Siria

Expertos en geopolítica creen que España puede “jugar un papel interesante”

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El pasado jueves, el ministro de Asuntos Exteriores ruso, Serguéi Lavrov, envió una misiva a su homólogo español, José Manuel García-Margallo, con el objetivo de invitar a España a formar parte del Grupo Internacional de Apoyo a Siria (GIAS), el conjunto de actores internacionales que se encuentra negociando una salida a la guerra civil siria, un conflicto que lleva agitando Oriente Medio durante cinco años y que ya ha dejado más de 470.000 muertos y en torno a 12 millones de desplazados, según denuncian las organizaciones internacionales. El ofrecimiento, justificado por "el rol e influencia" de nuestro país en la región, que el Ejecutivo español aceptó este mismo viernes.

La incorporación al grupo, que posibilitará que España juegue un papel más relevante en el proceso de paz en el país árabe –no participará en las conversaciones que se celebren en Ginebra pero recibirá información y podrá pronunciarse–, se produce de la mano de Holanda, Australia y Japón. El GIAS, actualmente presidido por Rusia y EEUU –encabezan los dos bloques con visiones contrapuestas a la hora de buscar una solución–, está integrado además por Alemania, Italia, Francia, Egipto, Emiratos Árabes Unidos, Catar, Arabia Saudí e Irán, además de Naciones Unidas y la Unión Europea.

España, por su parte, ya había solicitado su entrada en diferentes ocasiones. Sin embargo, este paso requería que todos los participantes diesen luz verde a la petición. El visto bueno llega motivado por la posición de equidistancia que mantiene nuestro país con los dos bloques. El titular de Exteriores siempre ha defendido que el presidente sirio, Bashar al Assad, debe ser parte de las negociaciones de paz, aunque no de la solución final en un futuro. Una posición que comparten los aliados de Damasco, entre los que destacan Rusia e Irán, pero que es contraria a la mantenida por el bloque encabezado por Estados Unidos y Arabia Saudí, que pedía la renuncia del líder del Ejecutivo sirio antes de abrir el melón de las conversaciones entre las partes del conflicto. 

Mediador privilegiado

Pedro Baños, coronel de infantería y experto en geopolítica, explica a infoLibre que España jugará un papel de mediador privilegiado gracias a las buenas relaciones que ha mantenido históricamente con algunos países árabes: "Todas las partes nos verían bien y seríamos recibidos con los brazos abiertos en las mesas de negociaciones", afirma, añadiendo a renglón seguido que en las conversaciones es necesario que se sienten "todas las partes" que que juegan un papel en "el actual problema".

Una opinión que comparte Chema Gil, director del departamento de estudios sobre terrorismo del Instituto de Seguridad Global. "Esa equidistancia es lo que creo que resulta más interesante para los actores", explica el experto, que señala que España puede "poner en valor unas relaciones privilegiadas con el mundo árabe" y defiende que la posición que ha mantenido nuestro país "respecto de las presiones de EEUU en relación con Al Assad" ha facilitado una conexión "con Rusia". "En definitiva, puede jugar un papel interesante si se conserva esta habilidad del señor Margallo, que ha jugado con seriedad y ha sabido mantener la distancia con respecto a unas posturas y otras", concluye.

Preguntados por si este aumento de influencia de España en la toma de decisiones sobre la guerra civil siria incrementa el riesgo de sufrir ataques por parte de los principales grupos terroristas que con un papel fundamental en el conflicto, ambos lo rechazan. "Estos problemas vendrán si nuestro país participa en una intervención militar", asegura Baños.

Gil, por su parte, comienza aclarando que España "es un objetivo muy simbólico y estimulante para las acciones del terrorismo internacional" que "sigue siendo objeto de amenazas continuas" por el Estado Islámico y sus franquicias en África. "Es evidente que se pone más en la escena si aparece dentro del conjunto de países que, además de intentar ese proceso de paz, tienen fuerzas militares actuando contra posiciones del EI. Pero no creo que ningún Estado se quede fuera de ese punto de mira ni creo que tenga derecho de ponerse de lado para intentar esquivar la amenaza del terrorismo yihadista", concluye.

Cinco años de sangre

Estos días se cumplen cinco años del inicio de la guerra civil en Siria. "El conflicto se está volviendo cada vez más complejo, provocando miles de muertos y empujando a cinco millones de personas a los países vecinos, algunos de ellos, como Líbano, cada vez más saturados", apunta a infoLibre Eva Suárez, directora adjunta de Amnistía Internacional. Además, señala que los "crímenes de guerra y contra la humanidad se han convertido en estos años en una práctica generalizada, aunque ahora estemos presenciando un alto el fuego parcial".

El año 2015, tal y como explican desde Oxfam Intermón, ha sido en el que la población civil ha sufrido mayor daño: "Principalmente por el estallido de violencia de los grupos armados y los bombardeos rusos, que sólo en el mes de noviembre produjeron la muerte de 2.300 personas", detalla Paula San Pedro, investigadora de Acción Humanitaria de la organización. Además, sólo el año pasado, tal y como recogen en el informe Echando más leña al fuego, la población civil que vive en zonas asediadas se duplicó hasta alcanzar las 500.000 personas, mientras que las que han precisado ayuda humanitaria se incrementaron en 1,5 millones. "Hay zonas en las que no tenemos ningún acceso humanitario", completa San Pedro.

Suárez denuncia la "inacción de la comunidad internacional". "Rusia, EEUU, Francia y Reino Unido, todos miembros del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas y del GIAS, podrían desempeñar un papel crucial a la hora de acabar con el sufrimiento en Siria. En su lugar, estas naciones han menoscabado las resoluciones que ellas mismas apoyaron mediante presiones diplomáticas contraproducentes e interviniendo militarmente o proporcionando apoyo militar y político a sus aliados", añaden desde Oxfam Intermón.

La solución

Los dos expertos consultados por infoLibre coinciden en que la única solución al conflicto en el país árabe pasa por el actual presidente sirio. "No existen soluciones buenas. Al Assad es, actualmente, la solución menos mala una vez que se han radicalizado las posturas", asevera Baños. Gil, por su parte, explica que "es imposible" proponer "una situación de evolución en cuanto a la política de ese país donde no se tenga en cuenta al que ahora mismo es el Gobierno legítimo". "Por mucho que sea un sátrapa, un dictador, en estos momentos si se quiere evolucionar en una situación que camine hacia la paz y culmine con un proceso de elecciones, que es lo que se persigue como último objetivo, hay que tenerlo en cuenta en las negociaciones", concluye. 

Una opinión con la que coincide San Pedro: "Para nosotros la solución pasa claramente por un proceso político que integre a todas las partes. Pero eso no significa que Al Asad tenga que estar en el futuro Ejecutivo. Por ese motivo, pensamos que es necesario un proceso incluyente que finalice con un proceso democrático donde la población pueda elegir a su futuro gobernante". De esta forma "quedarán respondidas" las demandas de todos aquellos sirios que se levantaron hace cinco años exigiendo un cambio democrático. Una Primavera Árabe que terminó derivando en una guerra civil cada vez más difícil de resolver.

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