Mensaje de Navidad del rey

El rey calla sobre el 'caso Urdangarin' y pide a los nacionalistas que respeten “las reglas del juego”

El rey, en su discurso de Navidad de este año, en el palacio de la Zarzuela.

El juez José Castro está cerca de culminar la instrucción del caso Urdangarincaso Urdangarin y decidir si imputa (otra vez) a la infanta Cristina. Pero el escándalo, el mayor al que ha tenido que hacer frente la monarquía en la reciente historia democrática, y que ha acabado por hundirla ante la opinión pública, no ocupó una línea del discurso de Navidad del rey de este 2013. Ni siquiera un expreso reconocimiento de que la Justicia "es igual para todos", como hizo en 2011, cuando su yerno estaba a punto de ser imputado. Esta vez, el monarca se limitó a asumir en primera persona "las exigencias de ejemplaridad y transparencia que hoy reclama la sociedad", sin mentar ni al duque de Palma, ni a su hija menor, ni al caso Nóos.

Su discurso de Nochebuena se centró en Cataluña, en la consulta, en el reto soberanista –a los que tampoco citó de modo explícito–, cuando hizo hincapié en que los españoles, "juntos", deber seguir "construyendo" su futuro y en que han de respetarse "las reglas de juego democráticas". Juan Carlos urgió a las fuerzas políticas a que "superen sus diferencias" para llegar a acuerdos y que hagan posibles "las reformas necesarias". Una cierta salida que también dejó implícita cuando avaló la "actualización de los acuerdos de convivencia".  

Además, el jefe del Estado, que el 5 de enero cumplirá 76 años, aseguró que no piensa en modo alguno en abdicar, porque expresó su "determinación" de seguir cumpliendo su "mandato y las competencias" que le "atribuye el orden constitucional". Es una idea que lleva trasladando desde hace meses, pese al torrente de especulaciones reiteradas por su delicado estado de salud.

El monarca condensó sus mensajes en una grabación televisada de 12 minutos [consulta aquí el PDF]. Al contrario que en 2012, cuando apareció apoyado en la mesa de su despacho, este año volvió a dirigirse a los españoles en el salón de audiencias y sentado, pues aún está convaleciente de su quinta operación de cadera. Se le pudo ver con corbata roja, a juego con las flores de Pascua, y detrás de un escritorio y, sobre él, los folios de su intervención y el ejemplar de la Constitución de viejas tapas rojas que usa cotidianamente.

01. unA PROMESA genérica DE TRANSPARENCIA

2013, quizá el año más difícil para la Corona desde 1975, comenzó con la segunda citación de Iñaki Urdangarin ante el juez Castro, un año después de haber descendido la rampa de los juzgados de Palma. Pero el vuelco más importante llegó el 3 de abril, cuando el magistrado imputó a la infanta y la llamó a declarar. La Casa del Rey acusó el golpe y, contrariamente a la actitud que había manifestado hasta entonces, de respeto a las resoluciones judiciales, expresó su "sorpresa" por el cambio de criterio del juez y la "absoluta conformidad" con la decisión del fiscal Pedro Horrach de recurrir el auto. Al final, la Audiencia Provincial dejó sin efecto la implicación de la hija menor de Juan Carlos, pero apuntó nuevas líneas de investigación, con el fin de que se averiguase si pudo cometer delito fiscal y de blanqueo desde Aizoon, de la que es propietaria al 50% junto a su esposo. Seis meses después, el fiscal ya ha vuelto a rechazar la implicación de Cristina, pero el juez aún debe pronunciarse. 

El rey, en su discurso más personal de todo el año  –se elabora en la Zarzuela y luego se remite al presidente del Gobierno y al líder de la oposición para que estén "informados"–, optó por esquivar el asunto. Lo reemplazó por dos invocaciones genéricas a la "ejemplaridad" y al "comportamiento ético" que deben demostrar los cargos públicos en unos tiempos en los que la desafección cunde entre la ciudadanía, como reflejan pertinazmente las encuestas. "Es indiscutible que la crisis económica que sufre España ha provocado desaliento en los ciudadanos, y que la dificultad para alcanzar soluciones rápidas, así como los casos de falta de ejemplaridad en la vida pública, han afectado el prestigio de la política y de las instituciones. Sé que la sociedad española reclama hoy un profundo cambio de actitud y un compromiso ético en todos los ámbitos de la vida política, económica y social que satisfaga las exigencias imprescindibles en una democracia", destacó en un primer pasaje de su mensaje. 

