LA BATALLA POLÍTICA

La izquierda ante la ola reaccionaria: "El miedo no construye, necesitamos alternativas"

Abascal y miembros de Vox junto a Le Pen en una imagen difundida por el partido.

Otra vez la respiración contenida. Como ya ocurrió en 2002 o en 2017, la segunda vuelta de las elecciones presidenciales en Francia se ha convertido en una nueva oportunidad para que la ultraderecha alcance el poder en el corazón de Europa. Y más real que nunca. Este domingo, los franceses tendrán que revalidar el mandato del actual presidente, Enmanuel Macron, o dar su apoyo a la candidata de Agrupación Nacional, la ultraderechista Marine Le Pen, en medio de las protestas de miles de ciudadanos que claman contra la falta de alternativas. Ninguna formación de izquierdas es siquiera opción de gobierno después de que la candidatura de Jean-Luc Melenchon no haya superado el corte de la primera vuelta y los socialistas hayan asistido a un histórico hundimiento. 

Los cordones sanitarios que, a diferencia de España, sí se practican en Francia, así como la agitación del miedo a la extrema derecha han servido para impedir in extremis que el Frente Nacional (ahora Agrupación Nacional) gobierne el país vecino. Al menos hasta ahora. Pero esa estrategia empieza a mostrar evidentes signos de desgaste y amenaza con resultar inútil para hacer frente a una auténtica ola reaccionaria que convierte a la ultraderecha en alternativa de gobierno en muchos países europeos y que tampoco resulta ajena a España. ¿Está en marcha un proceso de derechización global? ¿Es coyuntural y tiene que ver con las consecuencias de la pandemia y la guerra o va más allá?

Los indignados miran a la ultraderecha

Gabriel Rufián, portavoz de ERC en el Congreso, ha advertido en varias ocasiones desde la tribuna del riesgo de que las izquierdas no sepan estar a la altura del desafío que supone la extrema derecha: “La derecha y la ultraderecha le han robado a la izquierda la capacidad de indignación ante una realidad terrible. Y solo hay una manera de frenarlo, sobre todo cuando esa misma izquierda es la que gestiona esa terrible realidad: llenándole la nevera a la gente y asegurándole unas condiciones de vida dignas”, razona en declaraciones a infoLibre. 

En nuestro país, por primera vez desde la restauración de la democracia la extrema derecha ha vuelto esta misma semana a formar parte de un gobierno. Ha ocurrido en Castilla y León donde, de la mano del PP, Vox ha accedido a ostentar responsabilidades en el ejecutivo autonómico. Esa coalición de la derecha con la ultraderecha parece haberse convertido ya en la fórmula de gobierno que podrían desarrollar otros territorios como Andalucía e incluso en la alternativa al actual ejecutivo central de PSOE y Unidas Podemos. 

Para Jesús Jurado, politólogo y autor de La generación del mollete, crónica de un nuevo andalucismo (Lengua de Trapo), “la consolidación de Vox como fuerza dirigente de la oposición al Gobierno tiene raíces que poco tienen que ver con la actual coyuntura económica”. Jurado, que ocupó cargos de responsabilidad orgánica en Unidas Podemos, cree que, en nuestro caso, el auge de la extrema derecha desde 2018 tiene que ver con un proceso reaccionario en tres frentes: “La sensación de agravio y amenaza ante el procès catalán, la llegada a la Moncloa de un Gobierno percibido como ilegítimo (por haber accedido al poder a través de una moción de censura y por sostenerse después sobre una alianza con Podemos y las izquierdas periféricas), y el auge del feminismo, entendido como una amenaza a los valores conservadores”. 

Isabel Serrano también es politóloga y trabaja para el Instituto de Estudios Culturales y Cambio Social. Y comparte la tesis de que en el auge de la ultraderecha hay mucho de reaccionario a todos los niveles: "Hay chavales que en las clases les gritan a sus compañeras feministas 'Viva Vox'. Esas compañeras han visto avanzar sus derechos y ahora son más conscientes de la desigualdad que sufren. Así que el grito es una reacción ante la pérdida de privilegios". Serrano reflexiona, además, sobre el papel de la izquierda ante el avance de esa ola reaccionaria: "La izquierda ha rechazado ciertos debates y se los ha regalado a la derecha. En vez de buscar una respuesta progresista a cuestiones como el patriotismo, las fuerzas de seguridad del estado o la familia, han dejado vía libre para los reaccionarios". Un espacio que, a su juicio, la izquierda también regala en las redes sociales: "Creo que la derecha tiene ahora la capacidad de hacer la política más atractiva que la izquierda. En internet vemos cómo la ultraderecha es capaz de unirse sin ningún problema para lanzar una ofensiva común sobre cualquier discurso de odio. En redes, la izquierda siempre tiende a tirarse los trastos y a lanzarse a la yugular de alguien por un matiz en tuit después de hacer una disertación teórica. Y son espacios que se regalan a la derecha".  

