Memoria histórica

Páginas blancas, redes sociales y bandos municipales: la laboriosa búsqueda de las familias perdidas de las víctimas del franquismo

Fotografías de desaparecidos y asesinados en la exhumación de la fosa común de Pico Reja, una de las mayores fosas del franquismo, ubicada en el cementerio de San Fernando (Sevilla).
  • Este artículo está disponible sólo para los socios y socias de infoLibre, que hacen posible nuestro proyecto. Si eres uno de ellos, gracias. Sabes que puedes regalar una suscripción haciendo click aquí. Si no lo eres y quieres comprometerte, este es el enlace. La información que recibes depende de ti.

–Hola, buenos días. Le llamo de la Asociación por la Recuperación e Investigación Contra el Olvido. Estamos tratando de localizar a los descendientes de una persona que se encuentra enterrada en una de las fosas en las que estamos trabajando y que, por lo que hemos visto, coincide en apellidos con usted. ¿No conocerá a David Miguelez Rus (nombre ficticio)?

–No, la verdad es que no le conozco. Lo siento.

Sólo Miguel Ángel Capapé, presidente de Arico, es consciente de todas las tardes que ha pasado pegado al teléfono buscando a los hijos o nietos perdidos de aquellos a los que el golpe de Estado y la posterior represión franquista hizo desaparecer varios metros bajo el suelo. Con la técnica más rudimentaria del mundo. Sólo armado de paciencia, una botella de agua y una lista de nombres y números que va tachando con un bolígrafo cada vez que las llamadas que realiza no arrojan los resultados esperados. A veces, el esfuerzo titánico merece la pena. Otras muchas, sin embargo, no surte el efecto deseado y se ve obligado a buscar otras vías alternativas para dar con el paradero de los descendientes. "Echamos mano de todo lo que tenemos a nuestro alcance", apunta la cara visible de la Asociación por la Recuperación e Investigación Contra el Olvido. 

Tras el golpe de Estado, la represión franquista no solo se cebó con aquellos sindicalistas, políticos o simples jornaleros a los que se asesinaba brutalmente. También lo hizo con sus familias, dejándolas profundamente marcadas y obligándolas, en no pocos casos, a abandonar los pueblos en los que habían echado raíces antes de aquel negro mes de julio de 1936. Algo que ha terminado convirtiendo en una odisea su localización más de ocho décadas después. Porque, recuerda Capapé, no todos los restos que se encuentran sepultados en una fosa común tienen siempre a toda una familia detrás reclamándolos. En muchos casos, las asociaciones tienen que enfrentarse a enterramientos que puede albergar a varias decenas de personas solo con el contacto de apenas tres, cuatro o cinco descendientes

Cuando eso sucede, los colectivos se ponen manos a la obra. La investigación parte, como cuenta Malena García, de la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica, de los datos que se tienen de las víctimas que supuestamente se encuentran allí enterradas. Si la fosa se localiza en un cementerio, los nombres los obtienen de los libros de enterramientos. "Por lo general, nos suelen facilitar el acceso sin ponernos ningún problema", cuenta la investigadora. Con esa referencia, empiezan a tirar del hilo. Primero, acceden a través del Registro Civil al certificado de defunción de esas personas. Y luego, buscan su expediente en los archivos militares, un proceso mucho más farragoso que García achaca a la "mala gestión" y que puede llegar a demorarse durante meses. Con toda esta información, tratan de averiguar si la víctima estaba casada, si tenía hijos y cuáles son los nombres.

A partir de ahí, cuenta la investigadora, recurren a los listados telefónicos. "Buscamos a gente con esos apellidos que figuren en las páginas blancas y nos ponemos en contacto con ellos a golpe frío de teléfono", explica. No son los únicos que se agarran a esta vía de búsqueda. También lo hace la Arico en suelo aragonés. "En nuestro caso, lo primero que hacemos es pedir a las familias que se han puesto en contacto con nosotros para que intervengamos en una determinada fosa que traten de localizar a los descendientes de otras de las víctimas, que en muchos casos pueden estar en el mismo pueblo o en la misma zona", empieza contando Capapé. Pero si eso no funciona, se vuelcan en los listados telefónicos con la información de la que disponen: "Un teléfono, una botella de agua y se llama uno por uno a todos los que pueden encajar".

