Tres años de indignación

Los expertos no descartan que resurja en 2015 antes de las elecciones

Imagen de archivo de una manifestación del 15-M en la Puerta del Sol, Madrid.

"No nos representan"; "No somos marionetas en manos de políticos y banqueros"; "No soy anti-sistema, el sistema es anti-yo". Son tan sólo algunos de los lemas que se corearon a partir del 15 de mayo de 2011 como parte del Movimiento 15-M, una movilización que comenzó siendo una pequeña acampada en la Puerta del Sol de Madrid y que derivó en una protesta multitudinaria contra la corrupción, la falta de transparencia democrática y la falta de representatividad que buena parte de la sociedad sentía hacia los políticos.

El estallido del 15-M se produjo en mitad de una situación draconiana en España: después de tres años de crisis económica, la tasa de paro se situaba en el 20,6%, lo que se sumaba a que el año anterior el Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero había aplicado los que hasta ese momento eran los recortes sociales más duros de la democracia, que incluyeron medidas como la congelación de las pensiones (excepto las mínimas), la rebaja de un 5% del sueldo a los funcionarios o la eliminación del conocido como cheque bebé. Más de tres cuartas partes de los ciudadanos calificaban entonces de negativa la situación política.

El panorama, lejos de mejorar bajo el Gobierno del PP, no ha hecho más que oscurecerse desde entonces: el desempleo alcanza ya a una de cada cuatro personas en edad de trabajar –más de la mitad en el caso de los jóvenes–, el 21,6% de la población se encuentra en riesgo de pobreza y los servicios sociales, la sanidad y la educación han sufrido durísimos tijeretazos, mientras la clase política representa el mayor problema del país para más del 25% de los ciudadanos. Pero, si la situación es tan extrema, ¿está por surgir otro movimiento como el 15-M? Los expertos consultados por infoLibre coinciden en señalar que, a pesar de que no se puede anticipar con total seguridad, es poco probable que en un futuro cercano aparezca una corriente similar.

"El Estado ha hecho que la protesta sea mucho más difícil"

Y ofrecen varios motivos: Rafael Cruz, profesor de Historia del pensamiento y de los movimientos sociales y políticos en la Universidad Complutense de Madrid (UCM), señala que el 15-M basó su éxito en el "factor sorpresa" que supuso ocupar durante varios días una plaza tan icónica como la Puerta del Sol a pocos días de las elecciones municipales y autonómicas de 2011. "Ahora hay muchas razones, pero lo que hace falta para que una movilización así se desarrolle es lo que se llama el factor de oportunidad [...], y la acampada del 15-M, si no hubiera habido elecciones, la hubieran desalojado", explica Cruz, que apoya su argumento asegurando que previamente hubo multitud de concentraciones con los mismos principios y metodología que no trascendieron.

De la misma opinión es Kerman Calvo, profesor de Sociología en la Universidad de Salamanca (USal), que considera que el 15-M no tiene visos de repetirse próximamente porque "tiene memoria de su propia experiencia". Calvo, igualmente, explica que las condiciones para que un movimiento de estas características se desarrolle actualmente son más complicadas. "El Estado ha reaccionado haciendo que la protesta sea mucho más difícil", relata el sociólogo, que pone como ejemplo de esta reacción las multas a las que están teniendo que hacer frente muchos manifestantes, un hecho que cala y "desmotiva" a los ciudadanos. 

Precisamente en esta desmotivación abunda Inés Calzada, investigadora del Instituto de Políticas y Bienes Públicos del Centro Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), que señala que para que una parte significativa de la sociedad se levante no es tan importante cuánto se agraven los problemas sociales como la percepción de que se puede cambiar algo, algo a lo que contribuye la cercanía de unas elecciones. "Las movilizaciones, en general, no se dan porque la gente se encuentre en malas condiciones, ni cuanto más humillada esté más posibilidades hay de que se movilice, sino que debe haber una percepción de que el poder es débil", explica.

