Sin plazas y con recortes: la educación privada gana terreno a la pública en el sur de Madrid

Recortes, falta de plazas y, ante todo, la promoción de lo privado. Son los tres hilos que la marea verde y la comunidad educativa pública llevan años denunciando en Madrid y que tuvieron su origen —al menos de forma más evidente— con la llegada de Esperanza Aguirre a la Presidencia de la Comunidad de Madrid. Ahora, con Isabel Díaz Ayuso al mando, la “libre elección” se abre paso ante una pública que ya no puede más. 

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Desde que Ayuso llegó al poder, el número de nuevos centros educativos públicos ha caído en picado. De los 43 que se construían en 2018 se pasó a 19 en 2021, según los datos de la Comunidad de Madrid. En 2025, la cifra cayó aún más, hasta los 14 nuevos centros. La privatización de la educación en la Comunidad de Madrid es una realidad conocida —y denunciada durante años— por alumnos, madres, padres y docentes. Pero hay un territorio donde esa tendencia se percibe con especial intensidad: el sur de Madrid, donde a la privatización de los servicios se suma la falta de atención de las instituciones.

De todas las zonas que recoge el portal de datos abiertos de la Comunidad de Madrid, la zona sur —entendida como la Dirección de Área Territorial Madrid-Sur, que incluye municipios como Alcorcón, Fuenlabrada, Getafe, Leganés, Móstoles, Parla, Pinto o Valdemoro— es, con la excepción del centro, el lugar donde se concentran más centros educativos privados. En concreto, cuenta ya con 470, a los que hay que añadir otros 78 privados concertados. Como comparación, en el norte de Madrid hay 175, mientras que el oeste y el este suman 278 y 221, respectivamente.

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¿Libre elección?

Los recortes también se reflejan en el cierre de aulas y en la falta de apertura de nuevas unidades. El curso 2025-2026 arrancó con 78 aulas menos en la escuela pública madrileña, según el informe de Comisiones Obreras (CCOO): 42 menos en Infantil y Primaria y 36 en Secundaria. Con una traducción en el personal docente: más de 215 profesionales menos. Y, según el sindicato, el sur de Madrid es la zona más golpeada por estos recortes.

En concreto, CCOO denuncia un especial ensañamiento con ciudades como Fuenlabrada o Alcorcón, que pierden 21 y alrededor de 11 aulas, respectivamente. En ambas viven ahora 39.552 y 29.419 personas en edad de escolarización, según datos del Instituto Nacional de Estadística (INE). Las cuentas no salen.

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“Hay una falta generalizada de plazas públicas. En la zona sur también porque son municipios que han crecido muy rápido y que se han desarrollado recientemente”, destaca Andrés Maroto, secretario de Enseñanza e Intervención Social de CNT Madrid. Esto ocurre, explica el también profesor de secundaria en Orcasitas, porque las administraciones no son capaces de desarrollar servicios públicos a la misma velocidad que se construyen viviendas privadas en estas zonas. 

“Cuesta mucho encontrar un centro público simplemente porque la Administración no lo ha construido. Las familias obreras no necesariamente eligen la privada por convicción, sino porque es la opción que tienen más cerca o porque esos centros están menos masificados. En definitiva, porque en la pública no hay plazas”, recalca Maroto. 

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La educación infantil, en el punto de mira

Tras siete años de Ayuso al frente de la Comunidad de Madrid, y con un precedente claro en las políticas educativas de los gobiernos anteriores del PP, las consecuencias del modelo regional se reflejan ahora en las protestas de la educación infantil. Las profesoras denuncian bajos salarios, falta de estabilidad, ratios elevadas y una privatización que acaba deteriorando el sistema público. La consecuencia es evidente: educación inestable, trabajadoras agotadas y recursos que no llegan. 

