La situación en el PP

Lo que opina Aguirre sobre Aznar, Rajoy y otros compañeros del PP

El mundo según Esperanza Aguirre

En 2008, cuando Mariano Rajoy no tenía nada claro su futuro al frente del PP tras perder las elecciones generales, Esperanza Aguirre hurgó en la herida con un discurso muy ideológico en el que señalaba que ella no se resignaba a que la izquierda ganase a los conservadores en el discurso ideológico. Ahora, ocho años después vuelve diciendo que, además de no resignarse, no se calla. Este martes, la expresidenta de los conservadores madrileños presentó su libro (Yo no me callo, Espasa), un volumen que, según su editora, no pueden perderse ni sus amigos ni sus adversarios. Porque muchos de ellos aparecen reflejados en sus páginas.

El índice onomástico del libro de la líder del Grupo Municipal Popular en el Ayuntamiento de Madrid tiene un total de 237 registros. A continuación, infoLibre repasa qué cuenta Aguirre sobre compañeros de partido como Mariano Rajoy, José María Aznar, Francisco Granados, María Dolores de Cospedal...

Mariano Rajoy

Junto a José María Aznar y José Luis Rodríguez Zapatero es a Mariano Rajoy a quien más menciones dedica Aguirre en su libro. A ojos de la lideresa, como ella llegó a definirse a sí misma, "es un conservador al que no le gustan los debates ideológicos". "Y yo soy una liberal, a la que sí le gustan esos debates".

Dibuja también Aguirre a su jefe de filas como un hombre que ha estado escondido buen parte de la X Legislatura. A su juicio fue "imperdonable" que, en sus últimos cuatro años en la oposición, el PP no hubiera denunciado hasta qué punto las cifras oficiales que iba dando el Gobierno de Zapatero eran falsas. Pero lo que vino después no fue mucho mejor.

"Si el mismo 23 de diciembre de 2011, nada más formar su primer Gobierno, Mariano Rajoy hubiera dado una rueda de prensa y hubiera explicado lo que había, si hubiera explicado didácticamente la gravedad de la situación, los ciudadanos lo habrían entendido todo, porque, entre otras cosas, los ciudadanos eran los que más estaban sufriendo las consecuencias de la crisis, y eran lo que habían votado a Rajoy, precisamente, para que les sacara de ella", escribe Aguirre.

Y va más allá al sostener que "ya que no lo hizo entonces, Mariano Rajoy podría haber comparecido con más frecuencia y con más contundencia, podría haber hecho constantes ruedas de prensa, podría haber buscado más ocasiones de comparecer ante los ciudadanos, podría haber visitado pueblos, fábricas, ciudades, universidades y todo tipo de foros, y explicado, con una pizarra, las medidas que estaba tomando como lo está haciendo ahora, mientras escribo esto (diciembre de 2015).

De 2008, además de quejarse del cambio en los estatutos del Partido Popular para que el presidente de la formación fuera también el candidato, asegura que "todos" se dedicaron a hacer "la pelota hasta la extenuación" a Rajoy. Ella nunca quiso presentarse. Pero señala que Ignacio González y Eduardo Zaplana la animaron. Y que Javier Arenas, José María Aznar y Francisco Álvarez-Cascos era partidario de que hubiera una sola candidatura, como ocurrió.

José María Aznar

Aguirre no da muchos detalles de su relación con el expresidente del Gobierno, del que lleva años distanciada. Las numerosas menciones que hace a su persona suelen ser para contextualizar situaciones concretas. Sí le menciona, no obstante, a la hora de sostener que "durante la campaña del 'No a la guerra' durante los años 2002 y 2003".

Aguirre señala que el 'No a la guerra' "era un grito dirigido contra el PP, a pesar de que en esa guerra de Irak no hubo ni un soldado español". "La verdad es la verdad, no así en la primera guerra de Irak, en la que España por decisión del Gobierno socialista de Felipe González, sí estuvo y con soldados de reemplazo (en 1991 el servicio militar era todavía obligatorio, lo hizo voluntario, precisamente, el primer Gobierno del PP). Cierto es que la actuación de Aznar en aquellos días pudo conducir –y, de hecho, condujo– a muchos españoles a creer que sí participábamos en aquella guerra". 

María Dolores de Cospedal

Aguirre cuenta que en el Congreso de Valencia, la secretaria general del PP, María Dolores de Cospedal, ofreció a uno de sus por entonces hombre fuertes, Alfredo Prada, "estar en el Comité Ejecutivo Nacional y, además, estar en el partido con sueldo, en el caso de que yo le sacara del Gobierno de Madrid". 

La expresidenta madrileña recuerda que Cospedal y Prada se conocían de la etapa en la que la número dos del PP era consejera en el Gobierno regional. "Esta propuesta [...] me la anunció Alfredo Prada nada más llegar a Valencia, el viernes del Congreso. Yo le dije: 'Me parece muy bien, Alfredo, vivimos en un país libre, puedes hacer lo que quieras, pero todo esto se va a interpretar como una traición a mi persona", relata.

"¡Qué tontería, será fenomenal, así estamos representados en la Nacional y así te puedo informar de todo lo que allí se diga y se haga!", sostiene que respondió el exconsejero. "Pero efectivamente, se interpretó como una traición a mí", concluye.

Después, recuerda Aguirre, "en enero de 2009, saltó la historia de aquellos espías que habían seguido a Prada y a Manolo Cobo [exvicealcalde de Madrid] en abril de 2008". "Hoy todavía sigo sin saber qué fue aquello, no sé lo que sucedió, pero si sucedió algo, desde luego, no pudo ser para espiar a Alfredo Prada, en aquella primavera de 2008 era el aguirrista más conspicuo de todos los aguirristas", considera.

