Feminismo

El movimiento feminista comienza a mirar hacia el 8M en un año marcado por la agitación de la extrema derecha

Manifestación del 8M del 2019.

A mes y medio para la huelga feminista que tendrá lugar el próximo 8 de marzo, la base social del feminismo trabaja por afrontar los muchos desafíos que tiene por delante. Por un lado, las feministas batallan por evitar la pérdida de interés tras años de éxitos sin paliativos. Por otro, tratan de encarar las resistencias que se hacen fuertes gracias a la extrema derecha.

Los actos no dejan de sucederse y la protesta no cesa. La actividad cotidiana de las distintas comisiones apenas ha echado el freno en el último año, aunque los encuentros estatales de otros años han dado paso ahora a asambleas de barrios y pueblos, donde el trabajo se ha intensificado. El mes de enero ha servido a las feministas para perfilar los preparativos para el 8M, con la particularidad de que este año la fecha coincide en domingo, de manera que la huelga laboral pierde peso y la estudiantil deja de tener sentido.

Las comisiones están trabajando por consensuar una posición al respecto. En Galicia, por ejemplo, se ha acordado renunciar a la huelga pero mantener la movilización. No obstante, algunos sindicatos –así lo ha confirmado, por el momento, CUT– darán cobertura legal para aquellas mujeres que sí quieran ausentarse de sus puestos de trabajo, según relata Paula Ríos, portavoz de la Plataforma Feminista Galega.

En Zaragoza tampoco habrá huelga laboral, aunque lo cierto es que el movimiento feminista "lleva tres años disputando a los sindicatos la legitimidad para decidir qué es y no una huelga", de manera que el concepto de huelga feminista seguirá marcando la agenda. Habla la activista Julia Cámara, miembro de la Comisión 8M de Zaragoza. Este año, ella y sus compañeras se centrarán en "denunciar la cantidad de mujeres que trabajan en domingo y festivos", como forma de "hablar de conflictos laborales incluso no habiendo huelga laboral".

Mantener el pulso

Tras años de éxitos acumulados, 2020 desliza el reto de seguir conservando la pulsión en las calles. Un desafío que las activistas afrontan con más trabajo conjunto y de base. En Galicia, los diferentes grupos se han organizado en torno a Galegas 8M, con el objetivo de mantener la coordinación de la que ya se dotaron el año pasado y plantear convocatorias para marchar de forma unitaria. Así lo explica Ríos al otro lado del teléfono. Al noroeste tienen algunas decisiones avanzadas. La primera, explica la activista, tiene que ver con convocar una "manifestación nacional el 1 de marzo en Verín". La localidad ourensana es de hecho un símbolo, después de meses de movilización ciudadana para evitar el cierre de su único paritorio. "Este año la idea es reforzar el trabajo en los ejes de cuidado y consumo, pero también dentro de la idea del abandono del rural", detalla Ríos. Verín representa las dos inquietudes.

En Madrid, el movimiento feminista prevé convertir febrero en un mes de reivindicaciones, que arrancarán el próximo sábado día 8 a través de una cadena humana que rodeará el centro de la ciudad. "El año pasado nos centramos en una semana de acciones y este año queremos alargarlo para mostrar de forma fiel los ejes de los que siempre hablamos". Toma la palabra Victoria García, miembro de la Comisión 8M de Madrid, y los ejes a los que alude son el laboral, estudiantil, el de cuidados y consumo.

La activista recuerda que, cuando todo se centra en una fecha concreta, "la potencia de la manifestación termina diluyendo algunos ejes". El propósito este año tiene que ver con "visibilizar todas las violencias" y mostrar a las mujeres "unidas y fuertes". El mensaje es claro: "Somos muchas, estamos aquí, unidas y fuertes", recalca García. A partir del día 8 de febrero, se sucederán varias semanas dedicadas a cada eje con el fin de "ir cada vez un poco más allá". También iniciarán el grueso de su actividad más visible en febrero las activistas zaragozanas, concretamente el sábado 15, mediante una jornada con cuatro mesas de debate relativas al ecofeminismo, las violencias machistas, los cuidados y la respuesta a la extrema derecha.