Por ello, Calzada también ve difícil que se pueda repetir en un futuro cercano un 15-M, ya que, a su juicio, "la percepción que se ha ido imponiendo estos años es la de que el poder es muy fuerte". "Se han aplicado toda una serie de reformas que la gente no quería, y eso va calando y va dejando la sensación de que no hay opciones", señala la investigadora quien, asimismo, asevera que las próximas elecciones europeas no serán un factor fuerte de movilización para la ciudadanía precisamente por la falta de interés que provocan en buena parte de ella los comicios comunitarios. "Si las elecciones fueran generales sería otra cosa", remacha. Y Rafael Cruz coincide con ella: "el año que viene es mucho más propicio para que surja algún movimiento".

"Los actores políticos que no se organizan e institucionalizan no sobreviven"

No obstante, ¿significa esto que el 15-M está muerto? Para Víctor Sampedro, catedrático de Opinión Pública y Comunicación Política en la Universidad Rey Juan Carlos, en absoluto. "El 15-M lleva estallando tres años en muchos lugares de manera descentralizada", asegura Sampedro, que tacha de "simplista" el afirmar que el movimiento se ha extinguido por el hecho de que "no estén las calles ocupadas". "El 15-M tiene apoyo popular, permanencia en el tiempo y transversalidad", defiende el catedrático. Y aporta un dato: el año pasado, siete de cada diez ciudadanos seguían apoyando sus demandas.

Por ello, el catedrático considera que el movimiento, más que menguar, ha evolucionado. Y lo resume afirmando que en su primer año, "cambió la cultura política y fijó la idea de que 'aquí la democracia no se regala'"; en 2013 se reflejó en la profusión de las movilizaciones sociales convocadas por colectivos –"y con enormes éxitos, al menos en Madrid", afirma–; y en los últimos tiempos, bajo su punto de vista, las ideas del 15M se han canalizado a través de partidos como Podemos, el Partido X o Anova.

El resto de expertos coinciden con él tan sólo parcialmente. Kerman Calvo coincide en que formaciones políticas como las CUP catalanas o Podemos son "la derivación institucional del 15-M", y considera que este es precisamente el mejor camino a seguir para obtener los cambios reales que el colectivo demandaba. "Los actores políticos que no se organizan e institucionalizan no sobreviven", explica el sociólogo, que cuenta que "estos movimientos al principio gustan mucho y son muy efervescentes", pero a la larga su influencia se pierde si no se estructuran. "Realmente, si fuéramos muy generosos, podríamos decir que el 15-M es un movimiento social en hibernación", remata Calvo.

No obstante, para el profesor de la USal, el llamado "espíritu del 15-M" sí que ha provocado un cambio radical en la mentalidad de la sociedad: mentalizar a la ciudadanía de que el fin del bipartidismo a medio plazo es una opción real y a tener en cuenta. "Pienso que realmente lo más tangible es el mensaje de que el bipartidismo se ha agotado, y canalizar esa idea ha sido mérito del 15-M", opina. Y ante esto, según Rafael Cruz, "los dos grandes partidos se están blindando" y no están escuchando las demandas de reformar el sistema electoral o profundizar en la democracia interna de las formaciones políticas.

Cruz, además, cree que el movimiento ha dejado otro poso en la ciudadanía: la idea de que para movilizarse no es estrictamente necesario depender de organizaciones políticas o sindicales, sino que el protagonismo puede venir de los colectivos sociales. Inés Calzada coincide y explica que este cambio de modelo es una consecuencia más del "caldo de opinión que existe de que no se puede confiar en canales habituales". Pero avisa: las movilizaciones de grupos pequeños "pueden ser, y de hecho algunas lo están siendo, tremendamente eficaces", pero son los grandes movimientos, como las huelgas generales, las que tienen "más posibilidades de cambiar grandes políticas".

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