Con esa alusión a los "casos de falta de ejemplaridad en la vida pública", contrapuestos al "ejemplo de responsabilidad y civismo" de los ciudadanos, según fuentes de la Casa del Rey, Juan Carlos estaba condenando "todos" los casos de corrupción que han estallado en España en los últimos tiempos, "incluido NóosNóos", cuya larga instrucción ya había sido definida por la Zarzuela, el pasado verano, como "martirio". 

Esa reflexión sobre el necesario cambio de actitud emergió de nuevo al final de su alocución. Entonces, el monarca recogió el guante en primera persona. "Quiero transmitiros, como rey de España [...], la seguridad de que asumo las exigencias de ejemplaridad y transparencia que hoy reclama la sociedad". Sin embargo, la Jefatura del Estado ha avanzado muy lentamente por ese camino, a golpe de escándalo y a remolque de las peticiones de fuerzas políticas y de los ciudadanos. Sólo cuando se vio acorralada por el caso Nóos, en 2011, decidió dar a conocer el desglose de la partida que le asignan año a año los Presupuestos Generales del Estado. Entonces se pudo conocer el sueldo de Juan Carlos, 292.752 euros brutos –nómina que se mantiene–, pero no su patrimonio personal, ni la dotación exacta que entregó a la reina, la princesa de Asturias y las infantas, ni los gastos de otros ministerios en la Casa del Rey. Tampoco se pudo conocer si el monarca pagó todos los impuestos pertinentes una vez que repatrió el dinero de la herencia de su padre, el conde de Barcelona. El Gobierno del PP, justo después de la imputación de Cristina y tras haberlo negociado con la Zarzuela, incorporó a la Jefatura del Estado en la Ley de Transparencia, recientemente aprobada. 

No hubo rastro en el discurso de este año, pues, a que "la Justicia es igual para todos", la frase lapidaria que dejó en 2011. Urdangarin acabó siendo imputado días después. Igual que ahora podría suceder con la infanta. En los siete meses que ha durado la investigación de las cuentas de Cristina ha pesado la percepción de que ha sido favorecida por su condición de hija de rey, de que la Justicia podría no ser igual para todos, y no han faltado las críticas a la Fiscalía por haberse situado de su lado y contra el juez Castro, al bloquear que declarase como imputada.

02. LA APELACIÓN AL "DIÁLOGO"

"Es verdad que hay voces en nuestra sociedad que quieren una actualización de los acuerdos de convivencia". El monarca introdujo así el eje más relevante de su mensaje: Cataluña y la "regeneración" de la democracia. De nuevo, sin citar expresamente el reto soberanista ni la consulta programada para 2014, sin mencionar a ningún dirigente ni fuerza política, sin hablar de secesión o de independencia, sin utilizar el lenguaje grueso que empleó en su primera carta personal que escribió para la nueva web de la institución, poco después de la Diada de 2012, cuando advertía a los nacionalistas de que no podían "perseguir quimeras". El rey apeló a la unidad del país, a que los españoles sigan construyendo "juntos" su futuro, a que se respeten las "reglas de juego" y a que se acometan las "reformas" oportunas. 

La referencia a la "actualización de los acuerdos de convivencia", a la satisfacción de las demandas de la sociedad, han de solventarse, dijo, con "realismo, con esfuerzo y con un funcionamiento correcto del Estado de derecho y con la generosidad de las fuerzas políticas y sociales representativas". Realismo para que prime el "comportamiento ético" de ciudadanos y, especialmente, de dirigentes; esfuerzo para que la economía remonte y funcionamiento del Estado de derecho –aquí el eslabón importante para la cuestión catalana– para que la "ejemplaridad presida las instituciones, para que se cumplan y hagan cumplir la Constitución y las leyes, y para que las diferencias y las controversias se resuelvan con arreglo a las reglas de juego democráticas aprobadas por todos". "El respeto de esas reglas es la garantía de nuestra conviviencia y la fortaleza de nuestra democracia –incidió–. Esta es una verdad incuestionable que debemos tener muy en cuenta". Una advertencia sutil a que los patrocinadores de la consulta –CiU, ERC, ICV-EUiA y la CUP– han de actuar dentro del marco constitucional y legislativo. 

