general.

“Nadie está en eso”, señala en referencia a un gobierno de concentración otro destacado socialista con escaño en el Senado, más allá de la necesidad de mejorar la comunicación con la oposición y los presidentes autonómicos para que respalden las decisiones que se están tomando, que considera imprescindibles tanto desde el punto de vista de la protección de la salud de los ciudadanos como de las empresas frente a la crisis.

No ha pasado en ningún país

Ninguno de los especialistas en Ciencias Políticas consultados por este diario avalaron tampoco la necesidad de un gobierno de concentración. Joan Font, doctor por la Universitat Autònoma de Barcelona e investigador del CSIC, no le ve ningún sentido a la propuesta. No es algo que esté pasando en ningún otro país, recuerda, “probablemente porque es innecesario. Pero además”, añade, “porque es seguramente contraproducente en este momento”. Significaría “cambiar a muchos equipos técnicos y dedicarle muchas energías cuando todos los esfuerzos tienen que estar en parar la crisis sanitaria y socioeconómica”. No hay ninguna necesidad de romper la coalición de Gobierno formada hace apenas tres meses: “Los ministerios clave están ya en manos del PSOE”, explica, “y los que temían a un Podemos infantil y poco preparado para gobernar no han ganado muchos argumentos en estas semanas: se ha visto a un Podemos sensato, leal y poco estridente”.

Lo mismo opina, en relación con la hipótesis de un gobierno de concentración, Ignacio Sánchez-Cuenca, profesor de Ciencia Política en la Universidad Carlos III de Madrid y colaborador de infoLibre. “La propuesta carece de sentido. No hay ningún elemento que permita suponer que con un cambio de gobierno vaya a mejorar la situación. Al revés, un cambio de gobierno lleva tiempo, tiene que haber un traspaso de poderes, nombramientos masivos, etc”.

Durante la fase de transición de un gobierno a otro “no habría un ejecutivo con capacidad para reaccionar” ante los acontecimientos. “Pero incluso si pasamos eso por alto, ¿alguien puede creer realmente que con otros gestores el resultado sería muy diferente una vez que la pandemia ha hecho estragos y no podemos más que intentar contenerla con medidas sobre las que hay consenso”, como  el distanciamiento social o la reducción de la actividad económica?

“Por lo que sé”, añade Sánchez-Cuenca, “en ningún país se ha producido un cambio de gobierno como consecuencia de la crisis sanitaria. La oposición debe hacer su papel, que es fiscalizar al gobierno y hacer propuestas, no jugar a conspiraciones. Un ejecutivo de unidad o de concentración nacional no tendría más propósito que dejar fuera a Podemos de la coalición de Gobierno. Si se me permite una expresión coloquial, la derecha política y mediática está haciendo ‘oposición de garrafón”.

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Jordi Pacheco, decano del Colegio de Politólogos y Sociólogos de Cataluña, recuerda que la crisis sanitaria es una crisis de las políticas públicas, lo que inglés se denomina policy: los servicios públicos están desbordados ante el coronavirus. “Es como el rompeolas del puerto ante un tsunami”, explica. Y mientras eso ocurre, las maquinarias de los partidos políticos y sus expertos en comunicación —la que en inglés se llama politicsse dedican a agitar “la esfera pública para sacar rédito electoral, protegiendo a los suyos y criticando a los oponentes”, “sólo hay que echar un vistazo a Twitter”, ironiza. En estos momentos asistimos a “una inflamación de la politics que, a mi entender, hay que rebajar”.

Formar un gobierno de concentración sería hacer un ejecutivo “en el que estén todas las fuerzas políticas”. Pero “echar a Unidas Podemos para que entre el PP no es de concentración, sino una nueva coalición”. Y lo único que podría motivar eso sería aceptar “que hay unos partidos más legitimados para dirigir el Estado que otros, lo que va contra el principio democrático de igualdad”.

La gestión que el Gobierno de Sánchez está haciendo de la situación no es buena, opina Pacheco. Pero aún así no se lo ocurre ningún beneficio que pueda derivarse de romper la coalición, así que quienes lo proponen sólo pueden star buscando “cambiar las élites gubernamentales, sin aportar nada a la crisis sanitaria”.

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