La Assemblea Feminista 8M de València celebra la continuidad del trabajo. "Llevamos todo el año reuniéndonos y llevando hacia adelante diferentes iniciativas, todas con el objetivo de fortalecer la lucha feminista desde sus distintos ejes y desde la proximidad", dicen fuentes de la organización a preguntas de infoLibre. Aseguran que su "actividad política feminista y anticapitalista es continua durante todo el año, no sólo durante una jornada en concreto", de manera que el 8M será esencialmente resultado del trabajo sembrado.

Las feministas valencianas no temen perder fuerza, ni internamente ni en cuanto al apoyo externo. "El feminismo ha demostrado tener una capacidad de movilización apabullante y seguimos trabajando para continuar luchando juntas", dicen. Se apoyan en lo que consideran un "movimiento fuerte y con incidencia en la sociedad", que "no depende exclusivamente de qué cifras de asistencia se consiguen en días concretos", sino de una "capacidad de respuesta ante los ataques del patriarcado y de continuar sumando apoyos".

Y aunque reconocen que "las intensidades van variando", confían en mantener el clamor en las calles. "Miramos con optimismo a los días claves que vienen y también al largo plazo", exclaman. Y con ellas coincide la activista gallega, quien dice tener claro que "ahora mismo ya se ha conseguido llegar a un amplio abanico de la sociedad" y las expectativas para este año siguen siendo altas. Además, incide, las demandas planteadas anteriormente "todavía no se han cumplido", por lo que el movimiento debe "recordar que está ahí" para reiterar la emergencia feminista.

Para Cámara, existen dos planos en cuanto al interés: el mediático y el social. "Para bien o para mal, la guerra cultural a la que nos está llevando la extrema derecha estará ahí", de manera que la atención por parte de los medios de comunicación se prevé intensa también este año. Respecto a la movilización social, la activista confía en que siga intacta. "Lo que hay es un cansancio lógico de las mujeres que llevan organizando la huelga desde hace tres años", reconoce, aunque no cree que se traduzca en una pérdida de fuerza por parte del movimiento. "Sí obligará a pensar formas efectivas de organización", reflexiona, para que los cuidados sean también una realidad en las propias estructuras internas.

Retos por delante

El papel clave del movimiento feminista se hace especialmente evidente en un año marcado por la agitación de la extrema derecha y su discurso de odio. "Lo tenemos presente y estamos debatiendo cómo enfrentarnos a ese discurso de odio misógino que anida en la derecha", afirma Ríos. La activista cree fundamental "no darle protagonismo" y tratar de encararlo mediante el refuerzo del discurso feminista y anticapitalista.

En València, la estrategia de las feministas se gesta "en las calles y en los barrios, apoyando a las agredidas y asesinadas por el patriarcado y combatiendo al fascismo desde la lucha feminista". En ese escenario, las activistas dicen trabajar diariamente por la "sensibilización y prevención contra las violencias machistas de diferentes maneras". Empezando por la "autoorganización en los barrios", pasando por las charlas divulgativas, pero tratando sobre todo de "llevar la acción política directa a las calles". Las activistas priorizan precisamente los barrios como oportunidad de "contacto más directo y de más calidad". De ahí brotan las ideas, dicen, el trabajo conjunto. Y la "diversidad de ambientes" se consolida como bastión del movimiento.

Cámara constata la existencia de una "derecha cada vez más radicalizada", pero recuerda que "el simple hecho del feminismo es una respuesta". La misma tesis es defendida por García, quien remacha que el movimiento feminista "siempre ha estado frente a la extrema derecha" porque "la manera de vivir" de las feministas "siempre ha estado en su punto de mira". La respuesta, dice, está en las propias lógicas del movimiento y en su propia forma de hacer política. "Nuestra mayor respuesta es seguir trabajando", zanja la feminista.

La activista zaragozana completa el análisis subrayando que la reacción ultra no es nueva: "Siempre que el movimiento feminista ha estado en un momento de ebullición, que ha conseguido un vuelco a la conciencia social, la reacción ha despertado". El motivo, para Cámara, es que se trata de "sectores que tienen mucho que perder". En todo caso, lo enmarca en una "lucha de demostración de poder" que la extrema derecha va perdiendo. "Ellos podrán hacer su performance parlamentaria, pero de nuevo el 8 de marzo las mayorías sociales saldrán a la calle", presagia decidida la activista.

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