Mensaje de Navidad del rey 2013

Eso sí, el monarca no validó el inmovilismo. Porque recetó "generosidad para saber ceder cuando es preciso, para comprender las razones del otro y para hacer del diálogo el método prioritario y más eficaz de solución de los problemas colectivos". En esa línea de proporcionar una vía de escape al ansia de cambios hay que entender el aval inicial a la "actualización de los acuerdos de convivencia". 

Juan Carlos reivindicó su trayectoria como jefe del Estado y su papel como árbitro: "Mi posición me ha permitido vivir las múltiples visicitudes por las que ha atravesado España, a la que he dedicado mi vida. He visto momentos malos y buenos y siempre hemos sabido los españoles salir juntos de los malos y construir juntos los buenos". Con esa "experiencia", se siente legitimado para afirmar que el sistema alumbrado con la Carta Magna de 1978 "ha proporcionado el periodo más dilatado de libertad, convivencia y prosperidad de toda nuestra historia y de reconocimiento efectivo de la diversidad". El rey pidió que se tenga este dato "bien presente", pues "a menudo se pretende" que se ignore o se olvide "cuando se proclama una supuesta decadencia de nuestra sociedad y de nuestras instituciones". 

Reivindicar el "logro histórico" de la Transición no es óbice, según Juan Carlos, para "mejorar en muchos aspectos la calidad de nuestra democracia". El monarca introdujo de este modo una referencia expresa, por primera vez, a la necesidad de "regeneración" democrática, aunque ya se hallaba "implícita" en el discuso del año pasado, como remarcaron fuentes de la Zarzuela. Ahora bien, la potestad de "modernización y regeneración", según Juan Carlos, no es "exclusiva" de partidos y dirigentes políticos, sino que también es responsabilidad de los agentes económicos y sociales y de la sociedad. 

A partir de ese punto, el rey desplegó los argumentos por los que los españoles, todos "juntos", han de "seguir construyendo" el futuro, igual que "juntos" resolvieron problemas "no más fáciles que los que hoy afrontamos". "Nos unen y nos deben seguir uniendo muchísimas cosas. Nos une el afán de asegurar un porvenir sólido, justo y lleno de oportunidades. Nos unen la intensidad de los afectos y lazos históricos, las culturas que compartimos, la convivencia de nuestras lenguas, la aceptación del diferente. Nos une la extraordinaria riqueza de un país diverso, de culturas y sensibilidades distintas. Nos une la solidaridad que siempre demostramos ante las grandes adversidades, ante las desigualdades sociales y territoriales, ante las necesidades de nuestros vecinos. Y nos une y nos debe seguir uniendo el sentido de comunidad que recientemente expresaba el príncipe de Asturias: España es una gran nación que vale la pena vivir y querer, y por la que merece la pena luchar". El monarca retomó así el hilo de anteriores alocuciones públicas –sin ir más lejos, la del 12 de octubre pasado, que leyó su hijo– y se apoyó en el heredero (un dato nada intrascendente) para subrayar que España "vale la pena" y es una "gran nación". Palabras que Felipe trasladó en la última ceremonia de los Premios Príncipe de Asturias. 

Ese "modelo de nación" es, precisamente, el que la Corona "promueve y alienta". La monarquía, señaló, "cree en un país libre, justo y unido dentro de su diversidad. Cree en esa España abierta en la que cabemos todos. Y cree que esa España es la que entre todos debemos seguir construyendo". 

Justo a continuación apremió a las fuerzas políticas a dialogar, a hablar. Les invitó a que, "sin renunciar a sus ideas, superen sus diferencias para llegar a acuerdos que a todos beneficien y que hagan posibles las reformas necesarias para afrontar un futuro marcado por la prosperidad, la justicia y la igualdad de oportunidades para todos". 