La ayuda de los consistorios

Los colectivos, en muchos casos, también se apoyan en los ayuntamientos, a los que solicitan que emitan "un bando" con los nombres de los represaliados por si alguno de los vecinos tiene información que pueda ayudar a encontrar a los familiares perdidos. Es una de las técnicas que utilizaron el pasado mes de octubre para la fosa del cementerio de Guadalajara y que les permitió localizar a tres familias. "Con el ánimo de construir y sin querer ofender a nadie, solo se pretende ayudar", arrancaba el bando emitido por el consistorio de Alcocer, que incluía toda la información de cinco de los vecinos del municipio que fueron sepultados en dicho enterramiento: "Santos Horcajada Ybarra (31 años, casado y jornalero), Pascual Cañas Herraiz (27 años, casado y carpintero), Valentín Santiago Vivar (37 años, casado y jornalero), Antonio González Vivar (25 años), Víctor Salvador Heras (52 años)".

También el Grupo de Recuperación de la Memoria Histórica (GRMH), que trabaja fundamentalmente en la Comunitat Valenciana, hace especial hincapié en el papel que pueden jugar los consistorios en el proceso. "Antes, cuando había un dominio del PP en la zona, era complicado recibir su apoyo. Ahora, sin embargo, tenemos una autopista", celebra Matías Alonso, coordinador del colectivo. De hecho, el Ayuntamiento de Burjassot ya ha pedido a los ciudadanos, en colaboración con el GRMH, ayuda para localizar a los descendientes de siete asesinados del pueblo en mayo de 1943, cuyos cuerpos se encuentran en el cementerio de Paterna. Son los exmilitantes de la CNT Vicente Engasa Alonso, Joaquín Lázaro Pons y Juan Contreras Fuerte; el exmiembro de Esquerra Valenciana Conrado Zavala Gimeno; y los vecinos Julián Safont Mechó, Juan Martorell Fondestat y Juan Herrero Bañón.

Redes sociales, anuncios en prensa y cuñas en radio

Los colectivos memorialistas también se agarran a los medios de comunicación y las nuevas tecnologías en su proceso de búsqueda. Tanto es así que en alguna ocasión, reconoce Capapé, han llegado a publicar anuncios en prensa escrita e introducir cuñas en las radios. Lo hicieron en los primeros compases de 2011, cuando se preparaban para trabajar en el cementerio de Calatayud y en el Barranco de la Bartolina, un lugar de fusilamiento masivo de la comarca que podría albergar, según diferentes estudios, los restos de más de medio millar de personas. En la Cadena Ser, la asociación metió tres anuncios diarios a lo largo de una semana. Y uno en El Periódico de Aragón, el Heraldo de Aragón y el gratuito Qué. "No funcionó como nosotros esperábamos", se resigna el presidente de la Asociación por la Recuperación e Investigación Contra el Olvido.

¿Y las redes sociales? "Son útiles porque nos permiten llegar a toda España y todo el mundo", concede Alonso. De hecho, en su última intervención, la de la fosa de Manzanares (Ciudad Real), la ARMH recurrió a Twitter y Facebook para buscar a los familiares de casi una veintena de personas. Algo que también hicieron desde los colectivos de familiares. "Nos funcionó muy bien", señala Alfonsa Fontiveros, nieta de Alfonso Fontiveros, presidente de la CNT en el pueblo y cuyos restos yacen en el enterramiento en el que se lleva trabajando desde hace más de dos semanas. El problema de las redes sociales, reconoce García, es su "límite" a nivel generacional. "Los hijos de aquellas personas tienen hoy ochenta y tantos años", explica. Eso no quita, sin embargo, que el mensaje pueda terminar llegando a algún biznieto y, de ahí, al resto de familiares.

No obstante, dice la investigadora de la ARMH, la principal vía de llegada de familiares se encuentra en las labores in situ y en el clásico boca a boca de los pueblos. "Es ahí, en el momento en el que se corre la voz de que estamos trabajando, cuando empiezan a aparecer poco a poco", señala García. En Manzanares, por ejemplo, las labores en las fosas 1 y 4 del cementerio arrancaron con unas "ocho familias" frente a las casi treinta víctimas allí enterradas. Una cifra que, un par de semanas más tarde, se ha llegado a duplicar.

Yolanda Díaz ultima un decreto que permite retirar la medalla al mérito del trabajo a represores del franquismo

Yolanda Díaz ultima un decreto que permite retirar la medalla al mérito del trabajo a represores del franquismo

Más sobre este tema
stats