El Partido Popular empieza a mover su posición sobre la moción de censura. Por primera vez desde que Alberto Núñez Feijóo asumió el liderazgo de la oposición, fuentes de la dirección conservadora admiten que el partido podría llegar a registrar una moción contra Pedro Sánchez aunque no tuviera garantizados los apoyos necesarios para ganarla, si el llamado caso Zapatero escala en las próximas semanas. El giro no es menor. Hasta este mismo martes, Génova había rechazado de forma reiterada una iniciativa sin números porque, en palabras del propio Feijóo, solo serviría para "ratificar" al presidente del Gobierno.
Sin embargo, menos de 24 horas después, Feijóo aseguró en conversación informal con los periodistas que él va a “cumplir con su deber” y va a hacer “todo lo posible por un cambio de gobierno cuando crea que ha llegado el momento". Hasta la fecha, eso no pasaba por una moción “destinada al fracaso”, como han repetido machaconamente desde la dirección del partido. Ese fue el argumento tras el estallido del caso Cerdán el pasado verano, cuando Feijóo llamó a la calma dentro de su propio partido y rechazó precipitarse. "Yo no voy a darle un balón de oxígeno para que le ratifique como presidente del Gobierno. No voy a ser cómplice como sus socios. Yo no soy socio de Pedro Sánchez, soy la única alternativa", dijo entonces. La dirección del PP insistía en que no existía una mayoría parlamentaria.
Ahora, el PP cree que se ha producido un punto de inflexión en la legislatura y que la situación del Ejecutivo es insostenible, pero que esto “solo acaba de empezar”. “Queda el hermano [de Pedro Sánchez], Begoña [Gómez], la sentencia de [José Luis] Ábalos, [Santos] Cerdán… Esto no se despeja en 48 horas, y si escala no descartamos presentarla sin apoyos", sostienen fuentes del equipo del líder del PP. Es lo que lleva pidiendo un sector del partido, encabezado públicamente por la portavoz adjunta Cayetana Álvarez de Toledo, y lo que les exige Vox en cada ocasión.
La hipótesis que ahora baraja Génova es que la acumulación de frentes judiciales termine generando un clima político en el que la moción, aunque no salga adelante, pueda servir para obligar a todos los grupos a retratarse y situar a Sánchez en el centro de un debate parlamentario monográfico sobre corrupción. El PP cree que la imputación del expresidente socialista afecta a una figura con mucho peso en el PSOE, un “faro moral”, como lo definen en privado, y a uno de los referentes que Sánchez había recuperado como apoyo político en momentos clave como las campañas electorales. La dirección conservadora no quiere precipitarse, pero el mensaje ya no es el mismo y, por primera vez, admite que si el caso Zapatero escala, pueden estar dispuestos a asumir ese riesgo.
El PP busca la abstención de la izquierda
El giro llega después de la imputación del expresidente socialista en la causa de Plus Ultra. El juez de la Audiencia Nacional, José Luis Calama, ha citado al exlíder socialista como investigado el próximo 2 de junio y le atribuye el cobro supuestamente irregular de 1,95 millones de euros entre 2020 y 2025. En el auto, el magistrado sitúa a Zapatero como "núcleo decisor y estratégico" de una supuesta estructura de tráfico de influencias vinculada, entre otros asuntos, al rescate público de 53 millones de euros a Plus Ultra. El expresidente socialista, no obstante, negó cualquier irregularidad y defiende que los pagos respondían a trabajos de consultoría.
El caso ha dado munición al PP en una legislatura ya marcada por la sucesión de causas judiciales que afectan al entorno político y familiar de Sánchez. En la sesión de control al Gobierno, el líder de la oposición aseguró que "España está gobernada por corruptos” y que él se iba a encargar “de cambiar todo esto". En las últimas semanas Feijóo había dejado a un lado la corrupción en estos intercambios para centrarse en defender propuestas con “marca PP”, dejando en tono más bronco a sus lugartenientes Miguel Tellado y Ester Muñoz.
El PP es consciente de que la aritmética sigue siendo la misma. Una moción de censura debe ser firmada por al menos 35 diputados, incluir un candidato alternativo y obtener mayoría absoluta en el Congreso. En la práctica, eso exige 176 votos. El PP y Vox no suman lo suficiente y cualquier operación pasaría por Junts, PNV u otros socios de investidura de Sánchez. “Los socios tienen que mover ficha”, subrayó Feijóo este miércoles. No tiene previsto llamar ni contactar con ninguno de ellos, pero sí subirá la presión en público.