Próxima parada, Andalucía

La próxima cita electoral en nuestro país será la de Andalucía. Todas las encuestas le dan a la derecha una amplia victoria en las urnas con un gran ascenso, además, de la ultraderecha. La izquierda andaluza, que concurrirá a esos comicios en varias candidaturas, reflexiona estos días sobre la fórmula adecuada para confrontar con los de Abascal. ¿Convertir a Vox en protagonista de la campaña es la mejor estrategia para frenar su progresión? ¿Sigue funcionando la apelación al miedo? Reflexiona José Ignacio García, miembro de la ejecutiva permanente de Adelante Andalucía, la formación liderada por Teresa Rodríguez: “El miedo moviliza, pero también la rabia o la ilusión. El miedo es espasmódico, reactivo. Puede funcionar a corto plazo, pero construye poco o nada a medio plazo. Necesitamos construir alternativas desde el deseo de otras maneras de vivir y de convivir, de organizar la sociedad y la economía, de hacer política en plural”.

Los estudios demoscópicos de Andalucía reflejan incluso un significativo trasvase de votantes socialistas a la extrema derecha en una tierra en la que, hasta hace nada, el PSOE era hegemónico. “Aquella alerta antifascista de 2018 ha sido la mayor fábrica de votos para Vox. Rodear el Parlamento de Andalucía en la toma de posesión de Juanma Moreno y aquella leyenda del trifachito andaluz, vista con distancia, es la mayor estupidez política de los últimos años”, sostiene Santiago Martínez-Vares, CEO de la empresa Rebellius Words y analista político. “Casi cuatro años después de aquello, Juanma Moreno es un presidente que recibe en las encuestas el respaldo a su gestión de votantes de todos los sectores ideológicos” añade antes de señalar también la responsabilidad que, en su opinión, tiene la propia izquierda en el auge de la ultraderecha: “Cuando el Gobierno llama ultraderecha a los camioneros en la huelga del transporte hay muchos en el sillón de su casa que piensan: ‘pues yo también debo ser un facha y no lo sé’. El descontento con Pedro Sánchez y su Ejecutivo es amplio y yo creo que también es culpable del crecimiento de Vox. En los últimos años lo ha usado y ha cometido el gravísimo error de tildar de ultraderecha a cualquiera que protesta contra el Gobierno”, mantiene. 

José Ignacio García, que también será candidato al parlamento de Andalucía en las próximas autonómicas, asume la crítica a la izquierda: “Desde las izquierdas tenemos una parte de responsabilidad en el crecimiento de la extrema derecha. En un barrio, en un centro educativo o de trabajo donde la gente está organizada en torno a un proyecto de sociedad plural, abierto y transformador, la extrema derecha tiene muchos más problemas para instalarse y crecer”. García añade que, desde su punto de vista, “hacen falta más políticas públicas de bienestar y menos comunicación política sobre el bienestar”, en alusión al Gobierno central. “Si se atacasen decididamente problemas centrales como el acceso a la vivienda, la mejora de la sanidad y de la educación pública o la calidad del empleo, seguro que debatiríamos más de eso. No basta con decir cada cuatro años que viene el lobo”, expone.

También Jesús Jurado se refiere a políticas como la de vivienda que tienen un impacto directo en la vida de la ciudadanía y que, en su opinión, han sido abordadas de manera titubeante por el Gobierno. Y rechaza esa continua apelación al miedo: “En un momento en el que la población está sufriendo carencias severas y, sobre todo, está profundamente preocupada por el futuro, definir a Vox como el problema central a resolver supone distanciarse del ciudadano de a pie y sus problemas cotidianos, cada vez menos presentes en el debate político nacional”. 