Estos recortes, según denuncia CCOO en su informe, tienen una intención clara: empujar a alumnos más pequeños hacia la educación privada o concertada. No por elección, sino por falta de alternativas. De esta forma, las escuelas infantiles quedan en el punto de mira de la privatización. Es más sencillo comenzar desde ahí: cuando un alumno inicia su escolarización en un centro privado, resulta mucho más difícil que después pase a la pública. 

“Cuando comienzan en la privada en las primeras etapas, después tienen más fácil continuar en esos mismos centros o en otros de la misma red al pasar a Primaria, por el sistema de puntos y por el arraigo familiar. De esta forma, se puede crear una segregación entre los alumnos de la privada, la concertada y la pública”, asegura Rafael Feito Alonso, profesor titular de Sociología en la Universidad Complutense de Madrid. 

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“Al permitir que la privada abra todas las líneas que quiera mientras se cierran o no se crean líneas públicas, se genera una falsa sensación de eficacia de lo privado frente a una pública intencionadamente saturada”, añade Aída San Millán, secretaria general de la Federación de Educación de CCOO de Madrid. Así, el desprestigio de la pública, unido a una falta de plazas, provoca que esa identidad tan característica de la zona sur pueda tambalearse ante las ideas y las formas que se transmiten en la privada. 

De la identidad obrera a la aspiración de clase media

Para muchos vecinos del sur, ser de esta zona es mucho más que un código postal. Históricamente, ha sido un territorio marcado por la lucha sindical desde que, durante el franquismo, la industria se trasladó a las afueras de la gran ciudad. Fue entonces cuando comenzaron las reivindicaciones por unas mejores condiciones de vida ante una Administración central que no miraba hacia ellos. Con el triunfo de la izquierda, cuenta una de las crónicas del momento de El País, se confirmaba esa identidad, ese orgullo de clase. 

Esa identidad, sin embargo, parece estar diluyéndose. “El modelo urbanístico de los últimos años, lo que se ha llamado el Madrid de las piscinas —una forma de urbanismo basado en urbanizaciones privadas, con zonas comunes y prácticamente sin contactos con los vecinos—, busca individualizar a la clase trabajadora. Si obligas a una familia obrera a recurrir a la privada para asegurar una plaza o un grado de FP, estás rompiendo el vínculo con lo público y fomentando una mentalidad de clase media aspiracional”, cuenta San Millán. 

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Para Andrés Maroto, lo que está sucediendo es un cambio social y político. “Cuando se habla del cinturón rojo, se recurre a una narrativa de los años 70 u 80. Pero en el contexto que tenemos ahora de precariedad, competencia laboral y descenso de las expectativas sociales, la privada y concertada emergen como una alternativa con mejor reputación, menos conflictividad y un entorno social un poco más homogéneo”, matiza. 

Y parece que, al menos en el sentido de voto, ese cambio está dando sus frutos. En los últimos años empieza a verse cómo aquel orgullo se difumina ante una nueva realidad: el sur se está derechizando. En las últimas elecciones autonómicas, ciudades como Móstoles, Alcalá de Henares, Leganés, Alcorcón, Getafe, Pinto o Valdemoro se tiñeron de azul. 

Con ello, comienza a perderse esa identificación y esa lucha tan característica de la zona sur, en favor del “si quieres puedes”. “La política de precios del suelo y la demora deliberada en la construcción de institutos públicos son herramientas políticas para favorecer un modelo de negocio privado y captar a una nueva generación para que deje de pertenecer a ese cinturón rojo”, zanja San Millán. 

Recortes, falta de plazas y, ante todo, la promoción de lo privado. Son los tres hilos que la marea verde y la comunidad educativa pública llevan años denunciando en Madrid y que tuvieron su origen —al menos de forma más evidente— con la llegada de Esperanza Aguirre a la Presidencia de la Comunidad de Madrid. Ahora, con Isabel Díaz Ayuso al mando, la “libre elección” se abre paso ante una pública que ya no puede más. 

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