La estrategia de las derechas
El PP se enreda con el papel de Vox tras las elecciones autonómicas y complica la estrategia a Mañueco
La batalla que se libra en la derecha desde hace años evidencia que el Partido Popular sigue sin dar con la tecla ante su mayor amenaza, que no se llama Pedro Sánchez sino Santiago Abascal. Para la formación de Alberto Núñez Feijóo, Vox no es un socio menor ni coyuntural: condiciona Gobiernos, discursos y prioridades. Allí donde crece, obliga al PP a competir en radicalidad o a depender políticamente de él, debilitando su perfil autónomo.
En el PP identifican un antes y un después. Desde que Vox decidió romper en bloque los Ejecutivos autonómicos en julio de 2024, tras el choque por la acogida y reparto de menores migrantes no acompañados, el mapa de la derecha autonómica vive instalado en el regate corto: presupuestos como moneda de cambio, negociaciones de última hora y una idea fija en ambas sedes —Génova y Bambú—: nadie quiere aparecer como el que cede, pero nadie puede permitirse romper. Aunque el PP es el que más perdería.
Feijóo ha comprobado de primera mano las dificultades de plantear una hoja de ruta independiente de lo que haga Vox, aunque ha intentado todas las estrategias: ignorarlos, atacarlos y mimetizarse con ellos. Y mientras en campaña llueven los reproches hacia los ultras, a los que consideran igual de "populistas" que Podemos, tras las elecciones los califican de "hermanos", en palabras de la portavoz parlamentaria, Ester Muñoz.
Guardiola busca una abstención del PSOE
En los últimos meses la frustración se ha instalado en el PP, que asiste impotente al crecimiento de la ultraderecha en las elecciones autonómicas que ellos mismos convocaron con la intención de asestarle un golpe al PSOE —como así ha sucedido— y disminuir su dependencia de los ultras —al contrario de lo que ha pasado—. El caso de Aragón es el último ejemplo. Y los ultras ya han dejado claro que la última palabra la tienen ellos.
En el caso de Extremadura, donde la líder de los populares, María Guardiola, venció en las elecciones y cuya investidura está prevista para el próximo 3 de marzo, Vox ha exigido entrar en el Ejecutivo con cuatro consejerías clave —Economía, Agricultura, Interior e Industria—, además de una vicepresidencia. El PP, sin embargo, lo considera inasumible y ya no descarta la repetición electoral si no hay acuerdo. Si nadie cede, la investidura está abocada al fracaso a no ser que se produzca una abstención de los socialistas, algo que Génova ya empieza a reclamar. Pero esa puerta está prácticamente cerrada porque el PSOE extremeño también se opone.
Según trasladaron fuentes del equipo de Feijóo a primera hora de este miércoles, el PP prefiere una abstención del PSOE a un Gobierno de coalición con Vox. Esto es también lo que viene reclamando Guardiola desde la celebración de las elecciones el pasado 21 de diciembre. Un mensaje que, sin embargo, no comparten otros presidentes autonómicos y que incluso Génova se ha visto obligada a rectificar. "Preferimos no entregar ni poder ni consejerías a otros partidos, pero eso solamente pasaría por las abstenciones de formaciones políticas que entiendan que hemos ganado las elecciones y que nos corresponde formar Gobierno", señalaban fuentes del equipo del líder del PP.
Sin embargo, creen que "ni Vox ni PSOE pretenden abstenerse a cambio de nada", por lo que al PP solo le queda "explorar la consecución de apoyos a cambio de algo" como, por ejemplo, asientos en los consejos de Gobierno. "Con el PSOE evidentemente no queremos gobernar y, por tanto, la única opción posibilista es analizar el contexto político con Vox en cada comunidad autónoma", añaden estas fuentes. Desde Génova son conscientes de la tensa relación de Guardiola con la extrema derecha, pero consideran que la repetición electoral es el escenario "menos deseable".
Azcón: "Yo no quiero depender del PSOE"
Por lo que respecta a Aragón, en Vox también han dejado claro que quieren consejerías "con estructura y presupuesto". Azcón es partidario de gobernar con los ultras, porque cree que es el único modo de que se desgasten, y rechaza de plano lo que propone su homóloga extremeña. "Yo no quiero depender del PSOE", señalaba este miércoles el presidente en funciones de Aragón, que considera a los socialistas aragoneses "una caricatura" de lo que fueron por "defender a Pedro Sánchez por delante de los intereses de Aragón". "Yo no quiero que mi Gobierno tenga nada que ver con esto", aseguró en Antena 3.
En esa entrevista, Azcón asumió que "hay que pactar". Y añadió que lo importante ahora es "saber si Vox está dispuesto a asumir responsabilidades". "Lo que hay que ver es qué quiere hacer Vox en los próximos meses y años". Su relación con los de Santiago Abascal es menos tirante que en Extremadura, aunque también sabe que lo que allí suceda puede condicionar su Gobierno. "Estoy convencido de que mi capacidad de diálogo hará que busquemos acuerdos siempre pensando en Aragón", dijo.
De cara a esas negociaciones, el presidente aragonés en funciones sostiene que las "normas y reglas" de su relación ya las dejó claras hace semanas y que no han cambiado. Es decir, "se tienen que basar en cumplir la legalidad, que sean cuestiones con competencias de Aragón y buscando el mínimo común" entre ambas. Aunque se mostró convencido de su "capacidad de diálogo", a pesar de que fue la incapacidad para llegar a un entendimiento sobre los presupuestos lo que propició el adelanto electoral, en el que el PP retrocedió dos escaños respecto a 2023 mientras que Vox duplicó los suyos.
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Todas estas negociaciones afectarán, inevitablemente, al presidente de la Junta de Castilla y León, Alfonso Fernández Mañueco, el primero en meter a Vox en el Gobierno hace ya cuatro años tras un adelanto electoral. El martes, en un desayuno informativo, se refirió a esta cuestión y dijo que la ultraderecha ya tuvo "responsabilidades reales" de gobierno y que "sus políticas fueron un fracaso, a veces sonoro". Recordó que Vox tuvo, entre otras responsabilidades, la Consejería de Agricultura, Ganadería y Desarrollo Rural, pero "cuando vinieron mal dadas con los agricultores y ganaderos salieron corriendo".
Aunque el presidente de la Junta de Castilla y León defendió que su objetivo es ganar las elecciones y que para él "lo mejor es un Gobierno en solitario con un pacto parlamentario", aseguró que en caso de pactar con Vox exigiría un Gobierno o un pacto parlamentario "que dure cuatro años" y "no esté pendiente de las encuestas". Una declaración que se contradice con lo que apuntan fuentes cercanas a Mañueco, que sopesan la propuesta del PSOE de que gobierne la lista más votada. Eso pasaría, en todo caso, por una abstención de la segunda fuerza y que el PP rechaza públicamente. Eso se explica en que hay voces en el PP que temen un "triple empate" entre su formación, el PSOE y Vox. De ahí que no acepten el ofrecimiento de los socialistas.
A todo ello se le suma que Vox llega a esos comicios, previstos para el próximo 15 de marzo, con sus propias grietas: la salida de Juan García‑Gallardo de sus responsabilidades en el partido dejó una organización regional menos previsible, más intervenida por la dirección nacional y, por tanto, más dependiente de la lógica estatal de confrontación.