Génova tutelará las negociaciones en Extremadura y en Aragón. Así, cuatro años después de llegar a la presidencia del PP, Alberto Núñez Feijóo se enmienda a sí mismo. Cuando aterrizó en Génova 13, dio manos libres a sus presidentes autonómicos para hacer y deshacer a su antojo, también en las negociaciones con Vox. Ahora, sin embargo, quiere ser él quien las pilote para "para facilitar los acuerdos", "garantizar que se ajustan a las negociaciones del partido" y "velar por la coherencia" de los pactos entre sí, en palabras de la vicesecretaria de Acción Institucional, Cuca Gamarra. La dirección nacional del Partido Popular elegirá a uno o varios negociadores que se sentarán a la mesa con su formación y Vox en Extremadura y Aragón.
Tanto María Guardiola (Extremadura) como Jorge Azcón (Aragón) anticiparon las elecciones con el aval expreso de Génova con el objetivo de desgastar al PSOE, como así ha ocurrido, pero también de reducir su dependencia de Vox, al contrario de lo que ha pasado. Por lo pronto, en Génova confían en que las aguas se calmen y los ultraderechistas cedan... pero quieren ser ellos los que lo desencallen para que Feijóo sume una victoria interna. En la dirección del Partido Popular dan por perdida la primera investidura de María Guardiola, prevista para el 3 de marzo, y creen que el mismo bloqueo puede persistir en la comunidad de Jorge Azcón, que también necesita ser investido con los votos del partido de Santiago Abascal. En este último caso, ha perdido posiciones respecto a 2023.
Esta decisión incide en la sensación, cada vez más extendida entre los territorios, de que para Feijóo la agenda nacional pesa más que la autonómica y de que Vox está utilizando ambas negociaciones para lanzarle un mensaje de cara a las próximas elecciones generales. Gamarra trató minimizar este movimiento al calificar su función como "acompañamiento" y, más tarde, fuentes del PP confirmaron que la idea partió de Génova pero que tanto Guardiola como Azcón lo aceptaron. Lo que explican en el cuartel general de los conservadores es que el golpe de mando se produce tras la amenaza de Abascal de una repetición electoral en Extremadura.
El razonamiento de Génova es que cualquier acuerdo con Vox en ese territorio antes del 15-M podría convertirse en munición electoral en Castilla y León, tanto para Vox si presume de arrancar consejerías con peso institucional, como para el PP si se traslada el relato de que ceden ante los ultras. En ese sentido, es el calendario electoral, y no las prioridades de Extremadura y Aragón, lo que guía la estrategia de la dirección de Alberto Núñez Feijóo. Por el momento el bloqueo mantiene a ambas comunidades con Ejecutivos en funciones, lo que limita la capacidad política y presupuestaria de sendos Gobiernos.
Vox cambia el paso
Con todo, la negociación con Vox no está siendo igual en ambos territorios. Mientras que el clima en Aragón es más proclive al acuerdo, en Extremadura ambas formaciones llevan semanas abiertamente enfrentadas por las exigencias de los ultras, que en el PP extremeño tacharon desde el primer momento de inasumibles, con consejerías como Economía, Agricultura, Interior e Industria, además de un cumplimiento íntegro del programa de Vox. En este escenario, en el equipo de Guardiola llevan semanas advirtiendo de la posibilidad de que la negociación se alargue hasta el límite o incluso acabe en nuevas elecciones. Fuentes de Génova aseguran que no van a meterse a negociar "partida por partida" en las consejerías y que, con su presencia, buscan "evitar tratos asimétricos" en Aragón respecto a Extremadura, donde hay voces que creen que hay una "inquina" personal contra Guardiola.
