Navarra

El euskera vuelve a la agenda navarra gracias al acuerdo de gobierno entre la izquierda y los nacionalistas

Los líderes de PSN, Geroa Bai, Podemos e Izquierda-Ezkerra, tras pactar un acuerdo programático de gobierno en la comunidad foral.

"Un programa ambicioso, centrado en las personas, progresista, con avances sociales y en el que se hace hincapié en la convivencia". Son las palabras escogidas por la líder socialista navarra, María Chivite, para describir el preacuerdo programático que su fuerza ha rubricado con Podemos, Izquierda-Ezkerra y Geroa Bai de cara a la formación de un nuevo gobierno. Un texto que incluye, entre sus 77 páginas, un apartado dedicado a la política lingüística.

Los firmantes del acuerdo se comprometen a once propósitos a nivel lingüístico, donde el primer gran envite pasa por el "impulso de un amplio acuerdo social y político en torno al euskera", de manera que el idioma quede "alejado definitivamente del debate partidista, la confrontación y desterrando sentimientos de discriminación en la ciudadanía".

Con esta declaración de intenciones, las partes del acuerdo prometen mantener "como norma de consenso y, en su caso, de desarrollo" la Ley Foral del Euskera –del Vascuence hasta 2017–, gestada en 1986. Las formaciones políticas abren la puerta a una modificación, siempre "respetando lo dispuesto al respecto en la Lorafna", la Ley Orgánica de Reintegración y Amejoramiento del Régimen Foral de Navarra. El desarrollo de la Ley Foral del Euskera, establece el acuerdo, se haría "a través de un proceso participativo que refleje las distintas realidades sociolingüísticas" del territorio.

Las zonas del euskera

El punto de partida para entender el desarrollo de la política lingüística en Navarra se sitúa en el año 1982. Nace entonces la Ley de Amejoramiento, que en su artículo 9.2 establece el euskera como idioma oficial, junto al castellano, en las "zonas vascoparlantes" del territorio. La norma prevé que "una ley foral determinará dichas zonas, regulará el uso oficial del vascuence y, en el marco de la legislación general del Estado, ordenará la enseñanza de esta lengua".

La ley foral que profetiza la legislación llega cuatro años después, en 1986, bajo el gobierno del socialista Gabriel Urralburu. Aprobada el 2 de diciembre, la ley foral contó con el apoyo del PSN, Moderados, Grupo Popular y Mixto. Unión del Pueblo Navarro (UPN) se abstuvo y Eusko Alkartasuna (EA) votó en contra. Herri Batasuna estuvo ausente en la votación. El principal hito de la norma atiende a la zonificación lingüística de Navarra: detalla los municipios que integran la zona vascófona y mixta, perteneciendo los restantes al área no vascoparlante.

Patxi Zabaleta, miembro de la Real Academia de la Lengua Vasca (Euskaltzaindia) y político histórico de la izquierda abertzale, conversa con infoLibre sobre la situación del euskera en Navarra y su evolución histórica. Se trata, dice al otro lado del teléfono, de "un debate que ha estado y está muy presente en la sociedad" y por ese motivo "aflora de vez en cuando dentro de los debates políticos". En ocasiones, reflexiona, "la manifestación de esta inquietud" está íntimamente vinculada con la identidad, pero en otras, el vínculo tiene que ver con "temas sociales concretos, de educación, cultura e igualdad". Asuntos todos ellos que "hacen referencia a la libertad en cuanto a la opción de la ciudadanía respecto a las lenguas".

La ley de 1986 desarrolla la previsión de las zonas, delimitadas en función del uso del euskera. Zabaleta se reconoce firme opositor a la estructura de zonificación: "El concepto mismo de zona no es científicamente, sociológicamente ni culturalmente homologable". La declaración de oficialidad, considera, "da libertad y no origina ninguna obligatoriedad". De hecho, lamenta, "la gran trampa de Navarra ha sido la de querer confundir siempre el derecho a la elección con la obligatoriedad".

La zonificación, opina Zabaleta, crea "diferencias entre los ciudadanos" porque establece cismas en cuanto al uso del idioma "en la administración, la enseñanza o la cultura". En ese sentido, dice, la política lingüística "ha estado siempre condicionada a ese hándicap", de manera que se construye sobre la base de unas "especificidades absolutamente retrógradas que tienen su origen en el Amejoramiento y su desarrollo posterior".

Hacia un proceso de diálogo y acuerdo político

Los años que seguirían a la ley de los ochenta apenas traen cambios significativos. "Ha tenido desarrollos a través de decretos y órdenes forales, que en los tiempos de Juan Cruz Alli fueron más progresivos. Luego vino el Gobierno de Miguel Sanz y Rafael Gurrea, que recortó la norma. Yolanda Barcina la recortó más aún y el de Uxue Barkos la extendió un poco", recuerda el académico. Ahora, prevé, si el Gobierno es de Chivite "la mantendrán y si es de José Javier Esparza la recortarán". Pero entre todas las maniobras gubernamentales "no se aborda la solución definitiva, que sólo tiene una salida democrática y es la libertad", sentencia, "y la libertad exige la cooficialidad".