03. EL REY VE "INDICIOS DE RECUPERACIÓN"

El tercer gran bloque ocupó la introducción de su mensaje, y pivotó en torno a la crisis, al recuerdo de los que continúan "sufriendo los efectos" de una recesión "de una duración y magnitud desconocidas en la historia reciente de la Unión Europea". Juan Carlos pasó a mandar un "saludo especialmente afectuoso" a los parados, a los desahuciados, a los jóvenes, a los que han soportado "tan duros sacrificios con coraje". No se citan los términos recortes o ajustes. Saludó también a los que ponen "creatividad" y "talento" para superar las dificultades, los emprendedores, los autónomos, los inmigrantes, "los servidores públicos", los que están "trabajando fuera de España", los pensionistas que están siendo el "soporte de muchas economías familiares", la sociedad civil. 

El rey hizo un aparte con las víctimas del terrorismo, a quienes expresó su "apoyo" por estos "momentos especialmente difíciles", a causa de la sentencia de Estrasburgo que tumbó la doctrina Parot. Su recuerdo estuvo asimismo presente en la escenografía, pues la única fotografía que se podía ver junto al monarca en la Zarzuela era una imagen de la audiencia que mantuvo, el pasado 31 de octubre, con la presidenta de la Fundación de Víctimas del Terrorismo, Mari Mar Blanco, y los vicepresidentes de la organización Ángeles Pedraza y Tomás Caballero. 

El jefe del Estado reprodujo el discurso del Gobierno, al pedir que se redoblen los esfuerzos para que la economía "confirme los indicios de recuperación que se están empezando a ver y que tienen que ser todavía más sólidos". Precisamente para matizar ese optimismo, subrayó que la crisis no acabará hasta que no se reduzca el drama del desempleo: "No podemos aceptar como normal la angustia de los millones de españoles que no pueden trabajar. Para mí, la crisis empezará a resolverse cuando los parados tengan oportunidad de trabajar". 

04. LOS COMPROMISOS FINALES

En el pasaje final, el rey resumió los consejos para distintos colectivos y asumió dos compromisos, de "estimulación de la convivencia cívica" y el ya citado de transparencia. 

Tras urgir a los partidos a que superen sus "diferencias" y hagan "posibles las reformas necesarias", invitó a los líderes políticos a combatir "el conformismo, el desaliento y el victimismo". A la comunidad intelectual le reclamó ser "guía del nuevo mundo que está emergiendo en el orden geopolítico, económico, social y cultural". A las instituciones públicas, empresarios e inversores les apremió a que apuesten por la "investigación y la innovación, para mejorar la competitividad y contribuir así a la creación de empleo". Y a los ciudadanos les invitó a "recuperar la confianza" en sí mismos y en sus posibilidades. 

Por último, Juan Carlos prometió cumplir dos compromisos en su calidad de "rey de España". "En primer lugar, mi determinación de continuar estimulando la convivencia cívica, en el desempeño fiel del mandato y las competencias que me atribuye el orden constitucional, de acuerdo con los principios y valores que han impulsado nuestro progreso como sociedad", proclamó. Es decir, reivindicó su papel de impulso al diálogo y al consenso y advirtió, sobre todo, de que no tiene intención de abdicar. Su segunda autoexigencia, la "ejemplaridad" y "transparencia". 

No hubo referencias a su salud –ha pasado tres veces por quirófano en 2013 y aún se recupera de su segunda intervención en la cadera izquierda–, pero sí agradeció los "generosos testimonios de aliento" recibidos en este año. 

12 minutos y veinte segundos de mensaje, himno incluido. Unidad, llamamiento por primera vez a la "regeneración" democrática, apuesta por la "actualización" del marco de convivencia, apelación al consenso y un compromiso de transparencia y ejemplaridad (hasta ahora incumplido). La Casa del Rey acentuaba esos pilares del discurso de Nochebuena de 2013. Pero tal vez pase a la historia por una destacada ausencia, la del caso Urdangarin, precisamente cuando el futuro judicial de Cristina de Borbón pende de un hilo y su esposo podría verse procesado.

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