La estrategia de las derechas
Castilla y León, el laboratorio del auge de Vox tras los adelantos del PP donde Mañueco ya huye de Madrid
El 13 de febrero de 2022 fue la fecha elegida por el presidente de Castilla y León, Alfonso Fernández Mañueco, para adelantar los comicios hace cuatro años. La excusa de Mañueco fue una supuesta "traición" de sus socios de Gobierno, Ciudadanos, basándose en la mera hipótesis de que su entonces vicepresidente, Francisco Igea, iba a promover una moción de censura en su contra. Mañueco nunca puso sobre la mesa ninguna prueba de que semejante moción fuera algo más que un temor, pero la presidenta madrileña, Isabel Díaz Ayuso, tampoco las tenía cuando convocó elecciones anticipadas apoyándose en la misma idea en mayo de 2021. A la baronesa del PP le salió bien la jugada y consiguió su ansiada mayoría absoluta; Mañueco, sin embargo, erró por completo en sus pronósticos y se convirtió en el primer presidente autonómico en gobernar con Vox. Una decisión que avaló Alberto Núñez Feijóo.
Hasta ese momento la extrema derecha española se había limitado a facilitar ejecutivos del PP y de Ciudadanos en comunidades en las que, de otro modo, habría gobernado el PSOE. Es lo que sucedió en 2019 en varias autonomías y ayuntamientos en los que el PP no fue la primera fuerza, como fue el caso de Andalucía o la Comunidad de Madrid, entre otras. Vox fue decisivo para apartar a la izquierda, pero entregó sus votos sin conseguir nada a cambio más allá de algunas promesas por parte de los presidentes del PP.
Ahora la estrategia es otra. Y el caso de Mañueco, que logró dos escaños más que en los comicios de 2019 tras absorber casi por completo el voto de Ciudadanos, fue un preludio de lo ocurrido en las recientes elecciones en Extremadura y Aragón. El presidente castellanoleonés no evitó una fuerte escalada de la ultraderecha, que pasó de uno a 13 escaños, y reclamó la vicepresidencia y varias consejerías. Un escenario que volvió a repetirse con el adelanto electoral de María Guardiola, que únicamente logró un escaño más que en 2023 frente a una ultraderecha que duplicó los suyos, y con Jorge Azcón, que también decidió adelantar los comicios y este domingo perdió dos actas, además de ver cómo Vox duplicaba sus diputados de nuevo.
Desánimo en el PP, que teme un "triple empate"
Ahora Mañueco debe enfrentarse de nuevo a las urnas el próximo 15 de marzo y este lunes ya ha comenzado a marcar distancias con la estrategia del presidente aragonés de nacionalizar la campaña. "Nuestra estrategia es hablar de Castilla y León. Hablar de las personas de Castilla y León, de cuáles son los problemas y necesidades de Castilla y León. Y, desde luego, decir con claridad que el PP es un partido distinto a Vox", señaló ante los medios este lunes en la sede nacional del partido. Según aseguran fuentes populares a infoLibre, muchos territorios creen que "acercarse mucho a Madrid es radioactivo" y "contrario" a sus intereses.
Es más, según trasladan algunas voces del PP, a nivel interno ya se trabaja con la hipótesis de un "triple empate" en los comicios en Castilla y León y destacan la "sensación de desánimo" que hay en territorios como Valladolid, Palencia y Burgos. "Los cuadros medios del partido están abatidos", subrayan estas fuentes, que lamentan que Vox haya logrado capitalizar tan bien en la España vaciada pese a no tener "candidato" ni "programa". Así, creen que el resultado electoral del próximo 15 de marzo "encenderá" muchas alarmas en el PP, porque puede ser la primera vez que se vea "un resultado en el que PP y Vox compiten de igual a igual".
Mañueco, consciente del auge de la extrema derecha, planteó adelantar los comicios el pasado verano. Las encuestas publicadas antes de la ola de incendios que arrasó la comunidad apuntaban a que el presidente de Castilla y León estaba en situación de volver a gobernar, aunque de nuevo teniendo que apoyarse en un acuerdo con Vox. Pero el riesgo de que la oposición lograra fijar la idea de que la gravedad de lo ocurrido fuera consecuencia directa de los recortes ordenados por la Junta y del abandono en que se encuentran las áreas rurales de Castilla y León, le disuadió. Una narrativa que, además, también hubiera podría reforzar las candidaturas de Vox, si acaba imponiéndose la idea de que lo sucedido era consecuencia por igual del Gobierno de Pedro Sánchez.
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En el PP dan por hecho que el voto del descontento lo capitaliza Vox. Así lo admitió este lunes el líder nacional, Alberto Núñez Feijóo, en la Junta Directiva. "Quizá no somos el mejor desahogo inmediato para el enfado, pero sí somos los únicos que pueden y quieren repararlo", aseguró, tras pedir a los ultraderechistas no equivocarse ni de "adversarios" ni de "prioridades". "No pueden convertirse en un muro, porque no es lo que los españoles han votado, y porque yo no soy Sánchez", subrayó ante la plana mayor del PP. Sin embargo, Feijóo sigue defendiendo que lo que vale para sus presidentes autonómicos a él no le aplica e insiste en que quiere gobernar en solitario si en las próximas elecciones generales la suma de las derechas supera al bloque plurinacional.
Por el momento, la prioridad del partido de Santiago Abascal es amenazar la hegemonía del PP. Su partido se siente fuerte —las encuestas les dan estos días una expectativa del 20% de los votos— y cree que si además consigue entrar en los Gobiernos con carteras con competencias y presupuesto, habrá merecido la pena. Las elecciones de Castilla y León hace cuatro años evidenciaron, en palabras del eurodiputado Jorge Buxadé tras los comicios de 2022, que habían logrado derribar el "muro mental" del voto útil. Ahora, reclaman al PP consejerías con "estructura y presupuestos para poder hacer políticas" y no sólo "para figurar".
En la dirección nacional del PP son conscientes de que el carrusel electoral diseñado para evidenciar la debilidad del PSOE y disminuir la dependencia de la extrema derecha no ha funcionado como lo imaginaban. Aunque sí es cierto que los socialistas han sufrido sendos batacazos en ambas autonomías, a quien realmente han beneficiado las elecciones en Extremadura y Aragón es a Vox. En Génova defienden, sin embargo, que prefieren a un PSOE débil aunque sea a costa de que la ultraderecha suba y lo fían todo a que la formación de Santiago Abascal entre de nuevo en los Ejecutivos autonómicos y sufra el desgaste derivado de la gobernabilidad.