Vox también parece querer reconducir la situación, a tenor de las declaraciones de este lunes de su secretario general, Ignacio Garriga. En rueda de prensa desde la sede nacional sostuvo que los ultraderechistas quieren centrarse ahora en pactar "un acuerdo detallado de medidas concretas" con "cesiones de ambas partes que sean claras y conocidas por todos los españoles" y que incluya "garantías de que lo que se ha acordado se cumple". Es decir, priorizan el acuerdo programático sobre el reparto de consejerías, pero no renuncian a ellas. Garriga señaló que el volantazo se produce por el "nerviosismo" que ha provocado la negociación extremeña y los intentos por torpedearla por parte de medios de comunicación y políticos "no solo del PP, sino de Vox".
La formación ultra deja entrever que hay disposición para abrir un nuevo marco de diálogo con el PP y que la situación se desbloquea por la intervención directa de Génova. Sin embargo, aunque está previsto que las negociaciones se reanuden esta misma semana, Garriga también dijo que, si no hay un giro notable por parte del partido de Alberto Núñez Feijóo, sus diputados votarán no a la candidata del PP en Extremadura cuando se someta a la primera votación el 3 de marzo. Si los ultras mantienen esa posición 48 horas más tarde, el Reglamento de la Asamblea establece que se podrán convocar tantos plenos como sean necesarios, y si el 4 de mayo no se ha logrado elegir presidenta, la Cámara quedaría disuelta y se convocarían nuevas elecciones.
El pulso de Génova con Guardiola que tensiona internamente al PP
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En paralelo al pulso con Vox, Génova está librando otro con Guardiola. La pasada semana se le trasladó públicamente desde la dirección del PP que hiciera "menos ruido" y se aplicara más en la negociación. El detonante fue el volantazo discursivo de Guardiola sobre el feminismo en su intento de acercamiento a Vox que generó incomodidad en la cúpula nacional y abrió una brecha con el equipo regional. Pero las tensiones venían de antes. Durante la campaña electoral, Guardiola protagonizó varios rifirrafes con Abascal, al que llamó "machista" después de que él sugiriera que el PP debía cambiar de candidata para llegar a un acuerdo. En las últimas semanas aseguró que no iba a "travestirse" de Vox y dijo que prefería una abstención del PSOE a un pacto con los ultras.
Desde Génova son conscientes de la tensa relación de Guardiola con la extrema derecha, pero consideran que la repetición electoral es el escenario "menos deseable" y por eso quieren implicarse en la negociación. En el PP extremeño consideran que, además de la presión de Vox, la dirección nacional de su partido tampoco ha ayudado a destensar, sino todo lo contrario. El temor de Feijóo es que la extrema derecha condicione el resto de negociaciones y que la presidenta extremeña sea la "excusa" de Abascal.
El nerviosismo del PP se debe a que Feijóo ha comprobado de primera mano las dificultades de plantear una hoja de ruta independiente de lo que haga Vox, aunque ha intentado todas las estrategias: ignorarlos, atacarlos y mimetizarse con ellos. Y mientras en campaña llueven los reproches hacia los ultras, a los que consideran igual de "populistas" que Podemos, tras las elecciones los califican de "hermanos", en palabras de la portavoz parlamentaria, Ester Muñoz. Ahora van a intentar acercar posturas todo lo posible, aunque sea a costa de ningunear a sus presidentes autonómicos por el camino.
Génova tutelará las negociaciones en Extremadura y en Aragón. Así, cuatro años después de llegar a la presidencia del PP, Alberto Núñez Feijóo se enmienda a sí mismo. Cuando aterrizó en Génova 13, dio manos libres a sus presidentes autonómicos para hacer y deshacer a su antojo, también en las negociaciones con Vox. Ahora, sin embargo, quiere ser él quien las pilote para "para facilitar los acuerdos", "garantizar que se ajustan a las negociaciones del partido" y "velar por la coherencia" de los pactos entre sí, en palabras de la vicesecretaria de Acción Institucional, Cuca Gamarra. La dirección nacional del Partido Popular elegirá a uno o varios negociadores que se sentarán a la mesa con su formación y Vox en Extremadura y Aragón.