Hasta la fecha solo una de las seis mociones debatidas desde 1978 ha prosperado: la que llevó a Sánchez a La Moncloa en 2018. En dos semanas se cumplirán ocho años de ese momento, que coincidirá además con la declaración de Zapatero en el juzgado. Hay quien cree en el PP que es “justicia poética” y que todo lo que está ocurriendo servirá para desmovilizar a los progresistas de cara a las generales. Así, reflexionan, no se repetirá el escenario andaluz en que Moreno obtuvo más votos pero no logró la mayoría absoluta por el aumento de la participación y la irrupción de Adelante Andalucía.
Las otras veces en las que Feijóo amagó con una moción
Con todo, no es la primera vez que el líder del PP amaga con esa posibilidad. En junio de 2024, antes de las elecciones europeas, Feijóo abrió la puerta a utilizar "todas" las herramientas disponibles si una victoria rotunda del PP convertía la mayoría social contra Sánchez en una mayoría electoral. Preguntado expresamente por la moción, admitió que era una de esas herramientas, aunque condicionó cualquier paso a que existiera "el contexto adecuado" y a que pudiera ser "útil".
En enero de 2025 volvió a situar la pelota en el tejado de Junts. "Sobran razones para una moción de censura, pero faltan votos", afirmó en una entrevista. Entonces precisó que, si los de Carles Puigdemont querían elecciones y apoyaban una moción para convocarlas, el PP la presentaría "si" tenía "los apoyos suficientes para sacarla adelante".
También en abril de este año Feijóo aseguró que no tendría "ningún inconveniente" en pactar con Junts o con el PNV una moción instrumental contra Sánchez, pero volvió a subrayar que no la plantearía para gobernar con ellos, sino para convocar elecciones. En esa misma entrevista admitía, de nuevo, que no tenía los votos y que veía a ambos partidos "atenazados" por el PSOE.
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La ofensiva más visible llegó en julio de 2025, cuando Feijóo encargó a Miguel Tellado una ronda de contactos con los socios del Gobierno tras el ingreso en prisión de Santos Cerdán. Aquella operación terminó en lo que este periódico definió como una moción de censura "telefónica": el PP sondeó a los grupos, pero todos los aliados parlamentarios del Ejecutivo, salvo Coalición Canaria, rechazaron sentarse a hablar con los conservadores. Tellado acabó admitiendo que su objetivo no era tanto convencerlos como "ponerles frente al espejo".
El PNV interpretó aquel movimiento como una "estrategia de marketing" y Junts exigió a Feijóo que viajara a Waterloo para reunirse con Puigdemont, una condición que el PP rechazó. "Nosotros no vamos a hacer lo que otros hemos criticado. No somos el PSOE", respondió Tellado. ERC, BNG y Podemos también cerraron la puerta a cualquier moción impulsada por la derecha y la extrema derecha.
Ese bloqueo parlamentario no se ha levantado. De hecho, tras la imputación de Zapatero, ERC elevó el tono y pidió explicaciones, pero volvió a descartar una moción de censura. Su portavoz en Madrid, Gabriel Rufián, cambió de tono este miércoles y admitió estar "jodido" por lo que iba conociéndose del auto. Una sensación que comparten otras formaciones como IU, Compromís o Sumar, que asisten con impotencia a un escenario similar al del año pasado con Ábalos y Cerdán, pero que el caso de Zapatero creen que todavía es más grave por lo que representa para el espectro progresista.
El Partido Popular empieza a mover su posición sobre la moción de censura. Por primera vez desde que Alberto Núñez Feijóo asumió el liderazgo de la oposición, fuentes de la dirección conservadora admiten que el partido podría llegar a registrar una moción contra Pedro Sánchez aunque no tuviera garantizados los apoyos necesarios para ganarla, si el llamado caso Zapatero escala en las próximas semanas. El giro no es menor. Hasta este mismo martes, Génova había rechazado de forma reiterada una iniciativa sin números porque, en palabras del propio Feijóo, solo serviría para "ratificar" al presidente del Gobierno.