Las tareas de la izquierda

Desde el propio Ejecutivo, la visión global que se tiene del momento político es la de que Europa vive “un momento socialdemócrata” que tiene que ver con "más estado del bienestar y no menos” y que ha acabado por desechar políticas neoliberales como las aplicadas durante la Gran Recesión y centradas, principalmente, en los recortes públicos y en la pérdida de derechos sociales y laborales. “Y esa es la política que parece querer recuperar Feijóo, una política absolutamente desfasada que nadie sostiene en Europa”, sostienen. 

En ese sentido, desde la Moncloa destacan “el escudo social” desplegado por el Ejecutivo para paliar las consecuencias derivadas de la pandemia, primero, y de la guerra, después. “El PP facilitó los despidos y nosotros protegemos los puestos de trabajos con los ERTE. Y hemos mejorado los derechos laborales en su conjunto, empezando por el Salario Mínimo Interprofesional. Además de desplegar políticas de protección en materia de vivienda o con el Ingreso Mínimo Vital para los más vulnerables, igual que ahora las ayudas directas a los colectivos afectados por el precio de las energías como consecuencia de la guerra”, subrayan. 

La pregunta es por qué esa política expansiva impulsada por el Gobierno queda eclipsada a menudo por debates mediatizados por la derecha. Para José Ignacio García, hay un elemento fundamental: “El vacío existencial y el desierto social de dolores y malestares que han generado décadas de políticas neoliberales. Individualización, ruptura de lazos sociales, precariedad, incertidumbre, crisis encadenadas. Y un sentimiento de escasez y de inseguridad vital que provoca un vacío de legitimidad y de representación en el que crecen los monstruos de la extrema derecha”. Jesús Jurado apuntala esa reflexión: “Si la izquierda, por su presencia en el gobierno, solo se sustenta sobre la defensa de un statu quo cada vez más insoportable para la mayoría, sin ofrecer un horizonte de ampliación del bienestar, difícilmente frenará la desafección de los sectores más vulnerables”.

Isabel Serrano alerta además sobre la moda de la antipolítica. "Después de vivir unos tiempos en los que se pensaba que se podían asaltar los cielos y hacer política de forma diferente parece que ahora vuelve a estar de moda el hastío y decir que todo son iguales", razona antes de apuntar la necesidad de que la izquierda viva permanentemente sin tomar la iniciativa. "Si todos estamos más pendientes de si Macarena Olona se viste de militar en el Congreso para escribir un artículo, poner un tuit o discutir en el bar que de las medidas del escudo social que despliega el Gobierno, evidentemente éstas pasarán desapercibidas. La mayor parte de nuestro tiempo lo pasamos reaccionando a las provocaciones de la ultraderecha en vez de invertirlo en pensar nuevas conquistas y horizontes", defiende. 

El PP y Vox, de la mano

El aterrizaje de Alberto Núñez Feijóo en la política nacional y en el liderazgo del PP ha coincidido justo con la plasmación en Castilla y León de la alianza estratégica de los conservadores con la extrema derecha. Una fórmula que el político gallego pretende revestir con un tono político templado para proyectar una imagen de moderación. Así que una de las principales incógnitas de lo que queda de legislatura es saber cómo se las apañará Feijóo para compaginar ambas cosas. 

“Feijóo sólo hablará de economía. Sabe que es lo que le toca y que su experiencia de Gobierno puede ser el mejor freno para hacer pequeño a Vox”, explica Martínez-Vares, que opina que la llegada del aún presidente de la Xunta “ha cambiado el mapa de la derecha” y le otorga opciones reales de gobierno al PP: “La inflación y la cesta de la compra pueden hacer presidente a Feijóo”, pronostica. 

Respecto a Vox y sus posibilidades reales de gobierno en España, el CEO de Rebellius Words y asesor político sostiene que, a partir de ahora, “Abascal tiene que hacer en cinco meses el viaje que a Le Pen le ha costado 10 años. Vox tiene en su ADN la confrontación y la deshumanización del adversario y eso casa difícil con el traje de vicepresidente”, apunta. Gabriel Rufián parte del reconocimiento de una realidad, a su juicio, indiscutible: “Ayuso y Vox dominan e imponen la agenda, esto es así”, sostiene. Y se hace una pregunta: ¿Se puede cambiar? Sí, se puede. Pero necesitamos dos cosas: hacernos entender mejor y una profunda reflexión en torno a los medios de comunicación”, concluye. 

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