Talento a la fuga

“Es más factible que emigre a otro país después, que volverme a España”

“Es más factible que emigre a otro país después, que volverme a España”

“Si pudiera, volvería mañana mismo a España. Pero no podré mientras mis hijos y mi marido no tengan un nivel de vida y un futuro allí”. Así traslada a infoLibre Diana Izu, una madrileña de 37 de años, una inquietud que es también la de cada vez más españoles forzados a emigrar al extranjero por cuestiones laborales. Españoles que salieron de su país hace años con la idea de retornar al cabo de unos meses, y que finalmente encontraron en el extranjero la estabilidad, el nivel de vida y el futuro que aquí se les negaba. Como ella, miles de expatriados económicos ya no ponen fecha a un regreso que ven cada vez más lejano.

“Llevo años planteándome volver, pero un día empiezas a posponerlo hasta quien sabe ya cuándo”, explica Leticia Gracíaa, traductora canaria de 35 años que comparte trabajo con Diana y que no duda en definirse como parte de una generación no solo “perdida” sino también “frustrada”. Ambas se han encontrado con que mientras esperaban a que llegara la tantas veces anunciada “recuperación” que les permitiera regresar, ya habían echado raíces en Brighton, la turística localidad costera al sur de Inglaterra, el país al que un día llegaron hace años con la idea de pasar un “tiempo limitado” para “mejorar en el idioma”.

Talentos no regresados

“Me fui en 2002 cuando todavía no había empezado la crisis. Pero la verdad es que los de letras siempre hemos estado en crisis”, cuenta Leticia. Además, continúa, “soy de Canarias”. “Si los traductores tenemos pocas oportunidades, ahí están todavía más mermadas”. Como ella, Diana también marchó un día porque “el panorama en España nunca ha sido precisamente maravilloso”. Licenciada en Humanidades, una carrera con la que se ha cebado particularmente la tasa de desempleo, decidió marchar un día "por un tiempo limitado" para “aprender un idioma” que le permitiera optar alguna vez a un máster en periodismo, pero ese día se ha ido postergando hasta desvanecerse. Las dos comparten una experiencia similar: Desde su llegada a Inglaterra, pasaron por todo tipo de trabajos hasta encontrar su actual estabilidad laboral en una empresa de cursos de lenguas.

"Aquí trabajamos organizando cursos de idiomas", explican a este diario. “Más que enseñar el idioma, nos dedicamos a recursos humanos: buscar escuelas para impartirlos, profesores...".  Pero el camino hasta lograr encontrar un empleo que se adecuara a su formación no ha sido fácil. Según cuenta Leticia, cuando habla con sus amigos españoles siempre le dicen que qué suerte tiene, que qué buen trabajo tiene. "Pero no se imaginan todo lo que he hecho para llegar hasta aquí. Hice de todo. Llegué para limpiar habitaciones de hotel”, recuerda. Algo que confirma Diana: “He sido desde camarera a todo lo demás”. Una experiencia que califican de “enriquecedora”. “Terminas la carrera y de repente, te encuentras limpiando el baño de una pareja que acaba de marchar del hotel. Lo haces y ya está, porque además sabes que lo que se paga aquí es mucho más de lo que ganarías por lo mismo en España”, reflexiona Leticia.

Diana Izu en la National Portrait Gallery en Londres. 

La enseñanza del español, un idioma que cada vez interesa más en los países angloparlantes, les brindó la oportunidad definitiva de establecerse en Inglaterra, donde licenciados como ellas encuentran un reconocimiento profesional y salarial imposible de hallar en España. “Las escuelas de idiomas pagan en España cinco o seis euros la hora en muchísimos casos. Y si te planteas hacer unas oposiciones es que ni las convocan”. La posibilidad de establecerse como autónomas, una vía a la que fuerza con más frecuencia el mercado laboral español, tampoco les seduce. “Pagas cincuenta euros al mes durante seis meses y después la cuota de autónomo se dispara. No salen las cuentas”, sentencia Leticia, que añade con ironía que ante esas circunstancias, más que “talentos a la fuga" son "talentos no regresados". "Es más factible que emigre a otro país después de estar aquí, que volverme a España”.

Los nuevos emigrantes españoles

Leticia y Diana, como residentes en el extranjero desde antes incluso del estallido de la crisis, han podido observar cómo ha ido cambiando progresivamente el perfil del emigrante español que llegaba a Inglaterra, acentuándose en la mayoría de los casos, y según indican, el dramatismo de las situaciones que estos tienen que afrontar. “Antes veías como los que llegaban eran jóvenes como nosotras, de diecinueve o veintipocos años que venían a trabajar de cualquier cosa unos meses para aprender a hablar inglés”. Ahora, advierte Leticia, “es gente de más de treinta años, de cuarenta e incluso con familia, que llevan años en el paro en España”. El constante flujo de españoles que deciden probar suerte en el extranjero ha cambiado incluso las perspectivas laborales que estos pueden encontrar. “Hay casos como el de una chica que conozco, que lleva meses buscando trabajo de cualquier cosa y no encuentra. Eso antes no pasaba”.

La observación de Leticia se ve refrendada por los datos oficiales. Solo en 2013, la inmigración española en Reino Unido disparó su porcentaje con respeto al periodo anterior, hasta situar a España a la cabeza de las nacionalidades que buscan allí una oportunidad, solo por detrás de Polonia. Unas cifras que se espera hayan aumentado en los últimos dos años y que han venido acompañadas de una significativa transformación en el perfil del español que se marcha al extranjero, tal y cómo se reseña en el informe La nueva emigración española de la Fundación Alternativas, desde donde se destaca una mayor afluencia de emigración, con una menor tasa de retorno y que ya supera los cuarenta años de edad. Una sangría profesional y demográfica que amenaza las perspectivas a medio y largo plazo de la economía española, como han advertido ya diversos estudios, algunos incluso del propio Banco de España.

El precio de volver a España

La afluencia de inmigrantes a Inglaterra suscitada por la crisis económica en el continente europeo, también ha despertado un debate inédito en la sociedad inglesa. “Este es un país integrador, en el que no les extraña que un camarero no sepa inglés. Pero con el actual gobierno sí que se habla de 'cerrar las puertas', sobre todo a los ciudadanos de los países del este de Europa. Por el momento los españoles tenemos buena fama, de trabajadores”, explica Diana. Quizá por ello, ambas defienden la cultura laboral británica: “la titulitis no está tan extendida, y si trabajas, confían en tus habilidades y puedes ir ascendiendo”, puntualiza Leticia.

“He conocido amigos y familiares que se han venido a Inglaterra, se han vuelto a España y otra vez han regresado a Inglaterra. Con sus hijos de arriba a abajo una y otra vez. Así no hay manera”, avisa Diana. “Vuelves a España para, en el mejor de los casos, ganar 600 euros y llegar a casa todos los días a la nueve de la noche. Te vuelves a España, con su estilo de vida y su sol, pero a qué precio”. Un precio que no está dispuesta a pagar porque sabe que comprometería el futuro de la familia que ya ha formado en Inglaterra. “Aquí conocí a mi marido, que es australiano, y he tenido dos hijos. Me gustaría volver, pero sé que no tendrían la misma educación, ni la misma sanidad, ni el mismo trabajo. España ya no es el mejor lugar para que crezcan unos hijos”.

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