moción de censura

Rajoy no dimite y pone al PP rumbo a la oposición

Mariano Rajoy abandona el hemiciclo a mediodía, al cual no volverá ya por la tarde.

El presidente del Gobierno ha hecho de la resistencia su estilo de vida en la política. Una cualidad que llegó a alabarle la canciller alemana Angela Merkel: "Tienes la piel de elefante", le dijo en noviembre de 2016 cuando llevaba diez meses de Gobierno en funciones. Este jueves, Mariano Rajoy, llegó al Congreso de los DiputadosCongreso de los Diputados, donde se debatía la moción de censura registrada contra él por Pedro Sánchez con esa misma piel de elefante. Las horas iban pasando. Y cuantas más veces le pedía Pedro Sánchez que dimitiese, más insistía Rajoy, muy incómodo, en el argumento de que no veía motivo para dar tal paso. Llegó a decir que en democracia "un dirigente político se va cuando lo dicen los electores o la Cámara". Puede concluirse, pues, que la muerte política de Rajoy ha llegado tras una sobredosis de resistencia.

Si no hay sorpresas de última hora –cosa que desde la Moncloa y Génova descartan rotundamente– este viernes el líder del PP entrará al Congreso como presidente y saldrá como líder de la oposición.

En el Partido Popular siempre presumen de ser un partido de disciplinados militantes en el que el pegamento que les mantiene unidos se llama Mariano Rajoy. Pero en los últimos días, y sobre todo en las últimas horas, sectores conservadores abogaban por una solución de urgencia que les permitiese conservar el Gobierno. Una especie de Operación Cifuentes: la cabeza del presidente a cambio de seguir gobernando. Este debate indignó a la dirección nacional y al círculo más próximo de colaboradores de Rajoy en el Ejecutivo hasta el punto de atribuirlo a una "intoxicación" de los socialistas o de los partidos nacionalistas que auparán a Pedro Sánchez a la Moncloa. "¿Pero qué trampa es esa? No somos unos principiantes", se quejaban desde la dirección del partido.

"No es un partido corrupto"

Cuando estalló el caso Gürtel hace más de nueve años, Rajoy se rodeó de la plana mayor del PP en la sala de prensa de la sede nacional para entonar solemnemente que todo era una "trama contra el PP", no del PP. Este jueves, con todo lo que ha llovido, con la condena –"no firme", insisten en el partido– por haberse beneficiado de los tejemanejes de una trama corrupta, con las dudas que el tribunal ha exhibido sobre la "credibilidad" del testimonio del presidente del Gobierno en sede judicial, Rajoy entonó que "el PP no es un partido corrupto". Insistió en que no dimitía y se subió en su coche... para no volver por la tarde, cuando ya había recibido la llamada del PNV diciéndole que hasta aquí había llegado su relación.

Con el escaño de Rajoy vacío –u ocupado por el bolso de la vicepresidenta– los rumores de dimisión regresaron a la Cámara. Que si había ido a ver al rey para firmar su marcha. Que si negociaba con Andoni Ortuzar, líder de los nacionalistas, una forma de frenar a Sánchez si él se marchaba. Que si se había ido a la Moncloa para tomar una decisión junto a su familia...

Estos rumores duraron poco más de una hora. Desde el Gobierno y desde la cúpula del PP se esforzaron en adelantar que Rajoy no iba de farol cuando, por la mañana, había dicho a Pedro que no dimitía. "Ni es su estilo ni sería responsable", defendían. 

¿Por qué? Porque "no ha hecho nada malo", sino todo lo contrario. Una reedición del "no es una trama del PP" de 2009 con altas dosis de reivindicación de su gestión en el Gobierno y del discurso de la recuperación económica. "Lo único que ha hecho ha sido sacar a España de la ruina", defendían.

Para quienes pudiese parecer egoísta este empeño de Rajoy en no dimitir a cambio de salvar el Gobierno, al menos durante un tiempo, el argumentario conservador también tiene una respuesta: la moción apunta a Rajoy, pero en realidad va contra todo el PP. En definitiva, que la situación que está atravesando Rajoy estos días es un aperitivo de lo que les puede pasar a quienes ocupen su silla. Porque no dan los números en el Congreso. Porque el escenario es endiablado. Y porque si Pedro Sánchez ha cosechado 180 votos en una moción de censura no hay nada que les permita concluir que no los vaya a cosechar en una investidura, donde por cierto, en segunda votación, basta con mayoría simple.

A ojos de los conservadores, a España no le conviene ahora ni por imagen exterior, ni por la situación en Cataluña, ni por riesgo para la situación económica meterse en una ronda de consultas de los partidos con el rey para proponer un candidato a presidente y, en última instancia, unas elecciones si fracasan las investiduras.

El PP sabe que ahora, sin Gobierno, toca una reestructuración del Grupo Parlamentario, e incluso hacer encajes en el partido que darán a Rajoy más de un dolor de cabeza. "Ya sabe: nada une más que el poder", define la situación con ironía un diputado conservador.

Un debate a esquivar

¿Qué papel tendrá Rajoy en el Grupo Parlamentario? ¿Seguirá de líder de la oposición o dará los pasos para hacer una sucesión ordenada en el PP? Son preguntas que tendrá que ir respondiendo el partido en los próximos meses.

A día de hoy, en la dirección del partido destacan que hablar de eso "no toca". "Día a día. Paso a paso", llaman a la calma apuntando a que la prioridad es preparar al PP para las próximas citas electorales programadas, las municipales, autonómicas y europeas de mayo. Paralela a esta tarea pendiente está otra que no es menor: cómo hacer frente a Ciudadanos.

Los más críticos con Rajoy en el PP llevan años lamentando, en privado, que el presidente, estando en Moncloa, había descuidado el partido. Algo grave. "Porque el partido es lo queda cuando se pierde el Gobierno". Los conservadores tienen ahora demasiados frentes abiertos.

Dentro de esa reconstrucción que el PP tiene que estudiar del grupo parlamentario debe abrirse otro debate: el del tipo de oposición que quieren hacer. Las hemerotecas están plagadas de críticas de Rajoy a los socialistas por irresponsables y oportunistas. Y a nadie se le escapa que el PSOE, por si solo, es mucho más débil parlamentariamente que el PP.

"Ya se irá retratando", dicen sobre Pedro Sánchez. Y ponen el foco en las decisiones que tendrá que ir tomando para reconducir la situación en Cataluña. Es muy posible que el 155 se levante el sábado, el mismo día que el líder del PSOE podría tomar posesión.

La "dialéctica territorial" de Sánchez

De momento, el Ejecutivo que está a punto de dejar de serlo tiene dudas de cómo va a manejar Sánchez el control de las cuentas a través del Fondo de Liquidez Autonómica (FLA) y sobre cómo va a manejar el debate sobre la intención de los soberanistas de montar estructuras de Estado en Cataluña. Además de cómo va a concretar sus iniciativas de modificar el delito de rebelión en el Código Penal y la relacionada con la obligación de que los altos cargos acaten la Constitución al tomar posesión.

"Nos preocupa que Sánchez haya hablado de dialéctica territorial", subrayan.

En cambio, no prometen batalla en el Senado a cuenta de los Presupuestos. El PP tiene mayoría absoluta en la Cámara Alta pero, "por responsabilidad", no tienen en mente enmendarlos para cambiar su esencia y castigar así al PNV. "Somos un partido serio", destacan.

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