Cristina Cifuentes

En el extremo opuesto a Aznar y Rajoy en lo que a menciones se refiere está Cristina Cifuentes, la presidenta de la Comunidad de Madrid y la persona que ha asumido las riendas de la gestora creada tras su marcha del partido.

En los últimos meses se ha desatado una batalla interna en el partido entre los fieles a Aguirre y quienes se apoyan en Cifuentes para abrir una nueva etapa en el PP madrileño.

En Yo no me callo, la líder de la oposición en el consistorio madrileño se mantiene el margen de estas tensiones. Sólo menciona a la mujer que ha heredado su despacho en la primera planta de Génova 13 cuando, en la página 132 recuerda que cuando dejó la presidencia del PP de Madrid tenía "la posibilidad de entrar en el Consejo Consultivo, del que son miembros natos todos los expresidentes de la Comunidad".

"Esta opción la deseché inmediatamente para evitar que alguien pudiera acusarme de haber creado ese organismo para aprovecharme directamente yo misma. Y el tiempo me ha dado la razón, porque casi lo primero que hizo Cristina Cifuentes al llegar a la Presidencia de la Comunidad fue anunciar la disolución de ese órgano que tiene unas competencias muy bien delimitadas por ley y que es necesario para la buena administración de la Comunidad, como el Consejo de Estado –que a nadie se le ocurre disolver– las tiene para la buena administración, precisamente, del Estado.

No obstante, Cifuentes no se queda libre de la crítica cuando Aguirre escribe que se la supresión del órgano consultivo se vendió como una forma de lucha contra la corrupción y el dispendio, "y nada más lejos de eso".

Francisco Granados

"Para desgracia y para vergüenza" suya, según puede leerse en su libro, Francisco Granados fue secretario general del PP de Madrid propuesto por ella entre los años 2004 y 2011 y consejero de su Gobierno.

Aguirre narra que en 2002, al poco de ser designada candidata del PP a la Presidencia regional, comenzó a estudiar los municipios del sur en los que el PP ganaba y se fijó que Valdemoro, desde 1999, tenía un regidor del PP. Era Francisco Granados, ahora en prisión en el marco de la Operación Púnica.

"Le pregunto por él a Pío García-Escudero, que entonces era presidente del PP de Madrid, y Pío me explica que está bien formado (ha hecho ICADE, me dice), que viene de una familia de campesinos, pegada a la tierra, que ha trabajado durante los veranos, desde adolescente en labores agrícolas, y que se ha ganado la vida como analista financiero y bursátil en empresas y bancos multinacionales. Con esos antecedentes tuve una entrevista muy cordial con él, y me cayó fenomenal".

Más avanzadas sus páginas, asegura que le escogió como secretario general del PP porque Nacho [Ignacio González] se lo sugiere.

Alberto Ruiz-Gallardón

Del exministro de Justicia y exalcalde de Madrid, la presidenta recopila varios episodios, como cuando Rajoy negó a ambos ir en las listas a las generales de 2008. Las rivalidades entre ambos no son ningún secreto. Pero de la lectura del libro se desprende que, en los últimos años, la relación ha podido mejorado algo.  

La expresidenta del PP de Madrid señala que en las autonómicas de 2011 pensó en no ser candidata. Señala que "cualquier candidato del PP podía ganar en Madrid". Y añade: "También era un momento muy bueno para mí. Las mismas encuestas me daban una intención de voto inimaginable [...] Gracias a la rapidez con que había reaccionado, había desaparecido el fantasma de Gürtel. Mis relaciones con Alberto Ruiz-Gallardón estaban en el momento más tranquilo de los últimos siete años. Era difícil soñar una situación más positiva para irme de la primera fila de la política en beauté.

"Siempre he sentido por Alberto un gran afecto, no sólo de amistad, sino que, además, como soy algo mayor, mis sentimientos hacia él han sido, aunque casi no me atrevo a confesarlo, como un poco maternales", puede leerse en otro de los capítulos. No obstante, señala, que están "en las antípodas ideológicas".

Pedro Arriola

Aguirre ve muy diferente al PP de ahora que al de 1996, cuando ganó José María Aznar. "Y es que, el Partido Popular, entonces, era el partido de la ilusión, de la renovación, de la esperanza, de la no resignación ante lo aparentemente inevitable. Por más que los socialistas se presentaran con un programa electoral de sólo un punto: el famoso dóberman, es decir, el intento de provocar el miedo al PP entre los ciudadanos".

Llegado este punto, admite que ella ha cometido un error similar al que atribuye a los socialistas. "En esto reconozco que también tengo que hacer autocrítica: yo misma, en la campaña de las Elecciones Municipales para el Ayuntamiento de Madrid, caí en la tentación de recurrir al miedo a Podemos, en lugar de explicar a los madrileños qué estaba yo dispuesta a hacer como alcaldesa para mejorar su calidad de vida, como ya lo hice en el Gobierno de la Comunidad de Madrid. Y, sobre todo, qué ideas y qué políticas lo hicieron posible".

De no saber entender lo que iba a suponer la irrupción de Podemos también acusa a Pedro Arriola, el sociólogo de cabecera de Rajoy. En la página 237 sostiene lo siguiente: "Y los muy inteligentes gurús del PP, singularmente Arriola, consideran que eso es muy bueno para el PP porque le va a quitar votos al PSOE. Sin darse cuenta de que lo que realmente estaban haciendo era engordar a la bicha, que es exactamente lo que ha ocurrido".

Tras las europeas, Arriola llamó "frikis" a los integrantes de la formación liderada por Pablo Iglesias.

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