En la última década, la ley fue modificada con el fin de alterar la zonificación, especialmente para incluir un mayor número de territorios en la zona mixta, o para mejorar aspectos vinculados con la enseñanza y el uso del euskera. Pertenecer a una u otra zona implica, entre otras cuestiones, contar con personal en la Administración Pública capaz de atender a la ciudadanía en ambas lenguas o, en el caso de la zona no vascófona, contar con traductores: "Se reconoce a los ciudadanos el derecho a dirigirse en euskera a las Administraciones Públicas de Navarra. Estas podrán requerir a los interesados la traducción al castellano o utilizar los servicios de traducción previstos", dice la norma.

En cuanto a la educación, el precepto de 1986 otorga "el derecho a la posibilidad de elección en la zona vascófona", explica Zabaleta, de manera que los alumnos pueden escoger el idioma para cursar sus estudios en la enseñanza básica. Un derecho que no existe ni en la zona mixta ni en la no vascófona. En territorio mixto "no es derecho, pero sí funciona el fomento atendiendo a la demanda", mientras que en el área no vascófono "hasta hace unos años ni siquiera se sentían en la obligación de atender a la demanda", dice el académico.

Desde el año 2015, el Gobierno de Uxue Barkos dedica especial esfuerzo en recuperar la política lingüística como prioridad. En enero de 2017 impulsa el primer Plan Estratégico del Euskera (2016-2019), que se erige como una suerte de "proceso de recuperación de la lengua" y una "oportunidad para convertir al euskera en un elemento singular". El preacuerdo de Gobierno firmado ahora, prevé el desarrollo de un segundo plan capaz de seguir los pasos de su predecesor.

Ya en 2019, el Gobierno de Navarra pone en marcha diversos planes lingüísticos para regular el uso del euskera en las administraciones públicas, como paso posterior a la aprobación del Decreto Foral 103/2017 –que la coalición Navarra Suma propone derogar–. El texto firmado en julio por las formaciones de izquierda emplaza a estudiar el funcionamiento de los planes, en el plazo máximo de un año, para "impulsar una modificación de la normativa vigente de cara a buscar un mayor consenso sindical, social y político".

Pero uno de los pasos clave en la última legislatura se dio en febrero de 2018. Entonces, la Mesa del Parlamento de Navarra decidió, por sugerencia de EH Bildu, crear una Comisión Especial para la elaboración de una nueva Ley Foral del Euskara. Las conclusiones de la comisión de expertos –de la que tanto PP como UPN se desmarcaron– son rotundas: el estatus legal del euskera en Navarra "no es adecuado, ha quedado obsoleto y debe ser renovado y adaptado". La zonificación lingüística, critican los expertos, "no responde a la realidad y a la evolución sociolingüística", pero tampoco cuando se creó "estuvo basada en un criterio científico o sociolingüístico". Para la comisión, el único paso recomendable pasa por un "proceso de diálogo y acuerdo político".

Tras el dictamen hecho público a finales de enero, un partido emitió un voto particular: el PSN. "El grupo socialista no considera que exista una demanda social real para la modificación de la actual Ley del Euskera", afirmó, pero además "la mayoría de la ciudadanía navarra rechaza que se le imponga el uso del euskera a través de normas". Declarar oficial el idioma, asintió el grupo, "responde al ideario de presentar una visión de Navarra que no es real". Además, remató, "las normas tienen que proteger los derechos de las minorías pero sin discriminar los de las mayorías".

"El cambio social es evidente"

Los movimientos de la política institucional se han fraguado sobre la base de una premisa: el arraigo social del euskera en la población navarra. ¿Cuál es esa realidad social? Tal y como desarrolla el Gobierno de Navarra en su primer plan estratégico, entre 1991 y 2016 "el porcentaje de vascohablantes –entre la población de 16 años o más– en Navarra ha crecido 3,4 puntos", pasando del 9,5% al 12,9%. Los datos proceden de la VI Encuesta sociolingüística 2016-2017

Un vistazo a los últimos 25 años revela que, además, el mayor aumento en cuanto al número de vascoparlantes se ha producido en la zona mixta: del 5,2% al 11,3% actual. En la zona no vascófona, el porcentaje pasa del 0,6% en 1991 al 2,7% en 2016. Es precisamente la zona vascófona la que demuestra menores alteraciones al mantenerse en torno al 60-61%.

Respecto a los grupos de edad, el mayor porcentaje de vascohablantes se concentra entre los menores de 35 años, especialmente entre los navarros de entre 16 y 24 años. Actualmente, el 25,8% de la población joven navarra de 16 a 24 años habla euskera, una cifra 16 puntos por encima de la registrada en 1991. Por su parte, el euskera es empleado por el 18,8% de la población de 25 a 34 años, cuando hace dos décadas el porcentaje era del 7%.

Zabaleta celebra que, "sin duda alguna, el euskera va progresando, muy lentamente pero de manera constante". Así lo constata no solo la realidad social, sino también la evolución cultural. El académico recuerda, en ese sentido, la publicación de su libro Zorion baten zainak en 1972. "Además de ser secuestrado [según publicaba la edición del 21 de julio de 1972 del diario ABC: "Se ha procedido a retirar de las librerías" de Pamplona la obra de Patxi Zabaleta por "una orden del Juzgado de Orden Público"], ese año fue el único libro de literatura vasca que se publicaba en Navarra", subraya. En 2018, manifiesta, "se han publicado alrededor de 50 libros de literatura escritos por jóvenes en Navarra: el cambio social es evidente".

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